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Domingo, 07 Octubre 2012

Tropezones en primavera

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El gobierno de Cristina Fernández atraviesa un inicio de primavera a salto de mata, complicado y olvidable.

Desde los cacerolazos del 13 de septiembre —y por primera vez en mucho tiempo— la agenda de la realidad no fue impuesta por la Casa Rosada, pero la sensación es que el Poder Ejecutivo se ha esforzado en poner piedras en sus propios zapatos. En verdad, los episodios que se sucedieron desde el 13-S no fueron instalados por la oposición, sino por una catarata de declaraciones, olvidos y pasos en falso que vuelven a poner la pelota en el redil oficialista.

La permanencia en el tiempo de la protesta de gendarmes y prefectos no es una buena noticia para nadie. La memoria emotiva de la mayoría de la sociedad se subleva ante las imágenes de un conjunto importante de efectivos afuera de los cuarteles, con las cadenas de mando absolutamente rotas y en medio de una iconografía inédita para las fuerzas de seguridad.

El estallido de las protestas tomó por sorpresa al gobierno pese a que el malestar de gendarmes y prefectos viene desde lejos como consecuencia de una realidad económica difícil de sobrellevar para los integrantes de las fuerzas que, curiosamente, fueron elegidas como aliadas por la presidenta de la Nación a la hora llevar adelante las políticas de seguridad.

Rotas cadenas. Desde hace mucho tiempo, el kirchnerismo sacó de la escena a la Policía Federal (y ni hablar de las Fuerzas Armadas) y le dio un rol estructural a la Gendarmería, al punto de que se le permitió ingresar a prestar seguridad en forma permanente en áreas urbanas. Colaboró para la nueva misión una imagen institucional limpia de todo rastro de represión ilegal y de contacto con el Ejército. Hoy, el panorama interno en esa fuerza es anárquico: ex jefes insultados y agredidos por subalternos y la actual cúpula sin poder restablecer el orden.

La mala praxis del gobierno respecto a la cuestión debería hacer saltar por los aires a los tapones, que siempre son los ministros. ¿Sucederá esto con la ministra de Seguridad, Nilda Garré? La funcionaria viene siendo limada en sus atribuciones por su segundo, el teniente coronel Sergio Berni. Sin embargo, no es fácil de prever que Cristina se desprenda de Garré si aparece como un pedido de la opinión publicada.

Al margen del talón de gendarmes y prefectos, las malas noticias para el gobierno tuvieron una serie de disparadores previos, que se iniciaron con las desafortunadas declaraciones del jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina a la hora de interpretar el contenido cualitativo de los cacerolazos (a su criterio integrados por ciudadanos más prontos a Miami que a San Juan) y continuaron con las respuestas de Cristina a los alumnos de Harvard. Desde ese momento, la presidenta optó por el bajo perfil. Pero, se sabe, esa actitud nunca será para siempre.

La confusa situación que aparece por estas horas vinculada al testigo de la causa Ferreyra, Alfonso Severo, cuyo paradero mantuvo en vilo a la política, hizo aparecer de la manera menos pensada lo que hoy por hoy es el desvelo del gobierno, traducido en número y letra: 7-D. El ministro de Justicia, Julio Alak, vinculó la desaparición de Severo con la aplicación de la ley de medios, algo que fue desmentido por el propio protagonista.

Cualquier episodio que complica al gobierno es atribuido a la guerra de guerrillas con el Grupo Clarín, una situación novedosa en la política argentina si se tiene en cuenta que en ocasiones parecidos —pero en otras décadas— desde el poder se acusaba "a las máquinas de impedir" instaladas en la oposición.

Tomar impulso. Si se analiza al kirchnerismo desde sus recuperaciones, salta a la vista que el 7-D es la próxima toma de la Bastilla para recrear el relato. De lograrse la desinversión del grupo mediático más importante del país, el kirchnerismo habrá logrado superar el mojón que se trazó allá lejos y hace tiempo.

El vértigo de las últimas semanas saco momentáneamente de escena al tigre de papel que la oposición encontró con el potencial intento de reforma constitucional. Los antikirchneristas saben que en los comicios de 2013 se juega mucho más que el futuro inmediato de la política. Una victoria amplia del oficialismo dejará la posibilidad de la reforma a pedir de boca de Cristina, quien mostró en Harvard lo que será una carta de su estrategia.

La presidenta remitió al antecedente más inmediato en materia de reforma constitucional, recordó el Pacto de Olivos entre radicales y peronistas, y dejó abierta la posibilidad de que algún partido de la oposición se avenga a repetir la experiencia. Si tras las elecciones de 2013 el kirchnerismo queda lejos de los dos tercios de los miembros de las Cámaras para imponer la reforma la cuestión quedará en el olvido y el tema de la sucesión hará implosión en el peronismo. En cambio, si los números le sonríen, Cristina esperará el aval de alguna fuerza opositora como para maquillar el sueño eterno de la re-reelección.

Listas santafesinas. Atento a la lógica de que la parada legislativa será la final del mundo para Cristina, en el PJ santafesino se muestran convencidos de que la lista de candidatos a diputado nacional será punteada personalmente por la presidenta, una histórica lectura que, sin embargo, no tuvo demasiada correspondencia en la práctica.

En las últimas semanas hubo reuniones en la ciudad de Buenos Aires entre algunos dirigentes del peronismo santafesino y funcionarios de la segunda línea de la Casa Rosada que no están alineados con Agustín Rossi, en una reentré de tertulias similares que se sucedieron toda vez que el calendario alertaba sobre la inminencia de un turno electoral. Hasta hoy, la única postulación lanzada en el PJ es la de Rossi.

Por el lado del Frente Progresista, Hermes Binner mandó un mensaje directo al radicalismo: no habrá alianza a diputado nacional si Jorge Boasso encabeza una nómina de postulantes al margen de lo que se resuelva entre los socialistas y la cúpula local de la UCR en pos de una lista única. Así deben leerse los dichos de Binner en el sentido de que no quiere competir con Boasso.

Al tiempo que el gobierno nacional espera poder volver a recuperarse tras los sonoros resbalones de las últimas semanas, en la política santafesina todo está por hacerse.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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