Imprimir esta página
Lunes, 21 Diciembre 2015

La búsqueda de poder propio

Escrito por 

Claves. Mauricio Macri, como Néstor Kirchner en 2003, deberá solidificar su gobierno haciendo eje en la gestión, pero no podrá desentenderse de la construcción política. Un desafío parecido al que tiene Miguel Lifschitz en Santa Fe.

Para Mauricio Macri en el horizonte cercano, y como prioridades extremas, están la economía y la política.

El presidente de la Nación deberá construir un capital político mayor al que tiene hoy apostando a la gestión como nave insignia, construyendo nuevas bases de adhesión popular y derrumbando mitos.

La realidad de Macri es, en algunos aspectos puntuales, similar a la de Néstor Kirchner, quien en 2003 asumió con menos porcentaje de votos (22 por ciento) que de desocupados, sin una base de sustentación amplia, y con todo un relato a construir. A diferencia de Kirchner, el jefe de Cambiemos es el primer presidente no peronista ni radical en casi un siglo, con todo lo que esa situación representa.

En esa búsqueda hacia la conquista de poder propio, el presidente tomó la decisión de no convocar por estos días a sesiones extraordinarias del Congreso, a gobernar mediante decretos y a iniciar la búsqueda de acuerdos políticos sin estar encuadrado en un gobierno de coalición.

Se escribió en esta columna la semana pasada que la jugada táctica de mayor arrojo de parte del jefe del Estado había consistido en la no convocatoria al Parlamento. Ese gambito terminó por ponerlo en el centro de la escena con su decisión de designar por decreto, y en comisión, a dos jueces de la Corte.

Con los nombramientos de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz Macri quiso decir "ahora vengo yo porque me toca" y, en ese camino de búsqueda de autoridad forzada e innecesaria, se llevó por delante todas las declamaciones republicanistas con que el macrismo, el radicalismo y Elisa Carrió regaron la campaña.

Pasos al costado. La unánime ola de críticas que recibió, salvo en las zonas de confort porteñas del oficialismo (con algunas referencias de periodismo militante que, curiosamente, eran las más furibundas a la hora de criticar al periodismo militante K), lo obligó a ejercitar juegos de cintura, postergar la asunción de Rosatti y Rosenkrantz y lanzar una frase que lo redime: "Corregiré todo lo que tenga que corregir".

El viento a favor que tiene Macri, además del inocultable clima de tranquilidad que se deja ver en determinadas capas medias urbanas, cabalga en la división que asoma en el peronismo.

El acuerdo político con Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires le oxigena la gobernabilidad a María Eugenia Vidal pero, además, le abre una puerta legislativa a una entente en la Cámara de Diputados.

Hasta aquí, en forma unánime, todas las voces han cabalgado sobre la idea de que ese pacto no escrito con el macrismo tiene fecha de vencimiento: 2016. Massa tiene dos objetivos hacia las elecciones legislativas de medio término, que consisten en presentarse y ganar la senaduría por provincia de Buenos Aires y, a la vez, convertirse en la renovación del PJ nacional.

Sin embargo, no faltará alguna voz que, más temprano que tarde, esboce reflotar la teoría de un acuerdo más a largo plazo entre el massismo y Cambiemos si es que no aparece ningún candidato de fuste en el oficialismo. "Eso es una locura, Sergio irá por la suya, será el momento de ganarle al candidato del presidente, y a (Daniel) Scioli. O a Cristina (Fernández), si se anima", sacan pecho desde el Frente Renovador. Todo eso es política ficción, sí, pero de ficciones también se construye la política, al menos hasta que llega la hora de la verdad.

Los desafíos de Macri, hoy por hoy, son más mundanos y terrenales. Y pasan por lo político y lo económico. Cuando se comparan las realidades bautismales de Macri y de Néstor Kirchner hay que posarse también en el terreno del relato.

Buscando un relato. El santacruceño, a la par de aquella renovación de la Corte, construyó un blindaje "progresista" al cooptar a los organismos de derechos humanos, aunque en su praxis política previa no se le había conocido ningún interés en la cuestión. El analista James Neilson arriesga que "en el relato macrista, los corruptos desempeñarán un papel muy parecido a aquel de los represores militares en el discurso improvisado por los kirchneristas". Esa cuestión hoy no está definida en la interna de Cambiemos.

El aquí y ahora del gobierno nacional tiene un objetivo de máxima que pronosticará si el horizonte será despejado o de nubes negras: el impacto de la devaluación.

En ese derrotero, el Ejecutivo debe evitar que la devaluación no termine en un estrepitoso fracaso, como ha ocurrido cada vez que se implementó, desde 1983 hasta acá. Y que los costos de semejante decisión no los terminen pagando los de siempre.

Los antecedentes no son demasiado motivadores: las de febrero de 1989, enero de 2002 y enero de 2014 terminaron mal y no lograron ni por asomo alcanzar los objetivos de "sinceramiento" trazados como argumentos.

En el caso de Macri podría darse un resultado diferente, atento a una excepcionalidad. Su gobierno tomó esa medida al inicio de la gestión, con la espuma alta que le toca a cada presidente en las primeras semanas de asumido y con el apoyo de los centros de poder que ven con buenos ojos que por primera vez en cien años no se trate de un presidente peronista ni radical.

Resumido: el gobierno deberá evitar que el supuesto remedio, que tantas veces fracasó, no sea esta vez peor que la enfermedad.

Nuevos tiempos. El que se siente cómodo con la administración nacional es Miguel Lifschitz. Del recorrido por la Quinta de Olivos y la Casa de Gobierno, se llevó la impresión de que las cosas, al menos en la relación entre Nación y provincia, han cambiado. Y mucho.

Cuando los nuevos funcionarios terminen de acomodarse en sus oficinas llegará el momento de hablar de dinero contante y sonante para Santa Fe, en una especie de bonus que nadie tenía en cuenta antes de la resolución judicial que decidió reintegrar los fondos retenidos.

Lifschitz iniciará la semana próxima un recorrido de norte a sur de la provincia para dialogar cara a cara con casi 350 intendentes y presidentes comunales. Escuchará allí las demandas que luego deberá poner acción, con obras de infraestructura y reclamos por mayor seguridad como cabeceras de los reclamos.

Respecto de las cuestiones políticas, Lifschitz tiene decidido convocar a una comisión de especialistas en Derecho Constitucional para que elabore un borrador que conduzca a la reforma de la Carta Magna. La idea del gobernador es intentar llamar a elecciones de convencionales constituyentes en 2017, en paralelo con los comicios legislativos.

Rosatti era uno de los abogados que el ex intendente rosarino iba a convocar, antes de que fuera designado por Macri para la Corte Suprema.

Lifschitz quiere manejar la cuestión con bajo perfil, sin estridencias, porque los partidos políticos de la oposición santafesina se han negado sistemáticamente a cualquier modificación desde hace muchos años. Sería una pena que se cambie una institución que, hasta aquí, ha funcionado muy bien en Santa Fe: la no reelección del gobernador.

Macri y Lifschitz, al fin, comparten un supraobjetivo: construir legitimidad y gobernabilidad en la acción. Se logra de una sola manera: con buenas gestiones.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital