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Viernes, 09 Octubre 2015

Pescando en la misma pecera

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Claves. Nunca antes hubo tan poca expectativa electoral, a tres semanas de las elecciones. El ejercicio de transfuguismo de Mónica López. Scioli, "el atrapalotodo" del peronismo. Macri debe aprovechar el escenario.

Nunca como ahora, a tres semanas de una elección presidencial, hubo tan poca expectativa. Y, en verdad, no hay demasiadas razones por las cuales el ciudadano común debería estar expectante.

Las características personales de los candidatos —ninguno encuadra en la categoría de animal político como en otros períodos electorales—, la desaparición de los partidos como ordenadores y dinamizadores de las campañas, el sopor del marketing berreta como única estrategia y la llamativa mediocridad de los spots televisivos que a toda hora y en todo lugar saturan la pantalla y la paciencia, conspiran contra el interés popular.

Por encima de esas causas, el delirante cronograma electoral transformó al 2015 en un maratón de elecciones provinciales, primarias incluidas, que empalagó el ánimo político de la mayoría de los argentinos.

Es toda una rareza, además, que a casi dos meses de las Paso nacionales nada se haya corrido de lugar, salvo los travestis políticos . Pese al sobreactuado intento de querer operar a la realidad con encuestas truchas y encuestadores cuestionados, ni Scioli, ni Macri ni Massa han movido demasiado el amperímetro.

El triple salto con garrocha desde el massismo hacia el sciolismo que practicó la diputada Mónica López, en un ejercicio mayúsculo de transfuguismo, fue digerido en el campamento de campaña del candidato del Frente para la Victoria (FpV) como si se tratase de aceite de oliva.

Peronismo explícito. Se trató, al fin, de otra práctica explícita de peronismo. Así como se dice que el peronismo no es de izquierda ni de derecha sino todo lo contrario, alguien ahora podría citar lo propio respecto del sciolismo y del massismo a la hora del camaleonismo.

Por ese andarivel se paseó el inefable jefe de Gabinete y candidato a gobernador, Aníbal Fernández. "Es peronista, no me parece ilógico que vuelva", apostrofó Fernández sin que se le mueva el bigotón. Al margen de las ironías de ocasión, todo el sistema político termina naturalizando estos garrochazos: no hay castigos internos ni externos a la hora del reproche legal.

Anteayer fue Borocotó el que saltó en garrocha, casi siempre fue Felipe Solá y ahora es la blonda López. Y mañana serán otros. Entenderá ahora el lector por qué es ampliamente entendible que el ciudadano común no se involucre demasiado a tres semanas de las elecciones, como se expresa en el primer párrafo de esta columna.

Muy cerca de Daniel Scioli dijeron ayer a LaCapital que al margen del estallido mediático del pase de López, fueron 50 los dirigentes del massismo que cruzaron el barco tigrense hacia La Ñata. "Hasta tenemos ahora con nosotros a dos intendentes santafesinos que estaban con Massa", comentó exultante un funcionario bonaerense.

En verdad, se trata de los presidentes comunales de Tacuarendí (3.500 habitantes) y San Antonio (450 habitantes). El FpV tiene necesidad imperiosa de captar voluntades, atento a que cada voto vale oro, y que si gana Scioli en primera vuelta será por efecto goteo.

Scioli necesita convertirse en un catch all party (atrapalotodo) del peronismo. Por eso, el objetivo mayor del deseo sciolista tiene tonada cordobesa. En esa provincia desembarcaron varios operadores todoterreno que tratan de captar intendentes, concejales, presidentes de comuna. O lo que sea.

"Hay contactos avanzados con todos, incluso con la ex esposa de (José) De la Sota (Olga Rouitort), con dirigentes de Luis Juez y hasta con el gobernador (Juan) Schiaretti. Es verdad, en Córdoba podemos tener la llave para evitar el ballottage, nos fue muy mal en primarias", confió una espada sciolista.

Para arriba y para abajo. En el laboratorio político del gobernador dicen estar evitando la segunda vuelta por un punto, por lo que no hay manteca para tirar al techo.

El otro distrito que constituye una obsesión para el oficialismo es provincia de Buenos Aires, la propia querencia de Scioli. Aníbal es un pelotazo en contra a la hora de la tracción desde abajo hacia arriba y, por eso, el gobernador intensificará las apariciones en el conurbano.

Aparece aquí un subtexto que muestra las contradicciones por las que atraviesa Scioli: necesita diferenciarse del kirchnerismo paladar negro para captar al peronismo clásico pero, sin embargo, ha logrado las mejores performances en las primarias en aquellos distritos en los que la presidenta de la Nación tiene mejores índices de imagen positiva.

Pese a esa realidad, en provincia de Buenos Aires la más votada fue la macrista María Eugenia Vidal. Para derrotar a la candidata de Cambiemos, Fernández deberá cooptar todos los votos que fueron a Julián Domínguez y rezar para que los intendentes del conurbano le militen la boleta hasta el último segundo.

En el campamento de Mauricio Macri siguen sosteniendo, con cierta lógica, que la mayoría de los electores están a favor de que el kirchnerismo se termine el 10 de diciembre. Pero admiten también que una franja gruesa de esa mayoría resiste la idea de que sea el jefe de Gobierno porteño quién lidere ese proceso.

La repercusión mediática del salto de López desde el massismo al sciolismo debería servirle a Cambiemos para instalar la idea de que, en el fondo, UNA es una variación peronista del mismo tema.

Pero para lograr ese objetivo hacen falta mucho más que campaña con Facebook, timbreadas o suelta de globos. Algo falló seriamente en la tarea proselitista de Cambiemos: Macri sintió mucho más los efectos del caso Fernando Niembro que Scioli las derivaciones de las inundaciones en provincia de Buenos Aires, con posterior viaje a Italia incluido.

Debate devaluado. La deserción del gobernador al debate le quitó mayor sentido a ese evento, y pudo haberse convertido en una buena excusa para que Macri también desistiese. Debe celebrarse que, pese a no tener arriba de la tarima al candidato oficialista, el líder del PRO haya aceptado el convite. No abundan esos gestos en la política nativa.

El raleado debate opositor de hoy sí le puede servir a Massa, quien tiene mucho para ganar y casi nada para perder. Máxime cuando el posicionamiento de unos y otros está igual desde el 9 de agosto.

Al margen de encuestas e instalación de escenarios, la sensación que permanece a tres semanas de los comicios es que Scioli, Macri y Massa están pescando en una misma pecera, como título aggiornado de un hermoso disco ochentista de Vox Dei. Ni siquiera se han convertido en tigres de papel, capaces de generar miedo escénico entre sí.

A 21 días de la gran final, la canción sigue siendo casi la misma.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital