Rosario, Domingo 19 Noviembre 2017
Lunes, 28 Diciembre 2015

Las dos semanas de Macri

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A 17 días de haber asumido, el presidente va formateando un estilo de gobierno que, hasta aquí, convivió con adelantos, retrocesos, cambios y continuidades. El control de la calle y la relación con la oposición y los sindicatos.

En las primeras dos semanas de gobierno de Mauricio Macri hubo de todo, como en botica.

Es demasiado escaso el tiempo transcurrido desde que Macri asumió la Presidencia, como para trazar un balance serio, meditado y profundo, pero algo debe decirse desde el vamos: la mayoría de los que lo votaron aprueban lo que hizo y los que optaron por Daniel Scioli creen que casi todo lo que hizo es errado. La grieta, que le dicen, y que tendrá que desmadejar. O no.

Las dos semanas muestran avances, retrocesos, continuidades y cambios. Nadie podría decir que Macri no está haciendo lo que prometió, salvo en el espinoso tema de la Corte Suprema, con dos nombramientos que lejos están del deber ser del republicanismo voceado en campaña. Dicho de otro modo: pocos de sus votantes pueden mostrar sorpresa en la mayoría de las acciones que emprendió el líder de Cambiemos.

A puro Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) el gobierno se hizo cargo del Banco Central, levantó el cepo, liberó y rebajó retenciones, subió el tope para Ganancias, designó jueces para la Corte, intervino la Afsca y desafió al gobierno chavista de Venezuela. En esa ofensiva hubo cuestiones que estuvieron bien y otras que se alejaron del manual declamatorio de la campaña.

También debe decirse que los 30 mil pesos que se aplicaron como umbral para el pago de Ganancias resultaron escasos para paliar esa injusticia en un universo más amplio de asalariados, al punto que sólo 300 mil trabajadores percibieron el beneficio.

Caso testigo. Respecto de los nombramiento de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, Macri cometió un error que se pareció demasiado a un salto al vacío, hasta que morigeró sus acciones, postergó los juramentos y habilitó la vía habitual de aprobación de magistrados para la Corte Suprema que, en su momento, inauguró Néstor Kirchner.

Ese episodio y el nombramiento de un yerno del ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, en Arsat fueron los dos pasos en falso.

Es tan generalizada la satisfacción en el oficialismo nacional por las acciones y la recepción de la medidas implementadas que, el presidente, con sólo 15 días de gestión decidió tomarse unas vacaciones en Villa La Angostura, algo que no tiene demasiados antecedentes, aunque ahora fueron suspendidas por su viaje a Entre Ríos por las inundaciones.

Pero, el dato más saliente de la táctica política de Macri —habrá que esperar para saber si se convierte en estrategia— es haber elegido al cristinismo, al kirchnerismo paladar negro, al núcleo duro, o como se lo quiera llamar, como adversario o contraplano de sus decisiones.

La provocadora declaración de Aguad de hace días poniendo en duda la continuidad de la ley de medios, la intervención a la Afsca y la firme posición contra el gobierno de Nicolás Maduro tuvieron el objetivo de marcar la cancha con el relato del gobierno que se fue y, de ese modo, exaltar las contradicciones.

Se sabe que hoy por hoy en el universo opositor el único que tiene cierta capacidad de movilización es el kirchnerismo, pero que también ese espacio no puede por sí solo alterar el estado de las cosas. Las leyes de las tácticas y las estrategias políticas hablan de la trascendencia crucial que tiene la elección del adversario.

Claramente, Cristina Fernández de Kirchner eligió como opositor preferido a Macri durante buena parte de sus dos mandatos, en la creencia de que esa opción partía el escenario entre centroizquierda y centroderecha y le permitía moverse con más tranquilidad en el vector "progresista".

Los propios kirchneristas lúcidos admiten que esa variable existió, pero que nunca pensaron que el ex jefe de Gobierno porteño "se les iba a escapar tan alto". Macri no debe perder de vista los movimientos en el peronismo, y sus gurúes saben que la mejor forma de evitar sinsabores es que el PJ siga siendo una cáscara vacía, con liderazgos no resueltos.

Si el peronismo se reuniera en sí mismo y abrazara algo parecido a la unidad con los gobernadores, Sergio Massa, José Manuel de la Sota, Juan Manuel Urtubey, además de referencias que estuvieron y están en el kirchnerismo, el tránsito hacia el éxito podría complejizarse.

Hoy, sin el voto de los peronistas, Cambiemos no puede sacar del Congreso ni una declaración a favor de una sociedad de fomento.

Salvo errores mayúsculos, Macri gozará de una luna de miel relativa, pero luna de miel al fin, hasta que comience la agenda de cada comienzo de año. Las paritarias le harán protagonizar el partido de fondo.

De acuerdo a la conformación ideológica de Cambiemos, el sindicalismo es un arenoso territorio a conquistar, pero no deberían descansar los funcionarios en la búsqueda de acuerdos.

Hasta aquí brindó señales: le dio al sindicalismo el control de fondos de obras sociales. La designación de Luis Scervino en la Superintendencia de Servicios de Salud fue acordada con Miguel Caló, Hugo Moyano y Luis Barrionuevo.

El control de la calle. Además de la necesidad política que tiene el gobierno, producto de la ausencia de mayorías en las Cámaras, el otro déficit está vinculado al control de la calle. No se trata de una cuestión menor: hasta el brioso Néstor Kirchner tuvo que ceder posiciones e influencias para garantizar la obediencia de Moyano.

Pocos recuerdan hoy que el sindicato del jefe de la CGT activaba bloqueos a plantas de diarios en sintonía con el gobierno kirchnerista. Con la voracidad de un pacman, Moyano fue ganando atribuciones que siempre les habían correspondido a otros gremios.

En ese ir por todo moyanista, otros caciques sindicales sufrieron pérdidas de afiliados y (lo que fue peor para ellos) vieron limitados sus espacios de poder. Hasta que Cristina no lo necesitó más.

Nadie en su sano juicio podría pensar que Moyano trabajaría con Macri como sí lo hizo con Néstor Kirchner, pero el presidente debería, al menos, ganarse su neutralidad.

Aunque todo indique que las centrales sindicales van camino a su unificación, el poder interno del sindicato camionero se refleja por lo que alguna vez admitió el propio presidente de Independiente de Avellaneda: "Manejamos todo, desde los camiones atmosféricos hasta los transportadores de caudales". El primer resultado se verá con el derrotero de las paritarias.

Como gran pantalla de estas dos semanas en el poder, Macri tiene una gran razón para creer que comenzó con el pie derecho: logró desplazar el poder propio que le quedaba al kirchnerismo adentro de las estructuras del Estado.

Su futuro mediato, además de las negociaciones salariales con los gremios, se definirá de acuerdo a los resultados de la devaluación en los bolsillos de los asalariados. Deberá evitar que los precios vayan por el ascensor y los sueldos por la escalera, una consecuencia empírica que, al menos hasta aquí, han tenido todos los procesos devaluatorios.

La realidad política y económica no se tomará vacaciones.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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