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Martes, 19 Julio 2016

La peor semana del gobierno

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Los errores no forzados ahora repercuten directamente en el órgano más sensible de los argentinos: el bolsillo. Los episodios de corrupción K, la primera protesta no sindical y los efectos políticos en Santa Fe.

Concluye la peor semana del gobierno nacional desde el 10 de diciembre. Esta vez, los errores no forzados de la administración impactaron de lleno en el bolsillo de los argentinos, y eso no tiene retórica que lo neutralice. Y la retórica es mala, casi inexplicable.

El tarifazo de gas, que pegó bajo la línea de flotación, originó la primera protesta social, el jueves, que tuvo una motivación justa y una concurrencia relativa. Que el gobierno no tenga duda: el malestar por la gestión económica es muy superior en cantidad a los ciudadanos que se movilizaron haciendo algo de ruido.

En ese nudo se explica la dualidad de las sensaciones. La mala performance en el terreno económico aún no tiene un frente homogéneo de rechazo por la necesidad popular de creer que hay una luz al final del túnel y por la sensación de grotesco permanente que trae la rémora del pasado presente, un oxímoron permitido por el revoleo de 9 millones de dólares hacia el interior de un monasterio y las cajas de Florencia Kirchner infladas de dólares.

A Dios rogando. Al tiempo que en el gobierno piden al cielo que florezcan mil hermanas Celia, los jueces vuelven a demostrar su eterno bamboleo. Si durante los 12 años de kirchnerismo en el poder se dedicaron a impedir que las aguas se muevan ante cada denuncia de corrupción, hoy autorizan con velocidad crucero que se muestre la cajita feliz de la hija de Néstor y Cristina. El que lo avaló es Julián Ercolini, el mismo juez que en 2008 recibió la megadenuncia por asociación ilícita contra Kirchner, funcionarios y empresarios amigos, que radicó Elisa Carrió, quien lo denunció en el Consejo de la Magistratura.

Ese cambio de viento en los tribunales y el contenido de las imágenes que se hacen visibles en las pantallas es la mejor noticia para Mauricio Macri, quien —para no ser menos que el ministro Juan José Aranguren— pifió discursivamente en sus últimas apariciones públicas. Una fuente oficialista ratificó especulaciones periodísticas: "A Aranguren le facturan el aumento, pero sólo obedeció órdenes de Macri, (Mario) Quintana y (Gustavo) Lopetegui. Mauricio se apoya mucho en ellos".

Sea como fuere, el presidente tiene, entre tantas pálidas, dos buenos escenarios: un fusible en quien la sociedad puede arrojar culpas (Aranguren) y una realidad contextual que le permitió hacer experimentos sociales a cielo abierto (tarifazos). Pero el tiempo político, como en la canción de Andrés Calamaro, es muy corto y los comicios de mitad de mandato están a la vuelta de la esquina.

El poskirchnerismo en ciernes volvió el zoom hacia Sergio Massa, quien entra y sale de su rol opositor de acuerdo a cómo se direccionen las encuestas. En el núcleo central del massismo vocean que Miguel Pichetto ya ha decidido pegar el enésimo barquinazo. Si el jefe de los senadores peronistas antes estuvo con Cristina y Néstor, previamente con Eduardo Duhalde y antes con Carlos Menem, ningún prurito tendrá ahora para fichar con el ex intendente. No es Pichetto un "alma bella con culpa", como describió a macristas y radicales.

Pero esa habitual ansiedad de Massa puede hacerle repetir el error, como cuando a la salida de su victoria en 2013 convirtió al Frente Renovador en un recipiente de figuras muy mal vistas por la sociedad. Recuérdese el caso de Raúl Othacehé, el cacique peronista que llevaba 23 años como intendente de Merlo y acumulaba innumerables denuncias de sus opositores por persecución política, enriquecimiento ilícito y violaciones a los derechos humanos.

Resultaría toda una sorpresa política que hoy Massa conviva con Margarita Stolbizer (qué sí le aporta un flanco favorable), Pichetto y Juan Abal Medina, un ultrakirchnerista que está procesado por los desaguisados entre el gobierno anterior y Fútbol para Todos. "Sergio, vístete despacio si estás apurado", deberían decirle a Massa los massistas.

Las ventanillas radicales. La dificultosa realidad que atraviesa el gobierno de Cambiemos tiene sus efectos colaterales en Santa Fe. Un radical que toca la cuerda del macrismo ya le ha dicho a Lifschitz, por ahora en forma irónica: "Miguel, por las dudas no nos cierres la ventanilla del Frente Progresista".

Por lo pronto, el presidente de la Unión Cívica Radical nacional e intendente de la capital provincial, José Corral, se ha permitido las primeras críticas al gobierno nacional. "La gente sabe que no tenemos cuentas en Panamá y que podemos dar la cara y decir lo que hacemos", fue el bombazo que sacudió las paredes, incluso, de Balcarce 50.

De acuerdo a lo que pudo saber LaCapital, Corral se molestó porque no fue invitado a la reunión convocada por el gobierno nacional, en la que Rogelio Frigerio y Miguel Lifschitz firmaron un convenio para construir 630 viviendas. En representación de Santa Fe, además del gobernador, estuvo Anita Martínez. "Estaba al rojo vivo el grupo de Whatsapp que tenemos con Corral y otros dirigentes del PRO santafesino", blanqueó un informante.

Ni lerdo ni perezoso, y al tanto del panorama, desde el Frente Progresista el diputado provincial socialista Rubén Galassi le pidió a Corral que sea candidato a gobernador, pero de la coalición santafesina. Por ahora, confirman desde el PRO que en agosto quedará conformado Cambiemos en Santa Fe, con la acción bautismal del presidente de la Nación y de Marcos Peña.

En verdad, y más allá de las broncas comarcales del presidente de la UCR, los radicales también están reconsiderando su rol en el gobierno nacional. Fueron los primeros en objetar la política energética llevada adelante por Aranguren, y el ministro los metió en un lodazal. Pero Macri lo confirmó en el puesto. En los festejos del 9 de Julio tuvieron que resistir las ironías de todo el arco político por la participación en el desfile del ex carapintada golpista Alco Rico. El gobierno no sabe cómo pasó lo que pasó.

Buscando peronistas. Este diario adelantó la semana pasada que otro frente de tormenta y de malestar radical era el intento oficial de seguir incorporando peronistas en provincia de Buenos Aires, algo que ganó estado público durante las últimas horas. No sólo fue así, sino que la gobernadora María Eugenia Vidal decidió compartimentar el único ministerio en manos de un radical, para así darle lugar al ex massista Joaquín de la Torre. Calma, radicales.

Macri necesita ganar las elecciones de 2017 para intentar seguir gobernando. Y en ese objetivo, las provincias de Santa y Buenos Aires son madres de las batallas. Para eso necesitará dejar de lado las chambonadas económicas y apostar a que el peronismo le siga dando buenas noticias.

Entre tanto timbreo de campaña que hizo —y sigue haciendo el PRO—, el gobierno deberá escuchar el sonido de los timbres que empieza a pulsar la sociedad. Es la economía, Macri.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital