Rosario, Miércoles 22 Noviembre 2017
Miércoles, 11 Abril 2012

El síndrome de desorientación que padece el Gobierno

Escrito por  Martín Losteau / La Nación

Se terminó el tiempo del superávit fiscal, el tipo de cambio competitivo y la facilidad para alcanzar una balanza comercial positiva. Cuando ésas eran las circunstancias vigentes, la reindustrialización era un proceso natural; el agregado de valor en la producción y los mayores salarios reales, consecuencias lógicas; y la caída en el trabajo informal y el desempleo, un resultado esperable. Nuestra economía tenía un estilo definido: crecía el 8% con inflación controlada, lo cual es parecido a decir -en términos futbolísticos- que salía a ganar en cualquier cancha y sabía bien a qué jugaba.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, la política económica ha perdido el rumbo. Se engolosinó con los buenos resultados iniciales sin advertir que esas goleadas eran contra equipos menores. Dicho de otra manera, formaban parte de la salida y el rebote luego de la crisis de 2001 y eran, por ende, más sencillas. El DT, agrandado, quería seguir arrasando rivales y -sobre todo- gustar, pero lo intentaba más con una prédica positiva y algunos trucos que con un adecuado trabajo de fondo. Recientemente algunos resultados le mostraron su verdadera situación. Ahí se asustó y cambió súbitamente de estrategia: ahora parece pensar más en el promedio y cómo zafar de la Promoción. Pasamos así de Bielsa al peor Menotti, y ahora a Caruso Lombardi.

Se terminó el tiempo del superávit fiscal, el tipo de cambio competitivo y la facilidad para alcanzar una balanza comercial positiva

Como los equipos de fútbol, la economía también debe tener un propósito. Obviamente, ser el Barcelona de Guardiola está reservado para muy pocos y por momentos limitados a lo largo de la historia. Pero tanto los grandes como los buenos equipos tienen siempre una idea de juego. Ésta no tiene necesariamente que ser vistosa. Puede tratarse del orden que imprime habitualmente Mourinho a los suyos. También se puede ser el Manchester United de Ferguson. O, para no irse tan lejos, caben ejemplos vernáculos como Argentina en el 86, el Boca de Carlos Bianchi o el que salió campeón con Falcioni. Lo fundamental es que exista una idea colectiva que otorgue un eje rector.Hoy nuestra economía se parece menos a cualquiera de esos casos, y mucho más a la reacción de una defensa que se tira una y otra vez al piso para barrer y despejar a cualquier lado cuando la encierran contra su propio arco. Se suceden trabas para comprar dólares, imposibilidad de girar dividendos, freno a la importaciones para intentar una industrialización con fórceps oxidados, discusiones permanentes con el sector privado (aún con los favorecidos de antaño), aumento desorbitado del costo regulatorio, que desincentiva aún más la inversión, idas y vueltas con respecto a una empresa emblemática como YPF para paliar problemas energéticos acumulados, anuncios de subsidios que se habrían de eliminar pero persisten, colas para sacar contrarreloj una tarjeta SUBE que aún no se sabe con exactitud para qué sirve, incertidumbre respecto de la inflación futura, y dudas sobre si los salarios podrán ganarle o no a la escalada de precios. Esta desorientación se palpa en la calle y la pregunta-reclamo que surge es similar a la de una tribuna: "¿A qué estamos jugando?".

Como los equipos de fútbol, la economía también debe tener un propósito. Obviamente, ser el Barcelona de Guardiola está reservado para muy pocos

Esa sensación aumenta cuando la desorientación no se limita a la economía sino que contagia a la acción de gobierno entendida en un sentido más amplio. Pasaron casi cincuenta días de la tragedia de Once y aún no sabemos nada: ni qué ocurrió, ni qué se esta haciendo para evitar otros inconvenientes, ni cómo se replanteará la política de transporte a futuro. ¡Ni siquiera entendemos quién es finalmente el responsable de los subtes en la Ciudad de Buenos Aires! Un extraordinario temporal provoca muertos y destrozos al por mayor, y el Estado parece anestesiado y sin reacción. El gobierno nacional decide encomendarle la impresión de billetes -¡nada menos!- a una empresa manejada por un fondo propiedad de no se sabe quién. Por lo poco que se conoce podrían ser británicos conspiradores, narcotraficantes mexicanos, terroristas islámicos, la propia CIA, el fundador de Facebook, profesionales del lavado de dinero, o -por qué no- argentinos inescrupulosos. Y, en medio de los conflictos que esa decisión viene generando, el Procurador histórico del kirchnerismo renuncia luego de una denuncia realizada por el propio Vicepresidente, en una nueva demostración de que los amigos de hoy a la mañana puede ser los enemigos de esta misma tarde.Nuestra economía se parece mucho más a la reacción de una defensa que se tira una y otra vez al piso para barrer y despejar a cualquier lado

Es evidente que la economía extravió la brújula. Pero el Gobierno también está padeciendo un significativo síndrome de desorientación, lo cual aumenta la incertidumbre. La oposición tampoco atina a reaccionar. Y no se trata de que siga la agenda mediática coyuntural sino de que sea capaz de levantar la vista para mirar al futuro, y contribuir desde su propio lugar a una construcción colectiva del mismo. Es la política en general la que ha perdido el rumbo..

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