Rosario, Domingo 19 Noviembre 2017
Lunes, 16 Noviembre 2015

Por 7 días locos que vamos a vivir

Escrito por 

A una semana del ballottage, Scioli deberá quemar las naves buscando achicar la brecha que todas las encuestas dan a favor de Macri. El debate puede amplificar o modificar tendencias, pero no definir la elección.

A siete días del histórico ballottage, el debate sólo puede empezar a modelar percepciones sobre quién será el futuro presidente de la Nación. La gran historia se terminará de develar el 22-N.

Si Mauricio Macri se impone en el debate habrá revalidado lo que todas las encuestas están mensurando por estas horas respecto de una ventaja sobre Daniel Scioli y confirmando con acciones propias la cercanía de la victoria electoral.

Si el que sale airoso es Daniel Scioli, el final será de bandera verde, crecerán las chances del Frente para la Victoria (FpV) y las encuestas servirán de poco hasta el momento de abrirse las urnas.

Toda la cátedra que ha estudiado la historia de los debates en el mundo sostiene que difícilmente un evento de este tipo pueda resultar crucial para definir la suerte de los candidatos, salvo que uno de ellos incurra en una catástrofe. Pero, el de hoy, formatea rasgos diferentes.

A diferencia del aburridísimo debate previo a las generales del 25 de octubre, este será transmitido por todos los canales abiertos, lo que lo transformará, de hecho, en algo obligatorio para los millones de argentinos que habitualmente se disponen a ver televisión los domingos a la noche. Y, esta vez, todo se limitará a dos candidatos. Segundos afuera.

Al margen del cruce televisado que se verá hoy, han pasado cosas en estos últimos siete días de campaña que han modificado planos y diagnósticos.

A la ofensiva. Definitivamente, Scioli ha tomado un inédito rol de fighter contra la humanidad y las propuestas de Cambiemos. O, más bien, sobre cierto ideario que se dibuja desde el FpV a la hora de emparentar a Macri con "los 90", "la derecha" y catilinarias por el estilo.

La campaña negativa que lleva adelante el gobernador bonaerense, acusando al líder del PRO de prohijar aumentos de tarifas, baja de salarios y privatizaciones por doquier tiene efecto neutro entre quienes ya han definido su voto y pertenecen a determinadas capas sociales, pero nadie sabe cómo operará en los sectores económicamente más bajos de la sociedad.

En todo caso, para evitar perforaciones electorales no deseadas, Macri deberá esgrimir esta noche una estrategia inteligente. "Tiene que evitar que la gente vote a Scioli por miedo al rumbo económico, aun no queriendo saber más nada con el kirchnerismo. Así como mucha gente votó el 25 de octubre por Macri para evitar que gane el kirchnerismo en primera vuelta", dijo el viernes por la noche una calificada fuente bonaerense de Sergio Massa, atento al cruce y al destino de los votos.

La interpretación es bastante lúcida. Macri deberá esgrimir que defenderá el empleo y el salario, frente a la andanada mediática que durante los últimos días instaló Scioli respecto de una megadevaluación que achicaría los bolsillos de los trabajadores. Al fin, por utilizar ese andarivel discursivo, sumado al reclamo de un castigo ejemplar a los hechos de corrupción que sucedieron durante la última década, Massa cosechó más de cinco millones se sufragios.

Para Scioli una performance destacada significará un cambio de ánimo camino a la última semana, casi una bisagra que mute las sensaciones. Y para lograrlo, como describió con perfecta sincronía futbolera el escritor Jorge Asís, deberá mandar a cabecear hasta al arquero. Y, agréguese, enviar al ataque a los dos laterales.

Macri, además de evitar que se le quede pegado como una oblea el estigma de "verdugo de las clases populares", como repite como un mantra el oficialismo, tendrá que apostar a la reducción del daño. Como ninguno de los dos se caracteriza por esgrimir una oratoria calificada, no sólo deberán estar atentos a los flancos débiles que puede sembrar el adversario sino que deberán cuidarse de los errores no forzados.

Al fin, quien sea consagrado presidente de la Nación habrá sido depositario el 22 de noviembre de una mayoría de votos que en la primera vuelta fue al candidato de UNA. Y esta linealidad muestra la extraña y amorfa campaña del FpV.

En vez de hacerle el amor y no la guerra, el ministro de Economía, Axel Kicillof, trató de "forro" a Massa, haciendo caer con sólo una palabra el pedido de disculpas de Scioli por la intromisión de un agente de inteligencia en la vivienda del tigrense.

Al tiempo que Scioli busca desesperadamente que los indecisos lo vean más sciolizado que nunca y lejano al manual del "nunca menos", el actor Gerardo Romano no tuvo mejor idea que caracterizar como "boludos" o "hitlerianos" a los votantes de Macri.

Esa saga de dislates encadenados se complementó con las boutades habituales del escritor José Pablo Feinmann y Hebe de Bonafini. Con "amigos" así, el fuego enemigo es, apenas, un mohín del destino.

Rápidos de reflejos, el gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, y José Pepe Scioli, hermano del candidato, salieron a decir que esos personajes nada tienen que ver con el derrotero sciolista. De la aceptación del ciudadano hoy indeciso a esa lectura de la realidad dependerán en buena parte las chances del gobernador bonaerense.

Unos y costumbres K. Sobre esa contradicción deberá cabalgar Macri en los días que restan hasta el ballottage, atento a que cuanto más pegue a Scioli con los usos y costumbres del cristinismo mayor será su presunto rédito.

Tal como se escribió en esta columna hace siete días, el jefe de Gobierno porteño hizo clausurar todas las especulaciones sobre nombres posibles de un eventual gabinete, algo que comenzaba a fluir, además, con ribetes de preocupación en la UCR.

"Le pregunté a (Ernesto) Sanz qué nos iba a tocar a nosotros, porque todos los nombres que se mencionaban, salvo el de él en Justicia, eran del macrismo. Me cerró la boca diciendo que no había que molestar ahora a Macri", confió a este diario un dirigente radical rosarino, efusivamente alineado en Cambiemos.

Pero lejos está la provincia de Santa Fe de convertirse en el desvelo de Scioli y Macri. Otra vez, como siempre, la provincia de Buenos Aires es, por peso específico, la madre de todas las batallas. El 25 de octubre hubo en esa geografía casi 3 millones de personas que fueron a votar por opciones diferentes a las del FpV y Cambiemos.

El sciolismo confía en que sin el collar de sandías que resultó Aníbal Fernández los bonaerenses respalden a Scioli como en 2011, cuando alcanzó el 50 por ciento de los votos. Ese es un plus para el gobernador en esta instancia, aunque en la segunda vuelta los intendentes peronistas no aten su destino al del candidato presidencial. Los que se van están preocupados en su futuro fuera del poder y los que se quedan ya empiezan a tender puentes con María Eugenia Vidal.

El momento de esplendor de Vidal, casi en estado de gracia política, le sirve a Macri para lanzarse de lleno de su mano a los arrabales bonaerenses. No es un dato menor que la futura mandataria haya sacado casi 400 mil votos más que el ex presidente de Boca Juniors.

A esta trama le faltan siete días. Con guion incorporado, están sobre las tablas los dos actores. Sólo resta conocer el veredicto popular. Y alguna que otra historieta de último momento.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

Noticias de Encuentro Argentino de Transporte Fluvial
  • Presentación Anuario Hidrovías del Mercosur

    Presentación Anuario Hidrovías del Mercosur En el Marco del XXVII Seminario Internacional de Puertos, Vías Navegables, Transporte Multimodal y Comercio Exterior, el martes 28 de noviembre a las 17.30 hs se presentará el Anuario "Hidrovias del Mercosur". Iniciativa del Instituto de Desarrollo Regional de Rosario[…]

    Leer más...
Noticias de Infrapublica.com

Cotizaciones

Dolar ${dolar_c} / ${dolar_v}
Euro ${euro_c} / ${euro_v}
Real ${real_c} / ${real_v}