Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Lunes, 30 Noviembre 2015

La hora de los porqué

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Después del ballottage. ¿Cuál es la explicación de la victoria electoral de Mauricio Macri: la economía, la política, los medios? Un ministro y dos secretarios del gobierno de Cristina hicieron su propio diagnóstico sobre la derrota.

¿Por qué ganó la elección Mauricio Macri? ¿Fue la economía, la política o los medios? ¿Cristina consiguió ser la Michelle Bachelet, que sólo tuvo que esperar un gobierno de derecha como el de Sebastián Piñera para volver en cuatro años? ¿Quién fue el mayor traidor y quién el mayor perdedor de los comicios?

Estas fueron algunas de las preguntas que animaron una larga hora de charla entre un ministro de la actual gestión y dos secretarios de Estado a pasos de la Casa Rosada, cuando todavía se escuchaban los comentarios por el inexistente diálogo entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri en Olivos. En la sede del poder, estos dirigentes de "tropa propia" no dudaron en diagnosticar.

"La elección, como siempre, se pierde esencialmente por razones económicas", dijo uno de los contertulios sin dudarlo. "En el mundo en general y en Argentina en particular, siempre es la economía lo que desequilibra", confirmó. Y agregó: "Nuestro relato no tuvo sostén en la realidad. O, al menos, en toda la realidad".

La presidenta no se cansó de repetir que en estos doce años de gestión K el "círculo virtuoso" de la producción y en consumo había llevado a vivir en la Nación el momento de mayor crecimiento de toda la historia desde Bernardino Rivadavia. No hay dudas de que si se comparan los índices de 2003, la mayoría de los compatriotas está mucho mejor, aunque allí lo más importante no sea la mirada de los números sino la restauración de un orden político que amenazaba con derrumbarse en la anarquía. "El problema es que si se compara desde 2007, el resultado no es el mejor. Y ni te digo si se toma como punto de inicio para sacar conclusiones el 2010", explicó uno de los secretarios.

La campaña del miedo lanzada para el ballottage por Daniel Scioli tuvo efecto. Fue la que acortó diferencias y la dejará clavada en escasos 2 puntos porcentuales y muy poquito más cuando en esta semana se den los resultados definitivos del escrutinio. El temor se fundaba en la amenaza de que un eventual gobierno de Mauricio Macri licúe los salarios en un 30 por ciento con una devaluación de shock. "¿Por qué no prendió este miedo en la mayoría de los ciudadanos, que en definitiva son asalariados?", preguntó este cronista a los tres dirigentes del gobierno que, desde ya, reclamaron estricta confidencialidad. "Esencialmente porque vienen padeciendo esa devaluación con la inflación despreciada por nosotros al punto de negarla. Soberbia del discurso y miopía de mirar lo que pasa en los supermercados Macri puede devaluar. Eso solo no da miedo porque también lo hicimos nosotros. No hay mucha diferencia en lo económico, dijeron las urnas. Por eso pesó la cuestión política", dijo uno de ellos.

¿Qué fue entonces lo que pesó en este plano? "La prepotencia, el atropello, el ninguneo al consenso", dijo el ministro. Néstor Kirchner construyó poder desde su 22 por ciento de votos de 2003 en base a un discurso fuerte que separase claramente las aguas de propios y ajenos. Deslumbró, por ejemplo, con su propuesta de reforma de la Corte Suprema de Justicia viciada con la mayoría automática del menemismo, recuperó el sentido de la justicia con los procesos de lesa humanidad y cuidó el bolsillo del Estado con los superávits más elementales como si fuera un pequeño almacenero. "La épica del sentido común", describió uno de los hombres que deja el poder en pocos días. "Había gestos de enfrentamiento pero sustancia sobre aquello a lo que había que enfrentar. Cristina se quedó con las formas y se transformó en una peleadora que hasta le discutía al viento su dirección. Eso, a lo largo de 8 años, agota", explicó otro de ellos.

Ninguno de los tres funcionarios admitió incondicionalmente que las urnas tuvieron un mensaje institucional que el kirchnerismo despreció. Hablar de transparentar la Justicia y defender en el juicio político a Norberto Oyarbide, nombrar jueces militantes y devastar los organismos de control, fue leído por electorado, según nuestro punto de vista. También, el discurso de embestir contra las corporaciones y defender a cierta oligarquía empresaria monopólica, poco transparente y beneficiada por negocios no controlados, o sentirse por encima de la ley a la hora de monopolizar la palabra pública en innecesarias cadenas nacionales o caracterizando como enemigo al que apenas osase disentir.

Está claro que Daniel Scioli es quien perdió las elecciones. Y sin embargo no luce como el mayor responsable. "La jefa fue la artífice de la derrota", dice sin titubear uno de los secretarios. "Diseñó con su propia lapicera todos y cada uno de los nombres de las listas y se sintió superior a las estructuras de base que se cansaron de su ninguneo", agregó. "Aníbal Fernández es el mariscal de la catástrofe en la provincia de Buenos Aires. Pero fue el bendecido por ella, aunque todos lo decíamos que se equivocaba", acotó otro de los funcionarios. "¿Y la Cámpora?", se atrevió a preguntar este cronista. "Es tan idiota creer que los pibes son solo militancia rentada como no reconocer que su soberbia fue letal a la hora de destratar a intendentes, punteros y dirigentes de trayectoria", graficó uno de los interlocutores que el 10 de diciembre se va a su casa.

Acceder a este diálogo es casi tan inédito como pensar que una fuerza nueva conducida en la provincia de Buenos Aires por una dirigente que se formó en la Capital Federal le pueda arrebatar el poder al peronismo que se creyó imbatible por siempre y se basaba en la oscuridad de su procedimiento antes que aportar soluciones concretas. Sin embargo, esta charla no representa al kirchnerismo más puro. De hecho, estos tres funcionarios son de los menos escuchados por su líder y responden a cierto rencor de la profecía autocumplida. Pero vale la pena oirlos.

Lo que viene. Mauricio Macri debería recordar que su triunfo tiene mucho de mérito propio, pero otro tanto (¿igual?) nace de los errores del kirchnerismo ya señalados. Cuando se asume desde el reclamo de la alternancia y del cambio, el resultado y la premura para obtenerlo se aceleran. El relato bíblico de la parábola de los talentos es lo suficientemente explícito a este respecto.

El beneficio de inventario de la herencia recibida puede ser un modo de explicar las primeras medidas. Pero no todas. La calidad institucional y del diálogo deben ser indiscutibles. Pero, como cuando se toma la decisión de votar, la calidad económica de los ciudadanos debe ser resguardada de las ortodoxias de los tecnócratas. El gabinete planteado hasta ahora recoge enormes aciertos como la canciller Susana Malcorra, el mantenimiento del científico Lino Barañao y el premio a dos militantes que responden a convicciones y hechos como Esteban Bullrich y Rogelio Frigerio. Sorprendió la convocatoria a Patricia Bullrich, que no aparecía como una necesidad política ni impuesta por su formación en materia de seguridad. Habrá que verlos andar. En un país que apostó a las instituciones para generar un cambio y en donde los suplantados suelen no ser tan puristas a la hora de tolerar estar fuera del poder.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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