Rosario, Domingo 16 Diciembre 2018
Lunes, 16 Abril 2018

¿Para cuándo?

Escrito por 

Un gobierno bajo la lupa. La inflación y la falta de transparencia son dos problemas para el gobierno y, para algunos referentes de Cambiemos como María Eugenia Vidal, una amenaza para 2019.

La interna en el gabinete de Mauricio Macri atraviesa un momento muy difícil. Ya se sabe que el eje Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, ojos y oídos del propio presidente, se encuentra al mando de las decisiones finales con peso indiscutible. El grupo más político, el que antepone la cuestión social a cada decisión, Rogelio Frigerio, Federico Pinedo, el freezado Emilio Monzó y Carolina Stanley, se siente más escuchado en la mesa chica del poder pero, sabe sin dudas que no contrabalancea a los canales auditivos y visuales de Macri.

Esta semana, cuando todavía el golpe en la línea de flotación de la transparencia no se había asimilado con la situación del ministro de finanzas Luis Caputo, la tensión aumentó y mucho. El número dos de Caputo, Santiago Bausilli, fue denunciado por recibir unos bonos por su trabajo anterior a la función pública del Deustche Bank, una de las principales operadoras con los bonos argentinos que dispone y monitorea el propio Bausilli. "Fue por su trabajo anterior", atisbó a decir el secretario por terceros. Escasa, si no nula, respuesta institucional. Por fin, la revista Noticias publicó que el actual ministro de economía Nicolás Dujovne blanqueó –legalmente– 20 millones de pesos que, sin embargo, no aparecen en su declaración jurada de bienes ante la AFIP. Alarma naranja para él y para todos. Hasta el momento de escribir estas líneas, la única defensa que se atisbó fue la de decir que la filtración de esos datos es un delito que atenta contra la privacidad de la información tributaria de todos.

"Hay dos cosas que no nos van a perdonar: la inflación y la falta de transparencia". Quien habla es una prominente figura del gabinete nacional. "Hay que sobreactuar la decencia. Nunca subestimar ese valor", agregó en estricto off.

La persona del gobierno en cuestión fue tajante: "No hay más margen de golpear a nuestra base electoral. La clase media, en todos sus estratos, desde la más baja y la casi alta, está pagando todos los costos de nuestro modelo: precios, tarifas, caída de horas extras o ventas extraordinarias. Si a eso le agregás que no pueden defenderte por con la condición sin máculas de decencia, el combo es insoportable".

Por lo primero, la inflación acumulada en los últimos 12 meses que supera el 25 por ciento es una pésima noticia. Eso es menos dinero en el bolsillo para el que lo tiene y una realidad indiscutible de carencia. Importa poco si se la misma interna de tensión del gabinete está debatiendo volver a modificar la expectativa inflacionaria y anunciar que lo que se dijo hace 4 meses no coincide ni con lo del presupuesto ni con lo de hoy. Marcos Peña, se cuenta, no tendría problemas en usar el verbo "recalibrar" para decir que tampoco es posible alcanzar el 15 por ciento de inflación en 2018 y que, en todo caso, el piso sería el 20 o 21. El enamoramiento sin costos de alguna terminología suele ser un mal del poder. Kicillof describía los aumentos de precios como deslizamientos. Ahora se recalibra.

El eje político rebate estos argumentos con, claro, cómo no, encuestas. Los sondeos permanentes que se exhiben en los despachos gubernamentales muestran un crecimiento de la imagen del presidente en sectores que antes no perforaba. El segundo y tercer cordón urbano de la provincia de Buenos Aires se muestra como un ejemplo. La figura del gabinete que se inscribe en el costado social del gobierno responde sin dudar: "Claro que en los barrios pobres, pobrísimos, del conurbano, hay mejoras. Empezamos con cloacas, agua potable, Vidal llegó con un camión que les acerca registro civil, vacunas y trámites que había que hacer lejos o nunca. Allí hay tarifa social y planes estatales. El problema se da en los centros urbanos en donde el aumento de agua, luz y gas no para desde hace dos años, las góndolas de los supermercados te expulsan y la inseguridad no mejora en la diaria de arrebatos y asaltos". Y para ser gráfico, agrega: "Los jubilados, los laburantes, los pequeños profesionales y las amas de casa están pensando, no si hicieron bien al votarnos, porque eso se les responde con la otra opción del pasado: quieren saber si se vale la pena el sacrificio y para cuándo les toca a ellos".

El segundo aspecto es harto complicado. Los conflictos de intereses de los funcionarios no puede ser sometido solamente a una respuesta de la justicia. Todos sabemos de la lentitud en los procesos. Por sólo dar un ejemplo, esta semana empieza la etapa de alegatos en la causa AMIA II, que intenta demostrar que una parte del juicio se hizo para chicanear y perder el tiempo, sin conseguir sentencia contra Hezbollah y la pata local del atentado: Telleldín y compañía. Pequeño detalle: pasó casi un cuarto de siglo desde la voladura de la sede mutual.

Si un ministro está acusado de tener una sociedad que administra bienes que él mismo regula ahora desde el poder, no puede responderse que debe solo investigar la justicia. Si un secretario de Estado evadió impuestos, se puso en regla con un (éticamente polémico) blanqueo y no lo declaró, no se puede esperar a los eternos "córrase traslado" de los magistrados y a los "proveer de conformidad" del foro. La gestualidad del poder es muy importante. Hacer silencio u ofenderse ante la pregunta es presunción de turbiedad en el manejo. La oficina anticorrupción está viciada de origen con la titularidad de una militante propia, como tantas veces se dijo desde esta columna.

Las propias encuestas oficiales, se defienden algunos, muestran que la corrupción está en el tercer o cuarto lugar de prioridades ciudadanas. "¿Es culpa del periodismo?", sobrevuela en algunos funcionarios. Primero, citando a Barcuh Spinoza: hay valores humanos que no están sometidos a comicios. Luego, el principal reclamo sondeado es la inflación y la incertidumbre económica. Ya se sabe, gracias a nuestra historia, que cuando aprieta el bolsillo aguza la voz dontra la corrupción.

María Eugenia Vidal reapareció en los medios de comunicación. Su eterna pelea por el inicio de clases y el sueldo docente es su objetivo inmediato para volver al ruedo. Sin embargo, en on y en off, está insistiendo en que ni considera la posibilidad de ser candidata a presidenta o vice en 2019. ¿Por qué puntualiza esto que luce más de laboratorio periodístico que otra cosa? Quienes están a su lado señalan que es el modo elegante de hacerle saber al eje duro del gobierno nacional su preocupación por el estado de las cosas y que no está dispuesta a asumir un papel testimonial en las elecciones. Le habría dicho, palabras más, palabras menos, a sus copartidarios: "Si no va Mauricio o me necesita en la fórmula es porque la economía va mal. Y si se eso pasa no gana ninguno de nosotros en 2019. Si piensan en mí, entonces es que apenas buscan mi cara para recibir los golpes de un resultado duro".

Fuente: La Capital

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

Noticias de Encuentro Argentino de Transporte Fluvial
Noticias de Infrapublica.com

Cotizaciones

Dolar ${dolar_c} / ${dolar_v}
Euro ${euro_c} / ${euro_v}
Real ${real_c} / ${real_v}