Rosario, Sábado 15 Diciembre 2018
Lunes, 05 Marzo 2018

Lo que se dice y lo que no

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Asamblea legislativa. El discurso del presidente Mauricio Macri se pareció más a una charla dirigida a sus partidarios que a la obligación constitucional de dar cuenta de su gestión ante el Congreso.

El discurso del presidente Mauricio Macri ante la Asamblea legislativa es la más cabal expresión del clima y la decisión con las que mueve su gobierno: intención de demostrar entusiasmo a futuro, eliminación del recurso del pasado y de las categorías políticas para hablar y empatía por cuestiones como la ecología y los derechos de nueva generación. "Macri mostró cómo va a ser nuestro tono en los dos próximos años", graficó un ministro a este cronista.

El mensaje del 1º de marzo no fue un discurso propio de un presidente ante la Asamblea legislativa. Al menos, en los términos de los que el constitucionalismo representativo imaginó como un momento de concretar definiciones estratégicas y sostenerlas con datos ante los representantes del pueblo. Se pareció más a una charla destinada a sus partidarios.

Lo de Macri fue, intentado ser descriptivos y no valorativos, una exposición de buenas intenciones destinada a insuflar entusiasmo (las declinaciones verbales y de adjetivos de este término fueron muchas) y llamar a la confianza emocional de los votantes. No hay error. Eso fue buscado explícitamente por los redactores que trabajan en el primer piso de la Casa Rosada. Fue, además, un discurso propio de una campaña electoral. Todo, deliberado. Así quiere verse el gobierno para su gestión.

Pueden destacarse algunas aristas interesantes: su razonable extensión (la comparación con los eternos stand ups egocéntricos del pasado fueron inevitables), su tono mesurado y la mención a algunas pocas cuestiones importantes como la igualdad de derechos de mujeres y hombres y el debate de beneficios sociales como licencia por paternidad. No mucho más. El discurso, de formas anodinas, fue pobre políticamente hablando y bordeó tópicos cuasi comunales, como el llamado al uso del cinturón de seguridad o la sillita de menos en el asiento trasero de los autos.

Y esto, que podría ser visto como un demérito desde el análisis, es un valor positivo para el líder del PRO. "A las mayorías nos les importan las palabras llenas de prejuicios políticos (sic) con invocaciones a la derecha o a la izquierda, con proyectos rimbombantes de cambios adánicos, del tipo «después de mí, ya nada va a ser igual»", continuó explicando en off el mismo ministro consultado "Se espera saber si se el presidente al que se le confió el voto hace un poco más de 3 meses está seguro de caminar hacia un país mejor, económicamente más estable, más seguro y con oportunidades", concluyó el funcionario.

El dato del triunfo electoral es irrefutable. A los que nos esforzamos por señalar carencias de sustancia en el discurso presidencial se nos puede enrostrar el resultado de las urnas. Macri habló como lo hace él. Poco, sin pretensiones de tonos heroicos y con permanentes apelaciones a un futuro venturoso que siempre se promete. "Y con eso ganamos las elecciones. ¿No será que ustedes son los que no entienden qué espera la gente de lo que dice un presidente?", englobó sin más detalles el ministro. Es una posibilidad.

Sin embargo, apenas mirando la realidad y contrastándola con los sondeos de opinión, el colectivo consultado resulta demostrarse preocupado por la marcha de la economía nacional. Sobre esto, el presidente dijo poco, evadió mucho y concretó casi nada. Más allá de la infortunada expresión del "crecimiento invisible" que retrotrae a la ortodoxia de la mano invisible del mercado, era de esperarse que el jefe de Estado abordase la cuestión inflacionaria, corregida en expectativas por el gobierno del 10 al 15 por ciento (como si nada) y azuzada ahora mismo por los aumentos de tarifas y de precios. "Lo peor ya pasó", dijo el presidente en esta especie de cruzada tranquilizadora que se basa en el deseo. Ni una palabra se escuchó para los jubilados, de gran peso en el capital electoral de Cambiemos, y muy poco sobre la deuda tomada por el país: "No nos vamos a endeudar más", sostuvo el jefe del Ejecutivo y un par de horas más tarde sus ministros festejaban la nueva colocación de títulos y pagarés.

Fue sí muy llamativo el gris usado para las causas por corrupción. Reiteró la limitación de ingreso de familiares a la administración central (de paso: ni el legislativo, ni las provincias, ni la justicia se sintieron aun tocados para ir por ese camino) y apeló al viejo dicho incumplido de investigar hasta las últimas consecuencias en la justicia. Esa frase duró mucho menos que la preocupación presidencial por los accidentes de tránsito y el embarazo adolescente, para los que, por las dudas, ya hay normas vigentes que deberían ser aplicadas por el mismo que las mencionó en el Congreso.

Por fin, la cuestión de la despenalización del aborto, sostenida desde esta columna como muy necesaria, fue colocada en el clarísimo segmento de un tema que, polemizado, sirve para distraer la atención de los difusores de noticias. El presidente volvió con esa desajustada frase de "estoy a favor de la vida (¿quién no?) pero alentamos el debate". Discusión que ya se ve marcha destinada al fracaso con la advertencia presidencial y, como si se fuera poco, no descarta oponerse con un veto constitucionalmente válido. Si se el proyecto se aprobara, estar a favor de la vida, ¿es causal de veto? No se supo.

El debate de la asistencia médica a extranjeros, pero sobre todo la interrupción legal y segura de la gestación humana, han funcionado positivamente para los asesores y analistas de opinión del oficialismo. El ruido mediático parece ensordecer las voces que reclaman atención al día a día de la supervivencia económica. Queda todavía por verse si algunas voces que, con espasmos, vienen a señalar a amigos o traidores o ahora reclaman que los debates de una república laica se manejen por los calendarios religiosos, son sinceras o contribuyen a ese humo que nubla la visión de lo concreto. En cualquier caso, fastidia un poco poner todo en términos de extremismo dogmático bajo el pretexto (híper dogmático) de ser el portador de "la" verdad.

Si se analizan las palabras del presidente, no puede no mencionarse el silencio y la ausencia de una ex primera mandataria que desairó la Constitución que la obliga a sentarse en su banca, y a los votantes que la eligieron para ello. Algunos dicen que allí primó su inveterado capricho personal. Otros, en cambio, que fue el principio de ejecución del acuerdo sellado con algunos gobernadores, legisladores y dirigentes que ya han lanzado la reorganización del PJ y que necesita de adjetivos poco altisonantes. Es más: cuentan sin que se pueda relatar como un hecho corroborado que la senadora bonaerense ya se reunió dos veces con el máximo líder sindical para, en breve, anunciar que la acompañará en un proyecto 2019. Se verá.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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