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Lunes, 23 Noviembre 2015

Empieza una nueva historia, pero sin cheques en blanco

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Llegó el cambio. Tras 12 años escritos con impronta K el país será gobernado por su perfecta contracara: un empresario exitoso devenido en político que se apoderó del deseo mayoritario de dar vuelta una página de la historia.

Llegó el cambio. Tras 12 años escritos con impronta K el país será gobernado por su perfecta contracara: un empresario exitoso devenido en político que se apoderó del deseo mayoritario de dar vuelta una página de la historia.
Cuando viene la ola del cambio no hay demasiados subtextos: se lleva todo. Y las cartas, más que las señales, estaban marcadas desde que el FpV perdió la estratégica provincia de Buenos Aires en los comicios a gobernador. El peronismo no perdió ese territorio ni cuando la Alianza, en 1999, terminó con la década menemista.
Macri no sólo será el primer presidente de extracción política porteña (aunque haya nacido en Tandil, toda su actividad pública la realizó en la ciudad de Buenos Aires) sino que será el segundo ingeniero de profesión en presidir la Argentina. El primero había sido Agustín Justo, quien gobernó entre 1932 y 1938 y fue el mentor del Obelisco, las diagonales céntricas porteñas y la avenida General Paz.
Más por hartazgo con la forma y el estilo de conducir que por la creencia de una crisis severa, la mayoría de los argentinos le puso fecha de vencimiento al kirchnerismo. Daniel Scioli, en vez de mantener sus formas sciolizadas, terminó comprando el formato discursivo del cristinismo. Curiosamente, el mejor Scioli fue el que se escuchó en el discurso de anoche, admitiendo su derrota: calmo y consensual.
El país que encuentra Macri, sin embargo, tendrá bombas de tiempo semiescondidas. El Banco Central casi sin fondos es la fotografía más contundente. Su primera decisión debería ser blanquear qué es lo que encuentra para después sí maniobrar con lo que va a hacer.
Para el kirchnerismo hubo un tiempo que fue hermoso, cargado de buenas noticias económicas, vientos de cola y valor de commodities extraordinarios.
Ese vuelo que le permitió gozar de un aplastante 54% en 2011 no vino acompañado de magnanimidad en la victoria. Aquella Cristina que se abuenó discursivamente hasta poder sacarle más de 30 puntos al segundo hace 4 años derivó en la propulsora del "vamos por todo" y el "nunca menos".
Ese hartazgo de la mayoría con una forma de ejercer el poder benefició a Macri. Su ingreso al ballottage le permitió ser el catch all party (atrapalotodo) de los que no querían saber más nada con el kirchnerismo aun sin que la totalidad de sus votantes de la jornada de ayer esté en un todo de acuerdo con su perfil.
Así son las segundas vueltas, muchas veces un instrumento demoníaco para los candidatos oficialistas de gobiernos que tienen mayor imagen negativa que positiva. Es uno u otro. El oficialista y el opositor. No hay terceros.
El radicalismo también tiene derecho a festejar: tras 14 años vuelve al gobierno nacional, de la mano de una hábil estrategia que pudo plasmar el presidente del partido, Ernesto Sanz.
Cualquier alternativa diferente hubiera vuelto a condenar al ostracismo electoral al partido centenario que se fue de la peor manera del poder en 2001. Ahora disfrutará de 3 gobernaciones, concejalías, cargos legislativos y lugares de decisión en el Poder Ejecutivo Nacional.
La UCR le proveyó a Macri una estructura federal imprescindible para penetrar en algunos sectores refractarios al líder del PRO. De hecho, lo de una capilla radical en cada pueblo, con sus más y sus menos, es un dato de la realidad.
Un párrafo, por lo menos, merece Elisa Carrió, quien condujo mediáticamente a la oposición a la hora de la salida de Unen. "Desde el progresismo, no hay lugar para otra opción no peronista, ya lo verá", dijo a este diario un año atrás.
La diferencia final entre Macri y Scioli fue más abigarrada de lo que se preveía. Esto implica que el presidente electo no tendrá un cheque en blanco: deberá seguir construyendo legitimidad.
Lo primero que deberá mostrar Macri es el beneficio de inventario. Publicar los números y decir: "Señores, lo que ven es lo que hay". Por primera vez un jefe de Estado tendrá en sus manos la Presidencia, la principal provincia y la Capital Federal.
Empieza otra historia.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital