Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Lunes, 09 Abril 2012

"No hay que tenerle miedo a las alianzas, si uno sabe adónde va"

Hermes Binner ya no tiene la vivienda que había adquirido en esta ciudad mientras era gobernador de la provincia; volvió a residir en su casa de Rosario y reparte su tiempo entre Buenos Aires, otras ciudades del país y Santa Fe, porque también es asesor de Antonio Bonfatti.

En diálogo con El Litoral, admitió estar más tranquilo", pero también confesó que extraña lo que más le interesa: la gestión ejecutiva. "Uno añora siempre lo que más le gusta. Pero bueno, la democracia es así; hoy estamos en una actividad muy importante también que es la de fortalecer a nivel nacional el Frente Amplio Progresista", comentó.

—¿Cómo marcha esa consolidación?¿Sienten que pueden ser alternativa de gobierno?

—Es apresurado decirlo, pero toda organización política se une a fin de ser gobierno, y creo que ésta es una apreciación que va mucho más allá de un partido político. La realidad es compleja y necesita soluciones complejas; trabajar esa complejidad significa más tolerancia, más diálogo, más búsqueda de puntos de contacto, y tener siempre en cuenta ese elemento que es el programa.

—¿La presencia de otro santafesino como Mario Barletta conduciendo la UCR facilita un escenario de negociación para sumar esa fuerza?

—La experiencia que tenemos en Santa Fe es muy buena. Hace veinte años que venimos trabajando con los radicales en el marco del Frente, de manera que organizar una propuesta similar es de alguna manera un camino ya recorrido.

—Y con actores también conocidos...

—Por eso. Nosotros tenemos una etapa insoslayable que es la de posicionar el FAP. En ese sentido, todo lo que signifique cohesionar esa fuerza es bienvenido, y si hay que sumar otras fuerzas políticas, eso tiene que salir del consenso del Frente Amplio Progresista. Yo creo que sería una buena participación, y realmente deseable sumar (la UCR) a una propuesta nacional.

—¿Qué debería ofrecer el FAP como alternativa para ganar las elecciones?

—Primero respetar la Constitución; hoy la Constitución está bastante menguada. El simple hecho de pensar que hay un federalismo que está en la Constitución pero que en la práctica no funciona, sino que siempre hay que ir a Buenos Aires para demandar algunas acciones que deberían llegar por el simple hecho de vivir en un país federal, está hablando de una política de institucionalización del país que es imprescindible. Y no estamos hablando de pequeñas instituciones; estamos hablando de qué hace el Ejecutivo para respaldar la decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre el caso Badaro, o de devolverle a Santa Fe los 8 mil millones de pesos que ilegítima e ilegalmente la Nación le está reteniendo. Entonces, tenemos que conformar una propuesta donde se respete la Constitución y las leyes para después pedirle más respeto a las instituciones, pero si el aparato estatal no funciona en el libre diálogo interpoderes para abordar los problemas concretos de la gente, mal podemos exigirle al resto de la sociedad.

—¿Ése es el punto más débil de la gestión nacional: la falta de institucionalidad?

—El segundo es la inflación; ése es el impuesto más injusto que existe porque castiga a los que menos tienen; castiga a los sectores de ingresos fijos, a los jubilados, a los pensionados. Y la verdad que sumado a la falta de institucionalidad es un tema para nosotros muy serio. La institucionalidad tanto pública como privada. Caminar por un sendero que nos permita recuperar las instituciones con respeto a las mismas es un paso fundamental para construir una Argentina mejor.

—¿Lo preocupa la situación económica y el correlato que pueda tener en las provincias?

—Todas las provincias tienen ya una situación complicada, sin embargo, la economía no anda mal. Entonces el problema está en la falta de un Estado que logre mayor igualdad. Si hay algo que hace carecer de armonía una sociedad es la falta de igualdad; esa brecha que existe entre los que más tienen y los que menos tienen. Entonces, el que menos tiene es el que más impuestos paga y el que más tiene posee el problema de dónde invertir los excedentes. Todo esto complica la organización de una sociedad. Que hoy las grandes empresas no paguen Ingresos Brutos nos pone en una situación inequitativa, mientras que el IVA lo paga quien compra medio kilo de yerba. Esto se resuelve a partir de un Consejo Económico y Social que incorpore a todos los sectores a la misma mesa. Si el Estado se reúne con los gremialistas, después con los empresarios, después otra vez con los gremialistas, nunca nos pondremos de acuerdo. El Estado está en condiciones de convocar a todos para alcanzar un consenso. La desigualdad hace también que la situación se torne cada vez más ingobernable.

—¿Entonces hasta aquí tenemos el fracaso del Estado?

—Es que el problema de la Argentina no es económico, sino político. Si hubiera realmente un diálogo entre las instituciones y una búsqueda de la igualdad, sería un momento fundamental para disminuir la brecha social que existe. Como dice Bernardo Kliksberg, en la medida en la que no fomentemos la fortaleza de lo social, el desarrollo se vuelve meramente económico. Y en algún momento, el desarrollo social se cruza y frena, paraliza el desarrollo económico porque hay una demanda reprimida en la sociedad que se manifiesta con inseguridad, con ausencias que calan hondo en la falta de hermandad que debe tener un pueblo.

—Si fuese presidente, ¿cree que podría llevar adelante esto que describe?

—Nunca creímos que la realidad se pudiera cambiar con dos o tres personas que piensan igual y que esas dos personas puedan manejar cuarenta millones de habitantes. Las respuestas tienen que venir de las personas que más saben, pertenezcan a partidos políticos o a movimientos sociales, pero que se integren a partir de una propuesta del gobierno. Por eso, sustentamos la necesidad de que tengamos en el país un Plan Estratégico que piense al país en veinte años.

—¿Hoy ve a la presidenta aislada?

—Tenemos noticias nuevas todos los días y que sorprenden a la gente. Sobre Malvinas, el 2 de abril, la presidenta expresó un mensaje muy diferente al de dos o tres días antes. Entones, ¿cuál es el camino que se tiene que llevar adelante para recuperar Malvinas? Esto es lo que hay que discutir. Hong Kong acaba de resolver un gobierno compartido por los próximos cuarenta años; acá hablar de cuarenta años parece una eternidad, pero pasan, nos iremos nosotros y allí está el valor de las políticas de Estado.

—¿En la provincia, imaginó que a cuatro meses de gestión iban a tener que emitir letras del tesoro y subir los impuestos para poder pagar los aumentos de sueldos?

—Sí, claro; es lo que le pasa a todas las provincias argentinas. No hay ninguna provincia que esté hoy en superávit, y creo que ésta es una cuestión que está fundamentalmente vinculada con el gobierno nacional, que no le da a las provincias lo que necesitan. Hoy, hay un gran recaudador nacional que ilegal e ilegítimamente le está descontando a las provincias. Le doy dos cifras: a Santa Fe le deben 8 mil millones de pesos y el caso está en la Corte; he hablado individualmente con los jueces y están de acuerdo en que la Nación los debe, pero evidentemente hay presiones por lo cual no salió nunca siquiera la cautelar. La otra cuestión es la que tiene que ver con la coparticipación, porque por ley le corresponde a (la provincia) el 34,6 % del producto y hoy estamos entre el 26 y 28 % con lo cual es mucho dinero que se queda la Nación y lo pierden las provincias. Si como defensores del federalismo no levantamos nuestra voz, evidentemente estamos demostrando que nos parece todo bien. Por eso, es necesario que todos los legisladores de Santa Fe se expidan sobre la cuestión, porque están los números, los tratados, los acuerdos.

—La oposición hace otra lectura; dice que los problemas de Bonfatti son por la herencia que usted le dejó ¿no es así?

—Creo que no hay que llevarle el apunte a eso, porque la provincia ha tenido siempre ese efecto de que un año ha sido superavitario y otro con déficit, y eso se corrige en el año siguiente. En el presupuesto, uno supone que ingresará tanto dinero, que el dólar y la inflación estarán en tanto, y supone que el gasto va a ser tanto. Todo está en el aire.

—Pero más allá de esa alternancia que describe, el déficit se ha ido acumulado en estos últimos años, y en parte se atribuye al gasto político...

—Eso no es verdad. Además, la única provincia que tiene derecho a la información pública es Santa Fe. Si quiere ver las cuentas, pueden pedir que le muestren los libros.

—¿No hubo mala administración?

—Yo no puedo decir eso; lo dice la gente.

—¿Qué piensa cuando ve que los senadores del PJ, casi sin resistencia, están dispuestos a apoyar una reforma tributaria o aumento de impuestos?

—Es la presión de los municipios y comunas, que están todos ahogados. Creo que hay una situación de responsabilidad de entender que las cosas han aumentado. Cómo puede ser que durante tanto tiempo no aumenten los impuestos.

—A usted se lo objetaron mucho más ¿qué cambió?

—Creo que hay una presión de los municipios y comunas.

—También dicen que Bonfatti es mejor negociador que usted...

—Bueno, puede ser. Siempre se va a aprendiendo del anterior.

—Dicen que dialoga más...

—En buena hora; me parece que eso es positivo.

—¿Aprendió de la experiencia?

—Sí, claro que sí. Aprendimos. Además, son tiempos distintos. Cuando nosotros ingresamos, ingresamos a una administración donde el 99 por ciento de los empleados eran puestos por el gobierno justicialista. Y encontramos muchas limitaciones, como también mucha gente que contribuyó desde el primer día y se puso la camiseta. Pero no fue sencillo.

—¿Eso qué quiere decir, que después el socialismo necesitó poner sus propios empleados?

—No, no es así. Lo que quiero decir, es que después de un cuarto de siglo de gobierno del mismo color, prácticamente todos los empleados habían ingresado, y no precisamente por concurso, a la administración.

—¿Y eso dice usted que le complicó la gestión?

—Y, porque la gente estaba lógicamente agradecida al gobierno que le había dado trabajo. Entonces para nuestra administración no fue fácil acomodar la cosa: poner el colchón arriba de la cama, la silla alrededor de la mesa, en fin, todo esto llevó su tiempo. Creo que hoy estamos...

—¿Con el camino más allanado?

—Hoy hay obras en marcha. Tuvimos que posesionar los terrenos, no nos correspondían, no los teníamos, no podíamos edificar, no lo aprobaba el Tribunal de Cuentas. El Tribunal de Cuentas que no había hecho una observación en años, de golpe, teníamos cataratas de pedidos de informes y de problemas. Pero sorteamos todo; no nos quejamos.

—El proyecto de cambios impositivos que se prepara vuelve a dejar de lado el gravamen de Ingresos Brutos para la industria ¿No sigue siendo una deuda de la Justicia Tributaria?

—Creo que hay una gran incomprensión del sector industrial. El sector industrial debería acompañar con Ingresos Brutos, porque es la forma de hacer una organización social más adecuada; después se quejan por el tema de la inseguridad. Yo creo que la inseguridad tiene su base fundamental en la desigualdad. Si creemos que todo es ganancia y el resto de la sociedad no importa, nos equivocamos. Hay que buscar la forma de encontrar una media donde el que más gana, más pague. Son cosas que hay que corregirlas, y se corrigen con diálogo, con comprensión. A veces admiramos los países escandinavos o europeos que tienen una mayor presión impositiva, sin embargo, son los que tienen una mayor igualdad social, y son más vivibles. Hay una desigualdad flagrante entre el que tiene todo y quiere tener mucho más y no sabe cómo transformar sus excedentes en dólares, y muchos que hoy ya no tienen acceso a la vivienda.

—¿Sigue pensando que debería incluirse entonces este aspecto en la reforma?

—Mire, Juan B. Justo decía que no hay democracia sin impuestos. Esto es lo que tenemos que comprender como sociedad, si no tendremos un Estado debilitado, que no construye escuelas ni hospitales, ni puede pagarle a su policía. Esto es una demanda de una sociedad mejor, de lo contrario, es una sociedad donde la política es ponernos rejas, rejas y más rejas en nuestras casas. Y vivimos enrejados. No es ése el destino del hombre.

—Pero hasta aquí, parece que vuelve a primar la postura del sector empresarial...

—Es que nosotros no avanzamos con decretos de necesidad y urgencia; avanzamos con la ley, y para eso necesitamos del acuerdo de los empresarios que puedan aportar a una sociedad mejor. Entonces, cuando hablamos de desarrollo, hablamos de desarrollo económico y social...

—¿Sin ello el proyecto no es sólo un aumento de impuestos?

—La otra es pedirle la máquina de hacer billetes a Boudou y fabricar billetes aquí durante un par de días, y después devolverla...

—¿No le parece que además de a los empresarios, también tienen que pedirle comprensión a los legisladores del PJ?

—Es que se miden las cosas paritariamente y no políticamente. Políticamente nos conviene a todos tener impuestos justos. Pero hoy los hay injustos; cómo explicamos que una gran empresa no pague ingresos brutos y sí los pague la verdulería de la esquina. Estas son las cuestiones que hay que superar. Y no se superan oponiéndose a los que están en el gobierno, sino haciendo mejores propuestas.

—Como asesor de Bonfatti ¿que le recomendó en este sentido?

—El gobernador es Bonfatti y el que decide es él. Por supuesto charlamos y conversamos todas las semanas, pero el gobernador es él.

—¿Le molestó la cercanía del gobernador con la presidenta?

—Es lo que corresponde, porque el gobierno confunde todo, y eso es la esencia del populismo; confunden gobierno y partido, y nosotros lo diferenciamos. Entonces si uno pertenece a un partido, lo votó el 50 % pero es gobernador del ciento por ciento de la población. No puede decir que porque al partido no le conviene, entonces no va a ciertos lugares. Tenemos que ir a los lugares que nos cita la Nación, y pretendemos que se cumpla con el federalismo, cosa que no hace el gobierno nacional.

—Ud. dijo que en la relación con la oposición, Bonfatti aprendió de la experiencia. ¿Pasó lo mismo con la Nación teniendo en cuenta su vínculo más bien tenso con la presidenta?

—El momento de tensión lo tuvimos cerca del final cuando los dos éramos candidatos. Pero hay una diferencia muy grande entre ser gobierno y ser candidato.

—¿Cree que a Bonfatti le irá mejor con esta relación cercana para lograr, por ejemplo, que la Nación pague sus deudas?

—También nosotros tuvimos una relación cercana, y nos enviaron a la Corte Suprema; fue la corte la que no nos respondió (por la deuda con la provincia).

—¿No sería contraproducente, y que alguien entienda que es un gobernador cooptado por la presidenta?

- No. Mire, no hay que tenerle miedo a las alianzas si usted sabe adónde va. Entonces, si usted quiere un país con igualdad de oportunidades, con decencia en el manejo de la cosa pública, que identifique claramente la diferencia entre los tres poderes pero a la vez haya un diálogo para poder sacar la república adelante, si usted tiene en claro eso, no hay ningún problema.

—¿Cómo está con Giustiniani?

—Estamos mejor. Tuvimos un congreso el otro día que fue muy fructífero. Vamos bien.

—¿Será el próximo presidente del partido?

—Hay que preguntárselo a los congresales.

—¿Aceptaría si se lo proponen?

—Sí.

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