Rosario, Miércoles 22 Noviembre 2017
Lunes, 19 Octubre 2015

La campaña del desierto

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Claves. Scioli necesita poco para ganar en primera vuelta, pero aún no puede cantar victoria. Macri y Massa siguen neutralizándose entre sí. Se trata de la campaña más pobre desde 1983 hasta la fecha.

A siete días de las elecciones que podrían consagrar al nuevo presidente de la Nación, lo que ven es lo que hay: poco, casi nada.

A menos que se produzca en las próximas horas algún episodio impensado que altere el amodorrado estado de las cosas, Daniel Scioli podrá consagrarse presidente electo. Pero para eso necesita que Mauricio Macri y Sergio Massa continúen en el juego de suma cero. Que sigan pescando en la misma pecera. Y que, por efecto goteo, logre para sí un módico incremento de su base de sustentación respecto de las primarias.

En el laboratorio de campaña del candidato del Frente para la Victoria (FpV), sin embargo, no existe triunfalismo desbordante. "Vamos a estar un punto y medio arriba del 40 por ciento. No es para tirar manteca al techo, pero Macri se estancó y hasta bajó un par de puntos. Y Massa le sacó algo a Cambiemos pero perdió muchas referencias", diagnosticó un operador de campaña sciolista a LaCapital.

El gobernador bonaerense está convencido de que mejorará notoriamente su performance en Córdoba, provincia en la que sólo cosechó el 14,31 por ciento en las Paso. Allí desembarcaron y se instalaron durante un par de meses operadores sciolistas para intentar convencer día a día y hora a hora a intendentes peronistas que, el 9 de agosto, demostraron fidelidad por José Manuel de la Sota en la interna contra Massa.

"No nos entra en la cabeza que no mejoremos la performance, creemos que el gobernador electo (Juan Schiaretti) ahora juega sin tanta presión como en las primarias. A él le conviene que el presidente sea Scioli y no Macri", optimiza la fuente.

Misteriosa Buenos Aires. La otra provincia a la que el sciolismo le reza todos los días es Buenos Aires, su tierra santa, que en las Paso le deparó un comportamiento errático. Aunque admiten que Aníbal Fernández con su candidatura a gobernador es más parte del problema que de la solución, están convencidos de que mejorará la afluencia a las urnas respecto del primer turno electoral, cuando el temporal alejó a muchos bonaerenses de los centros de votación.

A la hora de bosquejar el escenario político en el principal distrito del país se replica con mayor intensidad el pecado original de la estrategia macrista al rechazar una competencia en primarias con el massismo. Cada voto que retenga Felipe Solá será motivo de celebración de Fernández, quien disputa palmo a palmo la Gobernación con la candidata de Cambiemos, María Eugenia Vidal.

Al menos hasta aquí, Macri y Massa son como esos equipos de fútbol que necesitan una victoria para pelear el torneo y terminan empatando, neutralizándose entre sí. Nada que no haya sido previsto a la hora del análisis por muchos y a su debido tiempo. Sin el diario de este domingo, o del lunes próximo.

Macri necesita lograr en siete días lo que no pudo, no supo o no quiso conseguir en estos dos meses posteriores a la Paso: erigirse en el depositario exclusivo del voto útil. De forma increíble, Cambiemos se dejó estar por la modorra o por el estado de confusión que sobrevivió por la denuncia contra Fernando Niembro. Un maremoto en un pocillo de café que para Macri fue un tsunami político.

Massa supo cambiar de discurso y de acción política hasta instalar la idea en muchos de que podría erigirse en la alternativa a Scioli. Vaya para el candidato de Cambiemos otra máxima futbolera: los goles que se erran en el arco de enfrente se sufren en el propio.

Pese a la pretendida instalación de que el postulante de UNA se puso a la par de Macri, ninguna encuestadora reflejó de manera pulimentada ese escenario. Pero el jefe de Gobierno porteño necesita de alguna idea fuerza, de algún tigre de papel, que le permita ser visualizado como un peligro concreto para las aspiraciones de Scioli.

Así como Massa promete algunas cuestiones incumplibles, pero gana el centro del escenario con propuestas, Macri navega en un ideario repleto de buenas intenciones pero sin clavar el dardo en ninguna cuestión central. El ex intendente de Tigre se aferra al teorema de Baglini, un concepto que sostiene que el grado de responsabilidad de las iniciativas de un candidato es inversamente proporcional a la posibilidad de acceder al poder. Fue acuñado en 1986 por Raúl Baglini, entonces diputado de la UCR.

Gabinete sciolista. Las aquietadas aguas de esta pobrísima campaña sólo se movieron un poco con los nombres que Scioli anunció para su potencial gabinete. Casi nada de kirchnerismo y mucho de sciolismo es lo que anticipa el candidato del FpV. "Esas son las señales que tienen que mirar todos. Decían que Daniel se iba a dejar llenar el gabinete con nombres propuestos por Cristina. ¿Y ahora qué dicen?", dijo a este diario un operador todoterreno del gobernador bonaerense.

Aunque nadie vote por los nombres a incluir en un futuro gabinete, Scioli tendrá no menos de 4 ministros de su actual gestión en el Ejecutivo nacional: Alberto Pérez (Jefatura de Gabinete), Silvina Batakis (Economía), Alejandro Collia (Salud) y Ricardo Casal (Justicia).

La designación de Casal debe haber provocado urticaria en sectores oficialistas. Sin ir más lejos, el periodista de Página/12 y titular del Cels, Horacio Verbitsky, lo acusó de encubrir el asesinato de dos adolescentes en José C. Paz y la desaparición de Luciano Arruga, entre tantas otras cuestiones.

Surfeando olas. La campaña santafesina no es más inquietante que la nacional. Omar Perotti y Marcos Cleri surfean la ola de las primarias tratando de mantener el resultado. El rafaelino es un buen alter ego de Scioli a la hora de las propuestas moderadas.

Lo único que alteró su tarea proselitista fue la instalación del rumor de un futuro ministerial desde el 10 de diciembre, algo que tuvo que ser desmentido por Pepe Scioli, el hermano y operador clave del candidato a presidente.

Carlos Reutemann combina apoyos explícitos a Macri con algunos golpes contra Hermes Binner por cuestiones vinculadas a seguridad y narcotráfico, tratando de evitar que el jefe socialista o la tracción de Massa hacia Eduardo Romagnoli lo saquen de la banca del Senado.

Nadie asegura datos concretos sobre el resultado final de la carrera legislativa santafesina hacia la Cámara alta, que tiene en la tijerita de Binner a una protagonista icónica impensada para quien fue el gran elector provincial durante los últimos años. Binner deberá sumar el doble de lo conseguido el 9 de agosto y beneficiarse con una caída del Lole.

A diputado, las cosas están más claras, aunque sólo se sabrá durante la madrugada del lunes 26 cuántas bancas tendrá cada frente. La performance de Massa en la provincia será clave para saber si, además de Alejandro Grandinetti, UNA puede introducir otro legislador. El destino que tenga la tijerita del Frente Progresista también signará las chances de Hugo Marcucci y Chiqui González.

Lo único constante (aquí, allá y en todas partes) es la abulia de la más insustancial campaña presidencial que se recuerde desde 1983 a la fecha. Y sólo faltan 7 días. Lo que ven es lo que hay.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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