Rosario, Domingo 19 Noviembre 2017
Domingo, 08 Julio 2012

Scioli, el hombre de amianto

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Provincia de Buenos Aires está asfixiada, Santa Fe intenta conseguir oxigeno para zafar, Córdoba comienza a dar señales de ahogo. Los tres principales territorios geográficos del país constituyen el mejor termómetro para marcar la actual temperatura. Por mucho menos, en otros años, y otras décadas, los gobernadores amagaban con la rebelión, reunidos casi siempre en el CFI (Consejo Federal de Inversiones). Hoy, todos le temen a las represalias de Cristina.

Daniel Scioli atraviesa por estas horas un frente de tormenta que nadie sabe cuándo y cómo acabará. El cristinismo le impuso un corralito desde el mismo momento en que el soldado de la causa Gabriel Mariotto fue designado para esmerilarlo y —como carpintero afecto a la obediencia— serrucharle el piso siempre precario de la administración bonaerense. Por encima de la crisis bonaerense que, como se escribió aquí hace 7 días, hace sentir sus esquirlas en el resto de las provincias, surfea la interna peronista. Y cuando ese duelo de pesos pesado estalla, nadie sale indemne.

Desde la Casa Rosada (con el intendente de Lanús como portavoz) blanquearon los adjetivos que por Balcarce 50 se utilizan para denostar al ex motonauta, quien pasa por la vida política casi imantado. "Que se vaya de la provincia, que me la deje sola, que la gobierno yo y seguramente la salvo. No sabe gestionar, es un desastre", dijo Cristina Kirchner de Scioli, según la garganta profunda made in Lanús. Hasta ahora, nadie salió a desmentirlo.

La gran pelea. Todo el país político —no sólo el peronismo— mira con expectativa y tensión el desarrollo de la pelea declarada entre el gobierno nacional y el gobernador, aunque éste último se esfuerce en decir "aquí no ha pasado nada". El bonaerense no ha encontrado demasiada solidaridad entre sus pares, quienes saben que Cristina tomaría esa actitud como una declaración de guerra. Si hasta hace algunas semanas desde el gobierno nacional voceaban que no habría tregua hasta que el mandatario dijera públicamente "Clarín miente", hoy las especulaciones aluden hasta una cercana posibilidad de hacerlo trastabillar obligándolo a renunciar.

Trémulos asoman diferentes analistas haciendo mención a las encuestas hechas en el territorio bonaerense que aluden a la responsabilidad de Cristina Fernández de Kirchner en la crisis que desembocó en el pago del aguinaldo en cuatro cuotas. Cabe enteramente para el estilo de la presidenta la fábula de la rana y el escorpión. Está en su naturaleza tirar del mantel de la mesa aunque en esa actitud también se caigan al piso utensilios propios de su alacena.

Los gobernadores tienen, además, una extraordinaria dependencia del poder central. Sólo desde allí se puede acceder a los fondos de la Ansés, del Banco Nación y hasta del propio Banco Central, cuestiones que ponen en plano inclinado la relación entre el poder central y las provincias. Por eso mismo, y muy claramente, la "sintonía fina" (un eufemismo para denominar la palabra "ajuste") está siendo llevada adelante por los gobernadores, quienes lucen alcancías tan vacías como el estado de ánimo que proclamó Juan Román Riquelme al pegar en portazo en Boca Juniors.

Los bombardeos verbales del cristinismo contra Scioli han logrado quitarle la voz (una vez más) a la oposición, que contempla sin demasiada adrenalina cómo las elecciones de 2015 parecen encaminarse hacia fórmulas repetidas. El que tiene una versión diferente del futuro curso de los acontecimientos en el vaivén peronista es Mauricio Macri. Una fuente calificada del jefe de Gobierno porteño dijo a LaCapital en la ciudad de Buenos aires que el líder del PRO "será la única alternativa al kirchnerismo". Creen en ese espacio que Scioli no se enfrentará a Cristina "como no se enfrentó ni a Carlos Menem, ni a Eduardo Duhalde, ni a Néstor Kirchner".

El acompañante. En verdad, Scioli mantuvo siempre su cuota parte de poder sobreviviendo a sus eventuales aliados. Acompañó a todos hasta el final sin ofrecer pelea a la hora de sobrevivir políticamente. Pocos recuerdan que, incluso, estuvo en la felliniana conferencia de prensa televisada desde San Luis que ofreció Adolfo Rodríguez Saá al presentar su renuncia como presidente de la Nación, tras los vertiginosos siete días y siete noches a cargo de la Jefatura de Estado. Lo grafica mejor que nadie el escritor Jorge Asís: "Scioli es el Lázaro Costa del peronismo, les cerro los ojitos a todos".

El cristinismo parece decidido ahora a no dejarse estar y esperar que lo sobreviva: duplicó la ofensiva, no envió la totalidad de los fondos que le reclamó el gobernador y muestra predisposición a saltar por encima de su autoridad negociando directamente con los intendentes. Uno de los futuros capítulos clave de la historia serán los comicios a diputado nacional. Si Cristina se dedica a armar la lista sin negociar, Scioli se quedaría casi sin soportes. Imaginarse a Alicia Kirchner como primer postulante teniendo ya a Mariotto como número 2 sería para él lo más parecido a una pesadilla.

La historia, sin embargo, recién está escribiendo sus primeros capítulos. Habrá que observar en detalle la progresión de los escarceos o una vuelta atrás que suavice los ánimos. En verdad, la historia entre Scioli y los Kirchner estuvo desde el vamos escaldada por las desconfianzas.

En un principio, el propio Néstor Kirchner pensó que el bonaerense quería ganarle la cuerda de la candidatura presidencial; luego Miguel Bonasso (entonces plenamente alineado con la escudería K) anticipó que al vicepresidente "lo mantendrían encerrado en un placard" y le vaciaron de funcionarios diferentes secretarías; a posteriori, el santacruceño lo desafió en público a que dijese "quién le ata las manos" en el marco de una crisis por la inseguridad. Ahora parece haber llegado el término de la descalificación más grave con el término "desastre" e "inútil".

Por lo pronto, ayer, Scioli se diferenció de todo el kirchnerismo gobernante con una gestualidad que pareció llevar destinatario directo: convocó a una conferencia de prensa, se mostró amigable con los periodistas y respondió a todas las preguntas fiel a su costumbre: sin hacer declaraciones altisonantes. Esa misma gestualidad, que para muchos resulta síntoma de debilidad, es leída en el cristinismo como un nuevo desafío.

Toda vez que Cristina repita su leit motiv de "ir por todo", las miradas irán hacia Scioli. El hombre que, por ahora, está solo. Y, como siempre, espera.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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