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Domingo, 08 Abril 2012

El juego del bueno y el malo

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Solo, fané y descangallado. Así aparecía el vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, al momento de su crepitante monólogo en el Salón Arturo Illia de la Cámara de Senadores de la Nación. La ausencia de legisladores oficialistas y de funcionarios no se compadeció con las gravísimas denuncias que formuló el marplatense, quien, con sus dichos, marcó un auténtico mojón en la causa Ciccone.

Boudou impactó con sus denuncias en plena línea de flotación kirchnerista. El jefe de los fiscales, Esteban Righi, es un símbolo vivo de lo que el gobierno y su masa crítica estampan en el relato: fue ministro del Interior del gobierno de Héctor J. Cámpora y fue el encargado de llevar a la práctica muchas de las promesas que la militancia peronista enarboló durante la campaña previa a la primavera camporista . Sin embargo, el vicepresidente denunció que desde su estudio de abogados le habrían ofrecido el "servicio de aceitar jueces federales" de Comodoro Py. No es un dato menor que el estudio Righi también defiende a Guillermo Moreno y a Carlos Tomada, auténticos cruzados del gobierno de Cristina Fernández.

El huracán Boudou. En su jueves de furia, el vicepresidente también clavó sus dagas sobre el juez federal Daniel Rafecas, uno de los magistrados mejor considerados por la Casa Rosada a partir de su labor con las causas por violaciones a los derechos humanos. Lo acusó de tener "una agencia de noticias". En su redada fue más allá de nombres propios e impactó en la poderosa corporación judicial. No se olvidó tampoco del presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires ni del gobierno bonaerense, a cargo del compañero Daniel Scioli. Todo eso salcondimentado con un clásico del kirchnerismo y que, a esta altura, no genera novedad: la acusación al CEO de Clarín como el líder de una mafia boscosa e impenetrable.

El vicepresidente quemó las naves dispuesto a todo o nada. Sabía que en las horas sucesivas a su monólogo quedaría también definida su situación real adentro de la estructura cristinista, dependiendo ese estatus de los avales o desautorizaciones. Transcurrieron ocho horas antes de que el presidente del Senado pudiese respirar con algo de tranquilidad: el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, decidió ponerle el pecho a las balas y salir en respaldo de su ministro. Lo propio hicieron Julián Domínguez, Agustín Rossi (jefe de la bancada de diputados oficialistas) y el senador Aníbal Fernández.

Luego de que Nilda Garré respaldara al juez Rafecas, el escenario quedó montado para que Cristina defina este mar de dudas. La presidenta ratificará en un todo lo que dijo Boudou sobre Magnetto y los medios, pero habrá que observar al detalle cuál es su mirada sobre las partes integrantes de esa conspiración que el vice atribuyó a los jueces, al presidente de la Bolsa y al gobernador Scioli. Si la presidenta ratifica adjetivos sobre "la bajísima calidad institucional de la Justicia" el país tendrá en ciernes un traumático conflicto de poderes.

Inesperadamente, los dichos de Boudou hicieron impacto en el gobierno santafesino como directa consecuencia de la denuncia por los supuestos negocios de Boldt y Clarín con el Ejecutivo provincial por el decreto 0487, cuestión que reabre la incógnita sobre la relación socialismo-Casa Rosada.

Doble estándar. Hermes Binner necesitará sumar adhesiones en su intento de ganar las elecciones presidenciales de 2015 aprovechando todos y cada uno de los deslices que cometa el kirchnerismo. Esa imperiosa necesidad de convertirse en referencia clave de la oposición tiene un norte inmediato: los comicios a diputado nacional que tendrán lugar dentro de poco más de un año y medio, en los que tendrá una participación activa el ex gobernador. Esa necesidad le pone cara de hereje a la gestión de Antonio Bonfatti, quien tendrá la difícil misión de resguardar la relación con Cristina sin molestar a Binner. O viceversa.

Bonfatti sabía que más temprano o más tarde alguien del gobierno nacional vendría a la carga por Boldt. Boudou mencionó la impresión de la boleta única que Binner adjudicó a esa empresa y Clarín el año pasado por 24 millones de pesos. El decreto en cuestión fue firmado por el ministro de Economía, Angel Sciara y su colega de Justicia, Héctor Superti, quien reemplazó en la gestión al entonces ministro de Gobierno y hoy gobernador, Antonio Bonfatti. Por ese intersticio se coló el diputado nacional Omar Perotti, quien parece dispuesto a llevar adelante en la provincia una campaña de esclarecimiento similar a la que sucede con la relación Boudou-Ciccone a nivel nacional.

La foto que mostró a Bonfatti en un lugar privilegiado junto a la presidenta de la Nación en el acto por Malvinas realizado en Ushuaia (el socialista y la anfitriona, Fabiana Ríos, fueron los únicos gobernadores presentan) se columpia con la que hoy deja ver a Binner exigiendo a Boudou que se presente ante la Justicia y voceando a cuatro vientos que la gestión de Cristina no colaboró en Santa Fe con la lucha contra el narcotráfico. ¿Cómo interactúan esas instantáneas en el interior del socialismo? El juego del bueno y el malo entre Bonfatti y Binner le sirve por ahora al partido de gobierno para disimular contradicciones.

A Balcarce 50 tampoco le es indiferente mantener una buena relación con Bonfatti. Le sirve a Cristina para mostrar en los actos que no todo es cristinismo y le permite, además, dejar en claro que el adversario ideológico no está encapsulado en el socialismo sino en Mauricio Macri. Esa división de roles opositores sí complica al peronismo santafesino. Lo dejó en claro Perotti al preguntarse por qué a Binner no lo interrogan por "las cuestiones que los santafesinos queremos conocer con mayor profundidad".

Ese interrogante no debería estar direccionado únicamente hacia los medios porteños, también podría interpelar al propio corazón del poder nacional. Allí mismo donde Cristina y Bonfatti construyen una dupla que goza de buena sintonía.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital