Rosario, Sábado 22 Septiembre 2018
Martes, 10 Julio 2018

Impunidad y el mientras tanto

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Lo más difícil. La inseguridad en la Argentina y la crisis económica son los mayores reclamos de la población.

A la cabeza de los reclamos nacionales de la población aparecen la economía y la inseguridad. Según la coyuntura, uno y otro tópico se queda con el vértice del podio de los pedidos ciudadanos. La impunidad no es registrada como expresión específica, pero sin dudas la no investigación y sanción de los ilícitos podría bien ponerse en el apartado inseguridad.

El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación tiene relevado hasta el año pasado una serie de datos impactantes. La Dirección Nacional de Política Criminal y el servicio nacional de estadística de cumplimiento de penas dan datos con distintas particularidades. Si se me permite el redondeo que evita el tedio para el lector, podrían señalarse estos conceptos:

En la Argentina hay 80.000 presos en cárceles nacionales (13.000) y provinciales (el resto).

La mitad, haciendo juego con la distribución geográfica de la población, en provincia de Buenos Aires.

La mitad de los presos está sin condena. Por ende, 40.000 personas están detenidas bajo proceso sin saberse si es culpable y, obvio, con presunción de inocencia.

Nuestro país es uno de los peores en el mundo en el ranking del esclarecimiento de delitos y su sanción. De cada 100 delitos cometidos hay una sola sentencia. 99 impunes.

Con ese dato, se estima que debería haber 5 veces más de presos con condena teniendo en cuenta que una persona comete varios delitos. Las cárceles hoy están superpobladas.

Un detenido le cuesta, promedio, a los servicios penitenciarios 100.000 pesos por mes.

El ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, una persona a la que siempre es interesante escuchar, agregó datos que pintan el cuadro de la impunidad. Ya no existe prácticamente más el "delito por cuenta propia". Una persona robo, hurta o todavía comete un acto más grave, porque está inserto en una organización que en su base necesita de ese delito inicial para luego reducir lo robado, colocarlo en el mercado y sostener un sistema más complejo.

El proyecto de reforma del Código Penal que se va a presentar en los próximos días aborda, además, un tema que sigue siendo muy polémico: la discrecionalidad del juez a la hora de aplicar penas anticipadas o definitivas. "El zaffaronismo le ha hecho muy mal al sistema penal argentino y se lo sigue haciendo", explicó Garavano. "Esta corriente penal eligió una serie de delitos que deben perseguirse y desechó al resto. Para ello, forzó las facultades que la ley le daba al juez y evitó considerar delito a algunos actos ilícitos o, en el proceso, consideró obligatorio no ver como peligroso para la sociedad la concesión de una libertad", agregó. Traducido: en el pensamiento del ex juez de la Corte Suprema y de sus muchos seguidores, hay ilícitos que no pueden imputarse a un delincuente sino a la sociedad que no le da oportunidades y, aún cometidos, no merecen de pena.

Quizá no sea el tema vedette de estas horas. Pero seguir insistiendo con que un sistema penal como el que tenemos provoca objetivamente los datos que se mencionan pueda tratar de atacar la mal llamada "sensación" de buena parte de la población de inseguridad con se consecuente derivación en la impunidad.

Mientras tanto: el gobierno nacional tiene todo su foco en la cuestión económica. Resulta razonable que en la actual coyuntura, el esfuerzo pase por calmar lo que ellos mismos dicen es una fuerte tormenta y que en cualquier manual de economía se describe como una crisis. La semana que terminó generó un amargo sosiego. El presidente esperaba que la llegada de Luis Caputo al Banco Central y el relevo de ministros aquietase el oleaje económico y los cruces internos con resultados bien marcados. Nada de eso ocurrió.

Respecto de esto último, condicionante de lo primero, el resultado fue preocupante. Marcos Peña invocó un aumento de impuestos para compras en el exterior y en el giro de dos horas el ministro de Economía lo desautorizó. El ex titular de energía Juan José Aranguren no se privó de decir que fue echado, que estaba desilusionado y que no entendía el gesto político. Como si esto fuera poco para entender la clara división del gabinete tantas veces señalada en estas crónicas, Elisa Carrió invocó una serie de excentricidades en la escena pública que dejaron estupefactos a algunos propios de Cambiemos ("Mauricio no sabe si llamarla o no para no generar más olas", le dijo un ministro a este cronista) y decididamente crispados a otros (el documento de la UCR que se conoció es mucho más cuidadoso del que circuló en primera instancia entre los boina blanca).

"Lilita está muy enojada con lo del aborto y su salud no le está jugando una buena pasada", dijo en estricto off la misma fuente gubernamental consultada. Algunos aseguran que el cardenal de Buenos Aires, hombre directo del Papa Bergoglio, conversó con Carrió y le pidió firmeza en sus dichos respecto del gobierno. Eso creen los más moderados. Los que menos contemplaciones tienen recuerdan la sucesión de rupturas partidarias que protagonizó la chaqueña. Puede creerse que sus desboques con las propinas y las coimas es lo que más mérito para ser señalado. Claro que es grave e inentendible el remedio económico de las dádivas propuesto por la diputada nacional. Sin embargo, el punto de mayor escándalo es haber dicho que a la Unión cívica radical la maneja ella desde afuera. Si hay crisis con la UCR que se intentó sanear con la llamada a Ernesto Sanz, al gobernador de Mendoza y al cordobés Mario Negri, esto resquebraja el puente de diálogo.

Este trasfondo político es el que marca el tono económico. Y no al revés. El Think tank de pensamiento en esta materia que viene trabajando con Macri desde hace muchos años le acaba de elevar un informe que se titula un año del 30/30/30. Esto no es más que mencionar el valor del dólar, de la inflación y de la pobreza. Es verdad que las críticas que se lanzan del kirchnerismo que supo concebir el cepo, una inflación parecida y una voluntad clara de atropellar cualquier control republicano se tamizan desde esa misma historia. Sin embargo, los menos fundamentalistas del gobierno no dejan de señalar el malestar ciudadanía que sigue creyendo en el proyecto desde que los votó pero duda ante tanta interna y tanto corrimiento del horizonte del buen tiempo prometido. El silencio de María Eugenia Vidal en estos tiempos es visto con ese mismo cristal.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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