Rosario, Viernes 20 Julio 2018
Miércoles, 27 Junio 2018

El César y Dios

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Miradas distintas. Las relaciones del gobierno nacional con el Vaticano han llegado a un punto de evidente quiebre. La media sanción de la ley del aborto y la situación social aumentaron la tensión.

La Iglesia católica argentina abandonó las medias tintas: se colocó en la vereda de enfrente de Mauricio Macri. El primer chispazo —razonable— que encendió la mecha de la discordia fue la habilitación del aborto en la agenda legislativa que no sólo hizo aflorar la posición tradicionalista del obispo de Roma sino que dio luz verde para que la crítica social que se escuchaba en sordina tomase voz clara.

Monseñor Jorge Lugones, el obispo responsable de la pastoral social y hombre expresamente cercano al Papa no ahorró concreciones: "No puede ser que a algunos trabajadores se les dé un 25 por ciento de aumento y a los docentes un 15 por ciento en tres cuotas", disparó en propio territorio de María Eugenia Vidal dejando estupefactos a los funcionarios de la gobernadora. Y a 48 del paro general de la CGT arremetió: "La huelga es una herramienta que propone la doctrina social de la iglesia cuando se dan situaciones de injusticias sociales".

"Lugones es el Papa", explican los que entienden del pasilleo eclesiástico. Como lo son el cardenal Mario Poli o el obispo villero Oscar Carrara. "Si te sorprendía la cara de Francisco en el primer encuentro en el Vaticano con el presidente, lo que dicen ahora sus obispos no deja dudas: la relación está quebrada mal", le dijo a este cronista un funcionario que prepara una reunión de prelados dedicados a la cuestión social. También es irrefutable que hoy (ni nunca) hay excusas para insistir con que los sacerdotes no se inmiscuyen en las cuestiones humanas de la políticas. El César y Dios, acá conversan o se retiran el saludo.

Hace quince días, un hombre que supo detentar mucho poder en la Argentina visitó al Papa en Santa Marta. Después de asistir a la misa tempranera en la pequeña capilla del lugar, luego de bendecir a sus hijos, este argentino que supo tener trato cordial cuando el Pontífice era Bergoglio le preguntó: "Cómo se ve la cosa desde acá?". Francisco no dudó: "Como la ves vos. Sólo que ahora se empieza a decir". E inmediatamente volvió con sus rosarios al grupo familiar.

Este Papa no esconde sus enojos. No responde a la tradición de la diplomacia vaticana que en sus 2000 años de historia hizo de la compostura una marca internacional sin dejar de sostener la contundencia de sus convicciones. Y Latinoamérica, para Francisco, luce como un detonador para sus impulsos. Le pasó en Chile acusando de chismosos a los que denunciaban abusos de un obispo. Vino luego la disculpa y la sanción para los que lo mal informaron. Le ocurre frecuentemente con la Argentina. También con Cuba, Brasil o Colombia se lo escucha activo. Con Argentina, el caso es sanguíneo. A tal punto que su repudio al aborto en la semana de la discusión parlamentaria aquí lo llevó a calificar de nazismo de guante blanco al tema. Con Irlanda, luego de la consulta popular sobre el tema, hubo condena. Pero nadie recordó invocar el régimen de Hitler. Algunos vieron entonces al mismo irrefrenable hombre que dijo que el matrimonio igualitario es obra del demonio. Ahora: ¿Creerá de verdad que una mujer que aborta se emparenta con Goering o Goebbels? ¿Lo cree o es que su país natal y lo que allí ocurre lo saca? ¿Eso opina el hombre de amor al prójimo como a sí mismo de una mujer pobre que llega a esa instancia dramática? ¿Se siente cómodo su pueblo "de Dios" al escuchar así a su pastor?

Gabriela Michetti retomó la frecuencia del diálogo con el Papa con la fluidez que tenía cuando era su confesor. Ella misma se comprometió a hacer pública su oposición para demostrarle que el proyecto del aborto no es polìtica central y unánime de su gobierno. Sólo así se entendería la maraña administrativa que ella tejió para aletargar el tratamiento del proyecto. Lo giró a comisiones como la de presupuesto, presidida por Esteban Bullrich, aduciendo que una práctica de salud como esta es económicamente relevante. Para otro proyecto del senador Pinedo que crea nada menos que la Agencia nacional de salud no tuvo el mismo temperamento. Quizá un olvido. Mauricio Macri, dicen algunos que anoticiados de estas charlas, recibió el viernes en su despacho a la diputada PRO Silvia Lospennato, la cara visible de la despenalización.

El análisis de la posición de la Iglesia en nuestro país debería sonar ya anacrónico si se tiene en cuenta que la Argentina es una república laica. Sin embargo, la potencia de este factor de poder ahora enfrentado con el gobierno debe ser visto en un momento de soledad del mismo. Las centrales trabajadoras, todas juntas, convocan a un paro para mañana. La oposición, sacando al fundamentalismo kirchnerista, se muestra molesta en la voz del peronismo racional que ya le retira a priori el apoyo en el Congreso y los propios aliados de la coalición gobernantes corcovean incómodos. Los radicales, se quejan. Carrió amenaza con rupturas.

"¿Creerá de verdad el Papa que una mujer que aborta se emparenta con Goering o Goebbels?"
Esta marejada política lo toma al gobierno en una coyuntura económica no menor. La semana de la derrota vergonzante de la selección de fútbol ante Croacia trajo cierto alivio. El acuerdo con el Fondo Monetario y el discreto éxito del nuevo presidente del Banco Central ante el dólar, calmaron el enojo del presidente que sigue recostado en su mesa chica de Marcos Peña, Mario Quintana y Luis Caputo. ¿Y la apertura al diálogo político incluso con la oposición? Sin novedades.

La ministra de desarrollo social ha sido notificada de que se la piensa como candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Algunos ven en esto el principio del proyecto Macri-Vidal para el 2019. Otros, más sutiles, el comienzo de una despedida de Carolina Stanley de un elenco de ministros en donde ella desentona por su permanente reclamo por la cuestión social.

Si bien la Iglesia católica ha tenido una especial dedicación en su trabajo (extraordinario y ejemplar) de base con los más humildes, sus jerarquías obispales han representado más el sentir de la clase media. Los obispos enojados con el gobierno parecen lucir como el representativo de ese sector sustento de los votos PRO. Será por eso que se analiza en esas horas un anuncio que vaya directamente dirigido a las capas medias en materia de tarifas y aumentos que, lo dijo el nuevo ministro de energía Iguacel, no tienes vuelta atrás.

Los pesimistas advierten al presidente Macri que no es bueno pelearse con la Iglesia. Que nuestra historia tiene sobrados ejemplos de malas experiencias. Cuentan que, del otro lado, su asesor Jaime Durán Barba le ha dicho que eso es pasado. Que avanzar de forma moderna aún atropellando las tradiciones religiosas es lo que lo fortalecerá. Ahí está la representación carnal, con nombre y apellido, de un enojo que no parece sanarse. La desconsideración del hombre de Dios que vive en el Vaticano por el representante del César que viene del Ecuador es furiosa. Muy furiosa. De ambas partes.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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