Imprimir esta página
Martes, 21 Junio 2016

Un cambio político que se hizo notar en discursos, gestos y protocolo

Escrito por 

De los "pibes para la liberación" al "sí, se puede". El acto en el Patio Cívico marcó contrastes profundos con la escenografía K.

De "los pibes para la liberación" a los pibes que cantaron "sí se puede", de las barras militantes y trepidantes de La Cámpora, Kolina y el Movimiento Evita a un frío y calculado protocolo. De la tensión al deshielo político. Contraste del día de ayer con los últimos actos del Día de la Bandera, en el mismo lugar.

Aquellas convocatorias en las que Cristina convertía al 20 de junio en demostraciones de fuerza K, repletas de militantes, consignas y voluptuosidades marcó un perfecto contraplano con lo ocurrido en el Patio Cívico del Monumento, en un acto organizado en forma compartida por el gobierno nacional y los Ejecutivos locales. Hubo globitos —celestes y blancos, no amarillos—, selfies, muchos funcionarios, alumnos de escuelas, legisladores. Y no mucho más.

La organización del evento central —craneada como un efecto embudo para evitar personas y personajes no invitados a la fiesta— impidió que se escucharan los ecos del tensionado mediodía entre militantes K y gendarmes, que dejó al concejal Eduardo Toniolli herido como consecuencia de un bastonazo. El viento sí traía los cánticos macristas de adherentes al presidente, ubicados afuera del perímetro del Patio Cívico.

Aplausos y comodidad. Por primera vez en muchos 20 de junio no hubo silbidos para los gobernantes locales. Mónica Fein y Miguel Lifschitz cosecharon aplausos en sus piezas oratorias, que pendularon entre el historicismo sobre Manuel Belgrano y algunos pincelazos sobre la coyuntura. Se los veía cómodos al gobernador y la intendenta, pese a que el jefe del Estado no se caracteriza por demostraciones de afecto que vayan más allá de una mano fría o una palmadita en el hombro. El contexto era diferente.

Si los actos kirchneristas venían cargados desde la previa con la letra y música embebida de testimonialidad militante (con canciones de Víctor Heredia, León Gieco o Liliana Herrero) está vez las canciones que llegaban desde los parlantes eran de Miranda, Tan Biónica, Babasónicos y Lisandro Aristimuño. Cambiamos.

No cambió la centralidad presidencial: así como toda la escenografía de los actos anteriores se concentraba en los gestos, la oratoria y los mohines de Cristina, ayer el escenario central tenía un único funcionario nacional: Mauricio Macri.

Una histórica encargada de protocolo y ceremonial fue gráfica a la hora de la comparación. "Lo único que quedó de los actos anteriores es el locutor, me parece que ni el que personifica a Belgrano es el mismo".

Luego del discurso de Fein, fue el turno de Lifschitz, quien habló de los "sueños, ideales y sacrificios". El gobernador basó su pieza discursiva entre el objetivo de ir a "una Argentina desarrollada, moderna, democrática y con justicia social".

Cuando le tocó el turno, el presidente marcó una discordancia: "La patria la hacemos entre todos, es la suma del esfuerzo de cada uno de nosotros, por eso quiero invitarlos una vez más a comprometernos con la cultura del trabajo, del esfuerzo, ahí gobernador (en referencia a Lifschitz) tengo una pequeña diferencia, yo no creo en el sacrificio, pero sí en el esfuerzo que dignifica la tarea de cada uno de nosotros".

Macri no hizo ningún tipo de anuncios para la provincia o Rosario, dibujó un discurso con generalidades, pero haciendo eje en "el cambio". Sí se comprometió a trabajar junto al gobierno provincial "para derrotar al narcotráfico, que tanto daño le hizo a Rosario".

Fue en ese momento que, desde los costados del Patio Cívico, empezó a brotar el cántico de la campaña electoral de Cambiemos: "Sí, se puede". Inmediatamente, los chicos que estaban allí para jurar lealtad a la bandera, se prendieron en el hit macrista. "Se quejaban de los kirchneristas, pero estos también usan el acto con fines partidarios", dijo un funcionario del Palacio de los Leones, como al pasar.

Macri tomó esa consigna como acicate para ponerle un poco de adrenalina a su estilo dialecto: "Sí, se puede. Trabajo, trabajo y trabajo. Es aquí y ahora. Sí se puede". Hubo aplausos, luego selfies "con los chicos" y con una emotiva puesta en escena con los globitos al cielo y un esforzado muchacho que bajaba desde la punta del Monumento con la bandera argentina. Aplaudían dirigentes macristas, radicales, socialistas y una única referencia peronista visible: Omar Perotti.

Cortito y al pie, todo duró 25 minutos. Al fin, Macri estuvo más tiempo brindando en Canal 3, que festejaba un nuevo aniversario, que en la mole de cemento al lado del río Paraná. Así parecen ser los nuevos tiempos. Fríos, protocolares, mediáticos.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital