Rosario, Lunes 20 Noviembre 2017
Miércoles, 10 Febrero 2016

Primero pegue, luego negocie

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Estrategias. El gobierno no está dispuesto a dar una imagen de debilidad. Y sus jugadas políticas responden a esa lógica. Macri y su equipo están satisfechos con los primeros 50 días de gestión.

"Había que dar ese golpe de efecto hacia adentro y hacia afuera. Ahora sí lo vamos a discutir en extraordinarias con la cancha marcada", afirmó en reserva un ministro del macrismo que intentaba explicar el nombramiento en comisión de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz que se debatirá en pocos días en el Congreso nacional. El gobierno nacional cerró así su estrategia de imponer su presencia con gestos controvertidos, primero, para luego sentarse a negociar con la oposición. "No somos la Alianza", enfatizó el mismo secretario de Estado ante este cronista ratificando el concepto que se mencionaba en esta misma columna la semana anterior. "Lo tenían que entender en la oposición y también entre los radicales que se habían envalentonado presionando con nombres y requerimientos", concluyó el mismo ministro.

Mauricio Macri y sus asesores están satisfechos con sus primeros 50 días de gobierno. Tanto en lo político como en lo económico. Por lo primero, creen que la sociedad agradece el cambio de formas públicas y aseguran que la imagen del staff en funciones crece en popularidad. Basta asomarse por la Casa Rosada para que abunden los comentarios sobre los números de aceptación de sus encuestadores (casi la Biblia para el partido amarillo) a los que se suma una supuesta caída en la imagen de la administración K culminada el 10 de diciembre. Sobrevuela un excesivo optimismo estadístico de laboratorio.

Se consigna como punto fuerte de este supuesto ok de la sociedad en estas 7 semanas de gobierno, la revisión de los contratos firmados por el kirchnerismo a favor de militantes en distintos puestos del gobierno. "La lucha contra los ñoquis nos ha sumado", dijo un asesor del PRO. Claro que terminar con el uso del Estado como el modo de acomodar a familiares, amigos y favorecedores era necesario. El kirchnerismo fue impúdico en el copamiento de la administración pública por fieles y dogmáticos sin el menor talento. Pero, por un lado, resultó desprolijo el haber recurrido a una "depuración" preventiva para luego analizar retomar a los cesanteados que efectivamente trabajaban y, por el otro, contradictorio con el nombramiento de familiares del actual gobierno como la pareja del ministro de Cultura, el yerno de otro o los ascensos de la prima de la actual vicepresidente. Quien aseguraba que venía el cambio, debió haber dado el ejemplo. Lo que corresponde ahora y siempre son concursos públicos transparentes.

En lo económico, afirman quienes gobiernan que la salida sin demasiadas turbulencias del cepo cambiario, la tranquilidad en el monto de las reservas del Banco Central (de paso, ¿no sería necesario que el presidente de la entidad publique con lujo de detalles cuántos dólares hay en esa bóveda nacional ya que se trató de un caballito de batalla?) y la "aceptación mayoritaria" (el encomillado pertenece a un textual de un hombre de gobierno que debería ir acompañado de un "sic") del nuevo cuadro tarifario de la luz que federaliza los precios, van a ser una buena plataforma de lanzamiento de las medidas que, por fin, beneficiarán el bolsillo de los trabajadores: impuesto a las ganancias, IVA de la canasta familiar, una ayuda para jubilados y asignaciones familiares. Se consigna como punto del supuesto ok de la sociedad la revisión de los contratos firmados por el kirchnerismo a favor de militantes en distintos puestos del gobierno.

¿Esto se someterá con leyes concretas debatibles en las sesiones extraordinarias del Congreso como los nombramientos de jueces y embajadores? No. ¿Por qué? Inexplicable. Salvo que efectivamente se haya pactado con los jefes de los grandes gremios "empalmar" la discusión paritaria por el incremento de salarios, la baja de Ganancias y el mejoramiento de beneficios sociales. "Si cerramos en un 28/29 por ciento la suba de sueldos y le sumamos 4 o 5 puntitos por lo otro, estamos hechos", le dijo un "Gordo" de la CGT moyanista al jefe de Gabinete Marcos Peña. Demasiada alquimia rebuscada. Sería bueno que el presidente demuestre tanta premura por los jueces supremos como por cuidar el bolsillo de los asalariados y agregue a su temario de convocatoria de sesiones del legislativo estos temas.

Altos y Bajos. Gabriela Michetti asegura que la está pasando mejor que Emilio Monzó. Es que la presidente de la Cámara alta, afirma a los suyos, cuenta con un escenario de negociación con peronistas no dogmáticos, ex kirchneristas que anotaron la derrota electoral, y justicialistas que fueron humillados por 8 años de la gestión que concluyó, dispuestos a sentarse a la mesa de diálogo político. En el despacho de la vicepresidente están convencidos de que si se puntean los gobernadores K, hay que poner una sola cruz en el casillero de Santa Cruz. "Y nada más", dice una de las secretarias de Michetti. El resto de los mandatarios provinciales es tierra fértil para instruir a sus legisladores a la hora de acordar con el macrismo en el caso de que se les garanticen los fondos de la Casa Rosada que les permitan una serena administración.

Emilio Monzó, en la Cámara baja, no la tiene tan fácil. Allí reside el núcleo duro del kirchnerismo encabezado por La Cámpora y por el propio hijo de la expresidente. El quiebre del bloque de esta semana no alcanza para garantizar el número de quorum propio. El massismo y los legisladores que responden a Margarita Stolbizer son contados como propios pero eso está todavía por verse. Sucede que la fractura peronista fue tan estruendosa como los insultos que se proferían desde la oficina tomada por Máximo, con especial direccionamiento hacia los progenitores de Diego Bossio. Fuera del atropello que significó que diputados y sus secretarios hicieran circular el teléfono personal del extitular de la Ansés para que lo injuriasen, las explicaciones de su partida deben buscarse en la campaña electoral en donde varias veces el ahora integrante del bloque justicialista fue destratado por la juventud del proyecto popular y desconfiado sin motivo por su lealtad. Bossio esperó en silencio y se cobró con intereses. ¿Tuvo que ver el PRO en la ruptura de los peronistas? Poco. Al menos, encerró a ese bloque en un camino en pendiente para que resbalase hacia su desenlace.

El jefe de Gabinete nacional aseguró en la última reunión de gabinete que todo marcha como se esperaba. "Salvo una crisis internacional, desde el segundo semestre del 2016 el crecimiento mínimo asegurado será del 3% anual", cuenta un colega del gobierno PRO que les dijo a sus pares. "Si logramos ordenar precios y tarifas, lo que viene será muy bueno", parece que les dijo.

Sería también interesante que se ordenasen las prioridades y, a más de consolidar la gestualidad del poder, se pensara en la mayoría de los asalariados que en pocos días más empezarán a recibir los aumentos directos de las tarifas y los indirectos plasmados en los productos de industrias y comercios alimentados con electricidad. Allí están los ciudadanos que esperan pacientes y sabedores de que la herencia recibida fue oscura pero necesitados de una luz al final de un camino que hasta ahora viene sembrado de piedras para ellos.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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