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Lunes, 14 Diciembre 2015

Los desafíos de Macri y Lifschitz

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Claves. El presidente de la Nación y el nuevo gobernador santafesino tienen un objetivo común: construir legitimidad en la acción. Estrategias, tácticas y posicionamientos ante el peronismo. Ruidos en el Frente Progresista.

Ha terminado el festival de asunciones en loop con su carga de emoción, alegría y locuacidad. Ahora es tiempo de gobernar.

Mauricio Macri y Miguel Lifschitz tienen un objetivo común, imprescindible para poder mirar con buenos ojos el futuro: construir legitimidad en la acción. El flamante presidente de la Nación necesita de esas tres palabras que —vaya curiosidad— tanto les gusta repetir a los gobernantes socialistas: articulación de consensos. El gobernador santafesino tendrá que salir más temprano que tarde de la realidad electoral que le impuso un escenario de tres tercios, y un triunfo conseguido por apenas 1.400 votos.

Por alguna extraña razón, la opción táctica más importante que tomó Macri para sus próximos 60 días en el gobierno pasó casi desapercibida a la hora del análisis político. La decisión de no convocar a sesiones extraordinarias del Congreso evita poner a consideración proyectos de ley clave que podrían convertirse en un bumerán a la hora del impulso que todo gobierno necesita al momento de jugar sus primeras fichas.

Desde la Casa Rosada, algunos operadores políticos del presidente quieren hacer creer que la cuestión obedece a la imposibilidad de que haya quórum por el período estival. "Muchos diputados y senadores ya tienen reservadas sus vacaciones", dijo una fuente oficial el viernes a LaCapital.

En verdad, la razón más poderosa obedece a una cuestión más política. Sin el debate legislativo en las Cámaras —donde el oficialismo tiene rampantes minorías— Macri puede mostrar acciones directas sin correr riesgos, y activando los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), acción que ya comenzó con el nuevo ordenamiento de la grilla de ministerios y la decisión de desinflar en los hechos el peso de la Afsca —y de Martín Sabbatella— al hacer depender esa repartición del Ministerio de Comunicaciones, en manos del cordobés Oscar Aguad.

La primavera alfonsinista. Pocos recuerdan que la primavera alfonsinista fue interrumpida abruptamente por una pésima lectura de la realidad de parte de Raúl Alfonsín y sus operadores cuando pretendieron, de entrada, modificar el ya entonces vetusto sistema sindical argentino con la ley Mucci.

Ese proyecto fue rechazado en el Senado e implicó la inmediata renuncia del ministro de Trabajo. Pero provocó, más allá de la caída de un alfil, que Alfonsín iniciara su gestión con el boleto picado por los sindicatos y sus caciques.

Macri prefiere por estos tiempos buscar acuerdos con los gobernadores y los ex candidatos presidenciales que compitieron con él. Y eso es una buena noticia para Lifschitz.

Desde el vamos, el gobernador santafesino tuvo ayer su encuentro con el presidente, a dos días de haber asumido. No tuvo la misma suerte Antonio Bonfatti con Cristina Fernández de Kirchner, quien nunca le concedió una audiencia en sus cuatro últimos años de gestión. Increíble pero real.

La decisión del líder del PRO de entablar un contacto directo entre el Poder Ejecutivo y los gobernadores modifica una estrategia perversa que condenó al ostracismo a los mandatarios que durante la gestión de Cristina no reportaban en el Frente para la Victoria.

El kirchnerismo prefirió establecer delegados políticos de la Casa Rosada que reportaron directamente con los intendentes —casi siempre de perfiles oficialistas— y dejaron fuera de escena a los gobernadores. El encargado de direccionar fondos y obras fue el ministro de Planificación, Julio De Vido, el disco rígido y la alcancía de Cristina.

Los excesos y la extraordinaria dimensión que tuvo Infraestructura sentaron un pésimo precedente que Macri, con buen tino, no quiere repetir. No es casualidad que en la nueva grilla no exista el Ministerio de Infraestructura.

La convocatoria a Sergio Masa, Daniel Scioli, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Saá también tiene una lógica cargada de pragmatismo y necesidad. Macri sabe que la mitad de los votos que logró en el ballottage son prestados y que muchas de esas voluntades se direccionaron hacia él más por el rechazo que les generaba la continuidad del kirchnerismo que por un súbito amor amarillo.

Cambio de clima. Scioli y Massa tampoco están en condiciones de llevar adelante por estos tiempos una oposición cerril. Macri ha generado expectativa _algo que sucede con todos los presidentes al amanecer de sus gestiones_ pero, además, es evidente el clima más relajado que se observa en la clase media, el eterno termómetro de las acciones políticas.

El contacto permanente con los gobernadores y las señales hacia los líderes de la oposición le permiten al jefe del Estado compensar la ausencia de estructuras políticas poderosas en el interior del país.

De hecho, la crítica más justificada pasa por la composición excesivamente porteñocéntrica del gabinete nacional: de 26 integrantes, 22 son de la Capital Federal o zonas periféricas. Esa tendencia también se observó a la hora de la comunicación desde el mismo momento en que Macri ganó el ballottage.

Miradas socialistas. En Santa Fe fue evidente la diferencia de opiniones entre Lifschitz y Bonfatti respecto de Macri y de un eventual acuerdo entre el Frente Progresista y Cambiemos. El gobernador saliente reiteró no haber votado "al candidato de la derecha", despejó cualquier alianza con el macrismo y plantó bandera: "No veo al socialismo sentado con (Miguel) Del Sel y Reutemann".

El nuevo titular de la Casa Gris fue mucho menos enfático, hizo centro en los nuevos tiempos políticos, más cercanos al diálogo y el consenso. Respecto de un futuro diferente en los formatos, pareció decir que el tiempo es el gran ordenador de la política. Al fin, Bonfatti jugará su juego como presidente de la Legislatura y Lifschitz deberá convivir el día a día con el jefe de Cambiemos.

También podrían producirse novedades en el PRO santafesino si Miguel Del Sel acepta convertirse la semana entrante en embajador argentino en Panamá. Por estas horas, Del Sel tendrá en cuenta que ese cargo lo sacará del redil político santafesino de cara a los comicios de 2017 y 2019.

El referente macrista fue uno de los pocos candidatos que jugó sin red en los comicios a gobernador, algo elogiable si, además, se tiene en cuenta que renunció a su banca de diputado nacional. ¿Preferirá una atractiva embajada en el país de su amigo Rubén Blades a cambio de perder posicionamiento político en la provincia? " Se resuelve en los próximos días", dijo un allegado al ex candidato a gobernador.

Si Del Sel acepta partir hacia el exterior, el que no estará preocupado será José Corral, intendente de Santa Fe y presidente de la Unión Cívica Radical. Corral, con las acciones en alza, es el referente que un sector de Cambiemos quiere potenciar de cara a las elecciones a gobernador de 2019. Del Sel, aunque no haya ganado ni en 2011 ni en 2015, tuvo y tiene una penetración popular extendida en el territorio que a otros les costará conseguir.

Aunque parezca abismal hablar de escenarios futuros cuando recién empieza un nuevo capítulo, la política —a diferencia de asunciones y juramentos de inicio de mandatos— es un loop sin punto final.

En la política argentina, como en la canción de David Lebón, el tiempo es veloz.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital