Rosario, Jueves 23 Noviembre 2017
Martes, 13 Junio 2017

Apenas sesenta días

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Elecciones 2017. Siete de cada diez argentinos no sabe para qué irá a las urnas dentro de dos meses. Tal vez haya que buscar las razones en hábitos partidarios más centrados en los egos que en el deseo de construir un proyecto.

Siete de cada diez argentinos no tiene la menor idea de qué va a votar en exactos setenta días. No se trata de no saber a qué candidato sino que, peor, no se tiene noción del porqué y para qué de las elecciones primeras abiertas y simultáneas que se celebrarán el 13 de agosto. Esto lo revela una encuesta terminada hace menos de 72 horas y que va a ser publicada por una ONG dedicada a la transparencia institucional.

Las Paso fueron creadas por ley en 2009. La norma vino a tratar de remediar el autoritarismo partidario que decidía a dedo quiénes eran los candidatos y ponía como filtro de esa elección la burocracia de comité o unidad básica, el amiguismo o simplemente la prepotencia. La idea es abrir las internas de los partidos y permitir que cualquier ciudadano, en un solo partido político y aún sin ser afiliado a él, pueda votar eligiendo al candidato que no necesariamente votaría en la elección general. La fantasía de la creación del sistema imaginaba especialmente a la mayoría que jamás había firmado una ficha de afiliación concurriendo a las urnas de peronistas, radicales, socialistas o de lo que fuera a opinar sobre sus postulantes. Siete de cada diez argentinos, a ocho años de su entrada en vigencia, no tiene la más pálida idea de cómo funciona el sistema.

Florencio Randazzo no piensa moverse del Partido Justicialista. Cristina, hoy, es una candidata que se piensa más afuera del PJ que adentro. Los radicales van en péndulo desde el acuerdo nacional con Cambiemos a crisis fuertes como en Santa Fe. Martín Lousteau, dicen cerca de él, prepara un patadón en la mesa política del acuerdo Carrió-Rodríguez Larreta. Y así, en muchos otros distritos.

La primera conclusión que podría sacarse de estas dos realidades es que, apelando a la teoría de conjuntos de nuestra escuela primaria, los círculos de las mayorías no se tocan con los de los dirigentes. No hay intersección ni mucho menos unión. El debate público de los principales candidatos debería tomar nota de esto porque en caso contrario se repetiría a escala nacional la escena de un niño oriental viendo un programa de televisión hablado en español.

El gobierno central no ha promocionado una sola campaña sobre las elecciones que se avecinan en 60 días. Por las dudas, lo que está prohibido como publicidad es la difusión de candidatos o de sus propuestas. Pero el sistema bien podría ser contado a través de movidas públicas. Nada.

El conjunto de los políticos

Decir que alguien sabe qué hará la ex presidenta Cristina Fernández es asumir un oxímoron. Su propio hijo le confesó a uno de los intendentes leales (sic) que no abandonó el redil K que la decisión "es sólo conocida por ella y por Dios". La desmesura dialéctica volvió a algunos escenarios. Sin embargo, esta semana se vio muy activo el kirchnerismo residual juntando voluntades para tener el sello de un nuevo frente popular que, entre otros, ya tiene garantizado el aval de Luis D Elia, Amado Boudou y Guillermo Moreno. No hay adjetivos para agregar.

Cristina está muy disgustada con Randazzo. Desde junio de 2015 el diálogo entre ella y su ex ministro del Interior se puede calificar como protocolar y frío al principio para devenir en nulo y de recelo ahora. Hace dos años, recuerdan los memoriosos, Cristina hizo subir a su despacho a Randazzo y le comunicó que Carlos Zanini era el candidato a vicepresidente que ella había elegido para que acompañara en las Paso, justamente, en las que se dirimiría la fórmula presidencial. Randazzo reaccionó con dureza. La acusó de inclinar la cancha a pesar de haberle prometido no hacerlo. La entonces presidenta le dijo que él era el candidato a gobernador de Buenos Aires y que en la próxima podría aspirar a la Casa Rosada. Cuentan los pocos que escucharon las versiones de los dos protagonistas que el hombre de Chivilcoy logró enfurecer a la doctora Kirchner rechazando el ofrecimiento de ser gobernador. "Dije que era candidato a presidente o nada. Tengo una palabra que cumplir", habría dado por concluido el acto antes de cerrar la puerta del despacho presidencial. Por eso Randazzo lanzó ayer su espacio "Cumplir". Para dejar claro que sigue en carrera y para ratificarle a Cristina que su tono es el mismo que el de 2015.

El gobierno celebra esta pelea. De hecho, Mauricio Macri intentó lanzar la semana que acaba de terminar la candidatura de Cristina: "No me preocupa que sea candidata. Sí que represente volver al pasado", dijo el primer mandatario azuzando a su antecesora para que ya comience a mostrarse como elegible. Los timbreos porteños y bonaerenses que forman parte de la estrategia del PRO están dirigidos a generar esa polarización o, mejor, dilema. "Somos nosotros o vuelve Cristina", se les escucha decir a los caminantes de Cambiemos en las casas que visitan. Dicen los militantes del oficialismo que en el tercer cordón industrial de la provincia han escuchado con alguna repetición el "ojalá que vuelva".

Jaime Durán Barba, el principal asesor político del presidente, niega que él impulse la grieta. Es más: a este cronista le dijo que esta división es muy peligrosa. Fuera de ser la clausura del debate de ideas en serio haciendo religiosa la discusión política a través de dogmas, favorece el fortalecimiento del kirchnerismo. "Cristina no fue. No está muerta políticamente. De hecho, nadie está muerto en política. Ella puede volver. Ella representa a los pobres por más que sea más rica que Mauricio Macri", definió el ecuatoriano. Es verdad que ni bien dice esto se apura a precisar que no cree en el retorno de la dos veces presidenta. "Su imagen negativa está consolidada y es un obstáculo insalvable para pensarse otra vez primera mandataria. Pero diputada o senadora, puede", afirma.

Queda por fin ver la reacción del radicalismo. En algunos distritos el acuerdo tejido por el ministro sin cartera Ernesto Sanz está firme. La provincia de Buenos Aires se encolumna sin problemas detrás de la indiscutida María Eugenia Vidal. En la Capital Federal, entre los radicales K (otro oxímoron por el que algún día alguien tendrá que dar cuentas), los desencantados del destrato del PRO y de Carrió, todo está por verse. En Santa Fe, la UCR se rompió y no se dobló y desde adentro Jorge Boasso quiere también cumplir su palabra presentándose como candidato a diputado nacional. Aun contra el deseo de Balcarce 50.

Faltan dos meses para las elecciones y quizá habría que encontrar las razones de la apatía ciudadana en estos cabildeos partidarios más propios del ego que del deseo de construir un proyecto para combatir la inseguridad y la inestabilidad económica, que están sí en el primer plano de lo irresuelto.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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