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Lunes, 31 Julio 2017

Puestas en escena de campaña

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Claves. Aunque el resultado de la votación en Diputados no lo favoreció, el gobierno supo aprovechar todo el episodio que involucró a De Vido. Optimismo oficial para el turno electoral pese a la economía.

Todo el episodio legislativo, y su contexto, que involucró a Julio De Vido fue una magnífica mise en scene del oficialismo para mostrarle a la sociedad qué hay en la vereda opuesta, quiénes son sus competidores, qué hay detrás de Cristina.

Desde el inicio mismo del operativo De Vido, que incluyó la visita de Elisa Carrió a Santa Fe diciendo, palabras más, palabras menos, "o estás con nosotros o estás con De Vido", el macrismo sabía perfectamente que no tendría ninguna chance de expulsar al ex ministro de Planificación de la Cámara baja.

De Vido es el disco rígido del kirchnerismo, el que sabe todos los secretos. Pero que se entienda: es también el que conoce al dedillo qué pasó con los gobernadores peronistas. Y los no peronistas también. Por ende, los diputados se cuidaron muy bien y consultaron a los mandatarios provinciales. Resultado: no le soltaron la mano.

Pero no hay que detenerse demasiado en la creencia de un triunfo kirchnerista por la votación en Diputados. Al gobierno le conviene tenerlo a De Vido vivito y coleando, como una especie de certificado de continuidad de la memoria emotiva. Es tan impresentable De Vido que se transforma en una piedra en el collar ya no del kirchnerismo, sino del peronismo.

El optimismo de Peña

Durante su visita a Santa Fe de las últimas horas, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, estuvo eufórico en las reuniones cerradas con dirigentes de Cambiemos. "Vamos a ganar en las provincias grandes, y en provincia de Buenos Aires ya tenemos un par de encuestas que lo dan arriba a Esteban (Bullrich)", apuntó Peña. En la Casa Rosada admiten que el peor lugar para Mauricio Macri sigue siendo Rosario. "Todos los sondeos muestran que los rosarinos están enojados, pero no sólo con nosotros. Es con todos", dijo a LaCapital una primera espada del oficialismo nacional. Para intentar modificar un poco esa maña onda de los rosarinos con el presidente, Macri estará la semana próxima en la ciudad. Mañana visitará la capital provincial y hará allí un acto de campaña.

La mayor ventaja comparativa que tiene Cambiemos es la dispersión del voto opositor. El colectivo macrista seguramente será el más votado nacionalmente, pero con un porcentaje módico, austero. Es más, el 13 de agosto a la noche habrá, mínimo tres lecturas de los resultados, según quién gane en provincia de Buenos Aires, quién resulte el más votado nacionalmente y cómo se distribuyan los porcentajes.

Si Macri gana con menos del 40 por ciento de los votos, desde octubre próximo hasta 2019 la oposición seguirá tensionando en el Parlamento y en las calles, pero no podrá imponer una figura de recambio que mueva los amperímetros.

Y aquí hay que hablar de la histórica gran electora: la economía. En esta columna se viene escribiendo desde 2016 que el país asiste a un momento bisagra en el clímax político. No es habitual que el peronismo pierda. Y cuando pierde es como un pez fuera de la pecera. Por primera vez en la historia, el PJ saldrá cuarto en la provincia de Buenos Aires. Cristina, quien no tiene ninguna chance de regresar al gobierno, si gana en octubre mantendrá a baño María a todo el peronismo.

En ese hormiguero zapateado que es la oposición cabalgan las mejores expectativas para el macrismo, que cumple ya más del 40 por ciento de su gestión sin haber generado una sola medida positiva para las clases medias y bajas. Ya es demasiado tiempo sin buenas noticias reales, aunque ahora desde el oficialismo se haga hincapié en que todos los datos macro están mejorando.

Como un baldazo de agua fría, a dos semanas de las elecciones, el dólar sigue su camino ascendente, algo increíble para quienes se consideraban como los campeones mundiales de la previsibilidad. En Argentina, cada vez que sube el dólar algo malo está en ciernes. Y ahora no es la excepción: el precio de las cosas podría tener otro subidón.

El macrismo, definitivamente, no ganará las elecciones por la economía. Y, si las pierde, sí será por la sensación térmica del bolsillo. A diferencia de otras realidades políticas no habrá en las primarias ni en las generales un frente opositor unificado y visible en todos los rincones del país. Sí tendrá ese esquema Cambiemos, que se presenta en 23 de los 24 Estados provinciales.

No parece haber en el interior del gobierno demasiados temores por el resultado final, aunque en las últimas semanas se vieron obligados a nacionalizar las campañas exportando a Elisa Carrió fuera de la Capital Federal para inocular el virus De Vido. El gobernador de Mendoza,Alfredo Cornejo, se mostró prudente sobre el delicado presente y activó alarmas macristas: "Quizá no le guste al presidente, pero este es un gobierno de transición".

El viernes, una referencia oficial sostenía: "Los radicales creen que si nos va bien se viene más macrismo y menos radicalismo. Capaz que creen bien...". Lo cierto es que luego de las elecciones el jefe del Estado moverá el mantel de la mesa y decidirá reducir los ministerios. "Con Mauricio nunca se sabe. Nadie hubiera pensado hace un tiempo que le sacaría la roja a (Alfonso) Prat Gay, todos pensaban que el expulsado iba a ser (Francisco) Cabrera. Pancho sigue siendo el más flojo, pero vaya uno a saber qué cartera se cerrará o qué ministro se irá", amplió el informante.

Para eso, falta toda una historia por construirse. Hoy, la única realidad pasa por las primarias y hacia allí se dirigen los objetivos del gobierno y de la oposición. Y nunca están de más las puestas en escena de campaña.

 

Fuente: La Capital

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital