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Lunes, 06 Marzo 2017

Grieta, jarrón chino y depuración

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Claves. La caída del gobierno en las encuestas lo hizo cambiar de estrategia y buscar la profundización de la grieta con el kirchnerismo. Un año político clave que también clava el ancla en Santa Fe.

Algo no termina de nacer. Algo no termina de morir. Ese es el auténtico trazo grueso de la política argentina, lo demás es lateralidad.

La idea del macrismo de convertir su triunfo de noviembre de 2015 en un cambio cultural que modifique de raíz los usos y costumbres de la herrumbrosa política nativa se dio de bruces contra los groseros errores no forzados del sujeto emisor y por el mantenimiento de vicios eternos, como la escasa diferenciación entre intereses privados y negocios públicos. O viceversa.

Pero, además, o por sobre todo, en estos meses de administración de Cambiemos la economía no dio signos elocuentes de broteverdismo en los bolsillos de los ciudadanos, el órgano más sensible. ¿El gobierno leyó su victoria de manera errónea? ¿Sus votantes lo hicieron mucho más por un cambio de estilo que por un cambio de modelo económico? Lo hecho, hecho está. Ahora debe sacar la camioneta del pantano.

Todas las encuestas —confiables y nada confiables— aluden a una marcada caída de la imagen del gobierno, pero eso no es lo más preocupante, porque siempre las acciones de los gobernantes están sujetas al subibaja cotidiano. Lo medular es que ha decrecido la expectativa de la sociedad, algo que fue hasta aquí el colchón de Mauricio Macri.

Mala onda

Se escribió en esta columna más de una vez, que la ecuación que presentaban los sondeos (de rechazo a la política económica, pero con optimismo a mandíbula batiente para el futuro) era un hecho inédito en el país. Pues bien, ahora las expectativas económicas necesitan un refresh, algo que, desde lo dialéctico quiso ejemplificar el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, cuando dijo que la recesión se terminó. ¿Se terminó?

Debe decirse por primera vez, y para que impere optimismo en el oficialismo: hay un núcleo de votantes, cercano al 32 por ciento, que sufragará por Cambiemos sea cuál fuere el estado de la economía. Se lo dijo en otras palabras un funcionario nacional a LaCapital: "Sabemos que podemos perder por la economía, pero no vamos a ganar sólo por la economía".

Y ahí aparece la buena noticia para el gobierno: el kirchnerismo no termina de morir y le permite hacer un perfecto ejercicio de contraplano. "Si perdemos, vuelven ellos. Pasado contra futuro. Autoritarismo versus libertad. Esos van a ser los parámetros de campaña", agregó la fuente, con despacho en el primer piso de Casa Rosada.

Para los políticos oficialistas y opositores las elecciones de mitad de mandato son un mojón, cuyos resultados definirán el futuro inmediato. Y el bastión es provincia de Buenos Aires, el embrión del triunfo macrista, el distrito que mostró que el peronismo ya no es invencible.

Ahí la noticia es que, pese a los pronósticos de derrumbe automático, Cristina Kirchner sigue siendo la referencia central de la oposición, taponando cualquier aparición de nuevo liderazgo en el PJ y convirtiendo a Sergio Massa en una especie de jarrón chino, que no tiene ubicación central como consecuencia de la grieta entre Macri y la ex jefa del Estado.

Cristina mide más que el resto de los posibles candidatos, pero el gran interrogante a resolver es si quiere ser postulante a diputada o senadora. ¿Arriesgará su 54 por ciento de voto presidencial a la eventualidad de perder una elección legislativa con un personaje político menor del oficialismo? Sabe que, a la par de una intención de voto interesante, tiene una percepción negativa muy alta en el resto de la sociedad. No alcanza para volver.

Si Cristina decide ser candidata, automáticamente polarizaría con Cambiemos, que hoy no tiene —salvo en Elisa Carrió— ni un sólo candidato a la altura de las circunstancias. A la hora de polarizar con la ex presidenta, Cambiemos mejoraría su performance, aun sin Carrió en la boleta.

Ni Macri ni María Eugenia Vidal le van a dar a la indómita legisladora chaqueña la oportunidad de ganar la cucarda en la principal provincia del país, que conlleva la posibilidad de terminar con el kirchnerismo. Y Carrió lo sabe. Por eso, deberán ocuparse los macristas en contener a Lilita, quien ya vinculó a Jorge Macri con la corrupción.

La política argentina es circular: Cristina eligió como rival a Macri desde el 2011. Y ahora Macri hace lo propio. En tiempos de mala economía se necesitan como el agua. El dilema de Massa es cómo sumar votos peronistas yendo con Margarita Stolbizer. Y el de Stolbizer es cómo lograr votos progresistas participando en una misma lista con peronistas.

Cambio de época en el socialismo

Tampoco en Santa Fe hay alguien que pueda tirar manteca al techo. Por primera vez en muchísimos años el socialismo no tiene a tres meses de un cierre de listas candidatos definidos, al menos por el run run. Ni a diputado nacional ni a concejal de Rosario. Si Antonio Bonfatti decide ser postulante para la Cámara baja automáticamente se alinearían los planetas, pero el ex gobernador aún lo está meditando.

Para Rosario, el gobernador Miguel Lifschitz está convencido de la necesidad de instalar a un candidato que no forme parte del viejo archivo socialista. Aunque no lo diga, el candidato de Lifschitz es Pablo Javkin, con quien conversó recientemente sobre los escenarios por venir. Con foto incluida. Esa opción no cae muy en gracia a otro sector del socialismo, que no se resignará a ceder el primer lugar de la marquesina.

Pese a la necesidad de aunar voluntades de cara a un año clave, la semana terminó con el histórico dirigente del PS Rubén Giustiniani excluido del interbloque en Diputados. Giustiniani tradujo esa situación, y se consideró expulsado del partido que condujo y que, incluso, lo tuvo 12 años como senador nacional.

"Me echaron porque soy el contraespejo que no quieren ver las autoridades del partido", dijo Giustiniani. "La mandaba a (Silvia) Augsburger a las reuniones, votaban en contra y les filtraban información a la oposición", reveló un diputado oficialista. "No es momento para expulsar sino para incluir", mensuraron desde la Gobernación.

Calma, socialistas.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital