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Lunes, 30 Noviembre 2015

Macri, esperanzas y desafíos

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Claves. El líder de Cambiemos será el primer jefe del Estado no peronista ni radical desde hace casi un siglo. Deberá articular un pacto social y político que le permita transitar sin demasiados sobresaltos el tiempo inmediato

Los desafíos de Mauricio Macri son mayúsculos e inéditos. Por primera vez después de un siglo será el primer presidente no peronista ni radical, deberá conducir el país sin mayorías parlamentarias y sólo tendrá en su haber un puñadito de provincias oficialistas, aunque, entre ellas, la más importante.

El presidente electo arrancó el armado de su gabinete sin miedo escénico pese a que de entrada sufrió la salida de Ernesto Sanz, alguien que hubiera sido pieza clave en un equipo sin superministros ni figuras estelares.

El libreto de Macri no reveló sorpresas, al menos para quienes han seguido de cerca sus formatos de gabinetes previos en la ciudad de Buenos Aires. Puso, con un par de excepciones, la heladera en la cocina, el sillón en el living y el lavarropa en el lavadero. Escapan a esa modalidad Patricia Bullrich (Seguridad) y Sergio Bergman (Medio Ambiente).

A priori —al margen de cuestiones ideológicas o de posicionamientos políticos— la única crítica que puede sobrevolar el dibujo general es la escasa presencia de ministros del interior del país, con las excepciones del cordobés Oscar Aguad, el riojano Julio Martínez, el formoseño Ricardo Buryaile y el tucumano José Cano. La futura canciller Susana Malcorra es rosarina, pero hace mucho que sus tareas están ligadas a las Naciones Unidas. Sólo 4 ministros del interior contra 21 de Capital Federal. Sólo una apostilla que a casi nadie importará.

Nuevo formato. El ingreso de futuros funcionarios vinculados a la actividad privada y con nulo historial en la política no debería sorprender a nadie. El éxito del PRO, desde su inicio hasta hoy, está en haber entendido el cansancio mayoritario de buena parte de la sociedad con el cursus honorum político de los mismos funcionarios, diputados, concejales, senadores (y siguen las firmas) de siempre que intercalan cargos pero nunca se van de la escena.

Además, Macri ha voceado en la campaña la necesidad de incorporar no sólo a extrapartidarios sino también a quienes jamás participaron en el metié de la política. Si el resultado es bueno o malo, se sabrá con el tiempo.

La aparición en escena de un par de chief executive officer, de donde se forma el acrónimo CEO, tiene que ver con el pasado empresario del presidente electo. Será una especie de gerenciamiento que buscará ordenar el cumplimiento de metas.

"Este nuevo formato también podría explicar, al margen de las cuestiones personales, la decisión de Sanz de preservarse, tal vez para un tiempo posterior", dijo a este diario alguien que conoce mucho y bien al senador mendocino. Los políticos del gabinete deberán convivir con nuevas modalidades, hasta ahora inéditas en el vértice del poder nacional.

Pero, al margen de formatos y gerenciamientos lo que deberá construir Macri (el presidente y director técnico del equipo) es consenso político para poder imponer en el Congreso los proyectos clave que, a la vez, nutrirán al Ejecutivo de gobernabilidad. Para esto necesitará del peronismo.

Y es aquí donde debe abrirse otra gran historia. Si el peronismo es el partido del poder, su salida desde el 10 de diciembre de ese lugar empieza a generar cierto estado asambleario. El primer dato empírico estuvo en los múltiples inconvenientes que tuvo el Frente para la Victoria a la hora de reunir quórum, el jueves, para imponer 95 proyectos de ley.

Habituado a ganar votaciones con amplísima mayoría, esta vez el oficialismo padeció la ausencia de casi diez legisladores, entre ellos el santafesino Omar Perotti. "Las transiciones deben ser ordenadas, y no una forma de complicar al gobierno que viene", dijeron desde las cercanías del rafaelino sin dar mayor explicaciones. Aunque esas 15 palabras lo dicen todo.

El peronismo será a la salida del diez de diciembre un rompecabezas para armar. El kirchnerismo fatto in casa, los gobernadores, los sindicatos y el massismo, entre otros satélites del cosmos peronista, deberán ordenarse como opción de contrapoder si es que quieren regresar con chances a la competencia.

Aunque en el peronismo rige como una ley no escrita la cita de que "el que pierde es un traidor", la situación de Daniel Scioli es diferente. La buena elección que hizo el gobernador bonaerense pese a la derrota y sus características personales de moderación pueden servirles a unos y otros para tender una especie de puente de plata que evite la dispersión.

Por lo pronto, los gobernadores se plantaron ante un probable pedido de Cristina para que Aníbal Fernández sea nombrado al frente de la Auditoría General de la Nación. "Hasta acá llegamos, Aníbal es el límite", dijo un peronista santafesino que lamentó "más que nunca" la ausencia física del Chueco Mazzón.

La crisis postraumática del peronismo es la mejor noticia para Macri, quien deberá hacer ejercicios de cintura en Diputados y en el Senado para sacar las leyes. Sin el apoyo de legisladores peronistas, en el Parlamento no saldrá ni una declaración de apoyo a una sociedad de fomento.

El futuro de Lifschitz. Esa necesidad del futuro gobierno de buscar masa crítica es una buena noticia para Miguel Lifschitz. El próximo mandatario socialista forma parte del club de gobernadores que no reporta al peronismo. Macri deberá convivir con quince mandatarios del PJ, 5 alineados con Cambiemos (incluyendo a Horacio Rodríguez Larreta) y cuatro independientes, entre ellos el de Santa Fe.

Macri y Lifschitz tendrán la necesidad de verse pronto las caras tras la decisión de la Corte Suprema que reintegra fondos millonarios a Santa Fe y que pondrá en un brete al nuevo gobierno nacional.

Los santafesinos, además, esperan que sean de cumplimiento rápido las promesas de Macri en la campaña respecto de un desembarco de fuerzas que "pacifique los barrios más complejos".

En una de las últimas entrevistas con La Capital, el entonces candidato de Cambiemos diagnosticó que "Rosario está peor que el resto del país en materia de seguridad". Sí o sí, además del jefe del Estado, serán piezas clave Patricia Bullrich y Eugenio Burzaco, ministra y secretario del área, respectivamente.

Al fin, resultará fundamental para Macri articular una especie de pacto político y social en lo inmediato para enfrentar con paso firme y evitar la detonación de algunas bombas escondidas que dejará el actual gobierno.

Como primera tarea imprescindible deberá mostrarles a todos los argentinos cómo es el estado de las cosas, cuál es la herencia recibida y con qué instrumentos se modificará esa realidad.

La transición en ciernes presenta aspectos cuasi ridículos, propios de un estilo de gobierno que, al fin, le hizo perder las elecciones al FPV. Que la presidenta no se haya permitido a sí misma ni a sus ministros la posibilidad de documentar un momento histórico con, apenas, algunas fotos torna insignificante cualquier adjetivación.

El 10 de diciembre empieza otra historia y habrá que esperar para saber si será mejor o peor. Lo único cierto es que los tiempos están cambiando. Y eso ya es noticia.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital