Rosario, Miércoles 22 Noviembre 2017
Lunes, 05 Diciembre 2016

Macri y Lifschitz, detrás de escena

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El presidente y el gobernador lograron encauzar una relación que nació de la peor manera. Ambos coinciden en la viabilidad de unificar elecciones. Los dilemas y la intimidad de Balcarce 50.

El aire acondicionado está clavado en 24 grados en el despacho presidencial. Y no hay forma de modificarlo, aunque el periodista transpire allí más que la bandana de David Foster Wallace. Sirve como parangón o metamensaje de lo que piensa el presidente sobre la realidad: es por acá, guste o no guste. Cambiamos.

En el salón principal de la Casa Rosada, en el que transcurre sus días Mauricio Macri, no se habla de política cuando los grabadores se apagan. Al jefe del Estado no le interesa consumir palabras en las roscas de las provincia de Santa Fe. Ni siquiera conoce al dedillo los nombres de algunos que podrían ser candidatos.

"Hablar de candidaturas ahora sería una locura. Me preguntan si voy a ir por la reelección y ni siquiera se me ocurre pensar en las elecciones de 2017. Mi día a día se debate en solucionar conflictos, trabas. Hay muchas trabas", le dice a LaCapital.

Para Macri sería una buena noticia que las provincias eviten los desdoblamientos electorales, algo que, casi con seguridad, decidirá el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, antes de fin de año. "¿Qué vas a hacer con las fechas, Miguel?", preguntó el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. "Estoy pensando en unificarlas, hay que pensar en gestionar y en la gente", contestó Lifschitz. "Lo mismo piensa el presidente, se nota que son ingenieros", clausuró el nieto de uno de los fundadores del desarrollismo.

Pero volvamos al día a día del jefe del Estado. Claramente, baja de su discurso una linealidad de la que no se aparta: "Esto es un cambio de época". Lo primero que sorprende son las respuestas sobre cuestiones en las que el gobierno parece haber errado seriamente.

Cuando se le recuerda que no cumplió su promesa de eliminar el impuesto a las Ganancias, en vez de morigerar la respuesta o condicionarla por el contexto, Macri fundamenta que es algo que sólo le importa al 3 por ciento de los asalariados que más gana.

No sólo se califica con "un 8" en su primer año de gestión, sino que cuando LaCapital le dice que no hay brotes verdes, el presidente se atalona como un soldado defendiendo el bastión: "En su provincia los brotes verdes explotan".

Cuando este diario confronta esa opinión con Lifschitz, la mirada no es tan espectacularmente asertiva pero tampoco es contraria. "Soy muy optimista respecto de cómo va a estar Santa Fe el año próximo, hay datos positivos a montones y esperamos un efecto importante de las 130 millones de toneladas entre soja, trigo, maíz. Yo estoy firmando licitaciones de obras como nunca jamás ocurrió: 7.500 millones", se le escuchó decir al gobernador.

Otra de las cuestiones que sorprende al escuchar al presidente Macri es la nueva valoración sobre la relación con el titular de la Casa Gris: Lifschitz no es más "el gobernador con menos vocación de trabajar en equipo". Es el "amigo Miguel". Cuando describe el nuevo estado de las cosas, el primer mandatario nacional dice que lo puso "contento" la sintonía alcanzada entre ambos.

Hagámoslo en privado

Lifschitz consiguió lo que buscaba desde un principio pero que no había podido lograr por una mirada de rechazo casi total del presidente tras la explosiva relación entre el PRO y el Frente Progresista en el escrutinio de las elecciones locales, y de la saga casi novelesca de las andadas de los prófugos Lanatta y Schillaci en el litoral santafesino. Ahora, se escriben periódicamente por Whatsapp, mucho más de lo que se sabe y trasciende públicamente.

Luego de leer las declaraciones de Macri, Lifschitz también se permite una broma: "Lo vamos a hacer socialista al presidente".

Pero todo el contexto declarativo y los nuevos tiempos de la relación volvió a mostrar sobre escena las diferencias notorias de posicionamiento adentro del socialismo.

A las 24 horas de los dichos de Macri sobre el gobernador, Antonio Bonfatti puso otra vez blanco sobre negro las contradicciones ideológicas y le contó las costillas al Ejecutivo nacional por su política económica. El ministro de la Producción, Luis Contigiani, hizo lo propio.

En la Casa Gris creen que las críticas recurrentes al gobierno nacional "no suman nada". Pero inmediatamente, surge una interrogante: aunque Bonfatti tiene vuelo propio por sus antecedentes y su peso específico, ¿cómo es que Contigiani no se enteró de que vivir criticando al gobierno "no suma nada"? Al fin, la historia del bueno y el malo no es novedosa en la política santafesina a la hora de vincularse con un gobierno nacional.

De vuelta en la intimidad de la Casa Rosada, está claro que al presidente no lo entusiasma, ni mucho menos, la idea de ir hacia un acuerdo con sectores del peronismo que involucre la posibilidad de ceder cargos y espacios institucionales. "Se cansaron de errarle cuando decían que sin un acuerdo con (Sergio) Massa nos ganaba las elecciones el peronismo. Parece que Emilio (por Monzó) no lo entendió", susurraban el martes pasado en una oficina de Balcarce 50.

Sorprendió con la frialdad y la dureza con que el jefe del Estado lo despachó a Monzó, al fin el presidente de la Cámara de Diputados, la misma que le dio al gobierno más de 70 leyes con el concurso de la oposición tras roscas exitosas encabezadas por el propio Monzó. "Monzó vive en un microclima", soltó Macri.

El presidente recibe todos los días encuestas que lo ubican con valores de imagen iguales o levemente superiores al 50 por ciento, toda una rareza si se tiene en cuenta la consideración negativa sobre la economía. Pero sabe el líder de Cambiemos que un buen porcentaje favorable —el núcleo duro— no quiere saber nada con establecer nudos políticos con el peronismo. Aquí también hay buenos y malos.

Macri tiene semblanteado a Massa. Lo apodó "ventajita". En los focus group no logran hacer síntesis de presuntas bondades de un potencial acuerdo con el jefe del Frente Renovador que vaya más allá de la provincia de Buenos Aires.

La entrevista que concedió Macri a este diario y a otros matutinos del interior le sirvió también para que quede en claro su decisión de avanzar en las cuestiones de la gestión por encima de los meandros políticos, que están generando divisiones internas en su propio equipo de gobierno.

Macri se mueve, declara y actúa como un DT (sus críticos dicen que como "un gerente") y, en eso, cobra sentido la réplica de la Copa Libertadores que tiene como principal souvenir en su propio despacho, con las cuatro chapitas de las cuatro ediciones que ganó Boca Juniors, con él como presidente.

El tiempo dirá si podrá añadir una quinta chapita de la mano de su gestión como presidente o si habrá sido sólo una golondrina de estación. La respuesta llegará en las elecciones de mitad de mandato.

 

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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