Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Lunes, 14 Marzo 2016

Macri y Lifschitz: dos a quererse

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El gobierno deberá apostar con necesidad y urgencia a terminar con las variables de precios altos y salarios bajos. El "efecto cascada" del acuerdo con los holdouts. La relación de la Casa Rosada con el gobernador y el socialismo.

Precios por las nubes, salarios bajos, inflación alta. A la modificación de esas variables deberá apostar el gobierno como verdadera política de Estado, si es que pretende mantener las expectativas creadas que convirtieron a Mauricio Macri en presidente de la Nación.

Aunque es verdad que cierta geografía política juzga a la administración Cambiemos como si hubiera asumido el poder hace doce años sin tener en cuenta que recién transcurrieron tres meses de la salida de Cristina Fernández de Kirchner, no es menos cierto que la sensación térmica es de inquietud por algunas variables que van por el ascensor y otras por la escalera.

Uno de los errores que cometió el gobierno fue el uso desmedido a la hora de crear expectativas sobre el impuesto a las Ganancias. Si a eso se suma la elevación de las tarifas en los servicios públicos, poco margen queda de recepción positiva a la economía del aquí y ahora.

El fantasma de la recesión debe agudizar los sentidos de los funcionarios para evitar el incremento de despidos en la actividad privada, que algunos encuadran hoy en 70 mil trabajadores. En ese campo está la pelota.

La Argentina está poblada de microclimas políticos que mutan de acuerdo a los escenarios. Poco tiene que ver el sentimiento actual de los sectores urbanos de la población con la algarabía con la que el campo recibió al presidente en la Expoagro, una especie de macrilandia que, el miércoles, lo vivó al grito de "sí, se puede".

Allí, bajo el sol chirriante del mediodía en un costado de la autopista Rosario-Buenos Aires, el presidente les dijo a productores y empresarios del sector: "Les cumplí todo lo que les prometí en la campaña".

Del diálogo con funcionarios y voceros aparece un discurso unívoco: "Hay que pasar el invierno y tenemos cómo pasarlo". Sostienen en los reservorios macristas que la llave para cambiar de estación y de clima social está en el acuerdo con los holdouts, salvoconducto para el regreso de inversiones, créditos y reinserción argentina en el mundo. Apuestan a que la inflación del segundo semestre sea del 1%.

Como se escribió en esta columna desde el mismo momento en que la fórmula Macri-Gabriela Michetti se impuso en el ballottage, sin el concurso de los legisladores peronistas la Casa Rosada no podrá aprobar en el Congreso ni un proyecto de declaración en apoyo a una sociedad de fomento. Hoy, con Sergio Massa yendo y viniendo de acuerdo a lo que digan las encuestas y con los gobernadores queriendo picar del aceitunero, se comprueba que aquella elucubración fue correspondida con la realidad.

El primer partido con ribetes de gran final deberá ser ganado por el gobierno cuando el Parlamento defina si manda a la papelera las leyes cerrojo y de pago soberano.

Para Macri el resultado de la votación tiene la misma importancia que el proyecto de Raúl Alfonsín para democratizar los sindicatos, en 1983. Al entonces presidente radical el peronismo le votó en contra, dejándolo como pato rengo desde el mismo inicio de su mandato. En el gobierno son optimistas: "Es como el Loto, sale o sale. Pero no hay que dejar de negociar".

Macri tiene que dejar atrás el traumatizado inicio de su derrotero económico —aún sin plan a la vista— para empezar a pensar en su política electoral.

En el interesantísimo libro Cambiamos, escrito por el hoy funcionario de la Jefatura de Gabinete Hernán Iglesias Illa, aparece una especie de chiste de Rogelio Frigerio —actual ministro del Interior—, en el momento en que los equipos técnicos de Macri analizaban posibles medidas de ajuste: "Cuánto más rápido hagamos esta cosas malas, mejor".

En ese mismo libro, de lectura clave para entender al PRO, el mismísimo Jaime Durán Barba, máximo gurú del macrismo, deja una sentencia sorprendente: "No hay gobierno que haga un ajuste y después no sea percibido como hijo de puta por la población". Con esos diagnósticos sobre la mesa del principal asesor del presidente, no tendría demasiado margen para equivocar el camino.

A favor de la paciencia de buena parte de la población aparecen las circunstancias políticas que atraviesa el país: no en vano el gobierno puso como contraplano los aparatos simbólicos del kirchnerismo, resistidos por la mayoría de la sociedad que fue a las urnas el 22 de noviembre.

De acuerdo a las encuestas de los últimos días, el jefe del Estado mantiene una buena imagen personal, con descenso respecto de las mediciones anteriores, pero preocupa la cuestión económica, haciendo base en la inflación. Según Management & Fit para un 40,5% el principal responsable es el gobierno anterior, contra un 25,3% de la actual administración y un 22,1% de los empresarios.

En otro orden, y en términos políticos, el gobierno de Macri parte como un rayo la política santafesina y hasta al propio partido de gobierno provincial. Otra vez, y como en un repetido juego del bueno y el malo las dos principales referencias actuales del socialismo parecen tener públicamente una mirada distinta de la gestión nacional. Miguel Lifschitz se mostrará tres veces en 5 días con el presidente (estuvieron juntos en la Expochacra, en la reunión en Casa Rosada y, mañana, en la Facultad de Derecho de la UNR).

Historias santafesinas. El gobernador se mostró públicamente a favor del acuerdo con los holdouts y, durante una entrevista en un programa televisivo, pidió "darle tiempo" al presidente de la Nación. Bonfatti le mordió los tobillos de entrada a Macri, a cuya gestión vinculó con las políticas menemistas, antes de abrevar en otros conceptos sorprendentemente duros. Por estas horas, los diputados socialistas analizan qué posición tendrán cuando se traten las leyes cerrojo y de pago soberano.

La Capital consultó ayer a una de las principales espadas del gobierno nacional sobre el estado real de la relación con la administración Lifschitz. "Los socialistas son complicados y acomplejados. Le doy un ejemplo para que se entienda: la diputada (Alicia) Ciciliani hizo el mejor discurso explicando la necesidad de un arreglo con los holdouts. Pero, 4 días después, no acompañó el dictamen", reveló la fuente.

Según el informante oficialista "de las charlas con Lifschitz se desprende su intento de colaborar, de apostar al pragmatismo, pero después vuelve a Santa Fe y el partido sustenta otra posición. Nos pasa lo mismo que con los peronistas y La Cámpora. Los que tienen responsabilidades de gobierno están prestos a apoyar, pero se reúnen con Máximo y cambian las posiciones".

Otra fuente consultada que reporta en Balcarce 50, dijo que la relación con el gobierno santafesino es "ciclotímica. Está mejorando; arrancamos con frialdad y ahora es tibia".

La cuestión sobre los holdouts también podría mostrar la primera fisura entre los senadores nacionales del peronismo encuadrados en el FpV. La senadora María de los Angeles Sacnun se referencia en La Cámpora y podría votar en contra de la derogación, al tiempo que Omar Perotti, se sabe, tiene una posición más cercana al peronismo moderado.

Al fin, unos y otros, gobernantes nacionales y provinciales, deberán tratar de que los idus de marzo sólo queden como referencia histórica del calendario romano.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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