Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Viernes, 25 Septiembre 2015

Collares de piedras en la campaña

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Claves. Scioli y Macri no han logrado handicap propio como para despegarse en la intención de voto. Tucumán y el caso Niembro complican a los dos. El apoyo de la UCR santafesina al líder del PRO y el "efecto tijera".

Daniel Scioli y Mauricio Macri no han tenido demasiado para festejar desde las primarias. Como si desde el 9 de agosto el tiempo se hubiese conjurado en contra de ellos. Las únicas satisfacciones llegaron sólo por los malos momentos del rival.

Las escandalosas derivaciones de las elecciones tucumanas se deben haber transformado en una pesadilla para Daniel Scioli, quien durante aquella madrugada del 24 de agosto festejó alborozadamente una victoria hasta entonces pírrica con Juan Manzur y José Alperovich.

Pero, cuando el fragor poselectoral tucumano ingresaba a la etapa más intensa de nacionalización mediática, el escándalo en el que quedó atrapado Mauricio Macri por las contrataciones con Fernando Niembro le impidió seguir festejando los errores no forzados del candidato del Frente para la Victoria.

Estancados, amesetados, planchados. Elija el lector el adjetivo que le resulte más apropiado. Así están hoy los dos candidatos que más votos sacaron en las Paso y más cerca se encuentran de convertirse en el nuevo presidente de la Nación.

La visita de Macri a Rosario, el miércoles pasado, coincidió con la renuncia de Niembro y sirvió para conocer de primera mano cómo es el pulso en el campamento político del jefe de Gobierno porteño. Bronca en el entorno y tristeza en Macri fueron las sensaciones.

La batalla final. Muchos parecieron haberse desayunado allí sobre esa vieja cita de finales de campaña, cuando se deben definir los nuevos vértices del poder: "La política es la continuidad de la guerra por otros medios".

Las ondas expansivas de los contratos del periodista deportivo con el gobierno de la ciudad terminaron por eyectarlo de su candidatura y dejaron la sensación de que ni el PRO ni en Cambiemos supieron cómo hacerle frente a ese tsunami en el pocillo de café.

La ausencia de una estrategia de salida apuntando a la confrontación con el kirchnerismo, poniendo como contraespejos los resonantes casos de presunta corrupción que rodean a personajes icónicos del gobierno, terminó consumiendo a Niembro —bastante flojo en todas sus defensas mediáticas— y dejando la sensación de que se lo llevaron puesto sin que el espacio opositor ofrezca la mínima resistencia.

En el macrismo estaban azorados por las posiciones editoriales de La Nación, Clarín y de algunos periodistas massmediáticos, a los que consideraban como "tropa propia", al mismo tiempo que admitían —siempre pidiendo reserva de identidad— un supino amateurismo a la hora de enfrentar el caso.

"Es verdad, llegó la hora de hacer política en serio. La campaña por Facebook y las visitas a domicilios particulares nos sirvieron para llegar al 30 por ciento, pero ahora necesitamos entrar al ballottage y ganarlo. Se terminó una etapa", le dijo a LaCapital una fuente calificada del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Traducida a la realidad, la mutación que piden en el macrismo implica una apuesta enjundiosa, y sin dejar flancos débiles, al voto útil. "Scioli no tiene que llegar al 43 por ciento y nosotros tenemos que escalar al 35 por ciento. Esa es la apuesta de mínima", admitió la fuente.

Para que ese deseo teórico del voto útil encarne en la realidad Macri debe ganar buena parte de las voluntades que fueron a José Manuel de la Sota en primarias y coptar también sufragios que se direccionaron hacia Margarita Stolbizer.

Como esas finales encarnizadas entre equipos parejos, el apego a los detalles y sacar buen provecho de ellos son los elementos que definirán si hay o no segunda vuelta en el país. Se entiende en esa descripción por qué desde el análisis político se habla hasta de la importancia del "goteo" de votos hacia un lado o hacia el otro como elemento determinante para la consagración final.

El "efecto Tucumán". Y aparece aquí en acción el problema del oficialismo. Todo el marasmo en torno a los comicios tucumanos EM_DASHy ni hablar si las denuncias se repiten hoy en ChacoEM_DASH convertirán en un escenario de guerra las elecciones del 25 de octubre si es que Scioli cosecha, por ejemplo, una diferencia insignificante por arriba de los diez puntos sobre el segundo o si supera por muy poco el 45 por ciento.

Las hipótesis les suenan a "chantadas" a los kirchneristas. O como una estrategia de los opositores para abrir el paraguas antes de que llueva.

Esa situación de poca movilidad de los porcentajes que cosecharon Macri y Scioli en primarias ha hecho ampliar el zoom en dirección a Sergio Massa. La debilidad de Macri para atacar al gobierno en sus puntos débiles extremó las condiciones de fighter del candidato de UNA.

Massa parece haberse liberado de los errores no forzados que cometió en el trayecto hasta las primarias y es el que hoy por hoy combina ataques a Scioli y Macri con una justa dosis de propuestas para cada tema.

Para el ex intendente de Tigre la madre de todas las batallas será la puesta en escena real de un debate televisado. Si ese evento al fin se llevara a cabo, Massa tendría todas las de ganar y poco para perder. Hoy nadie podría asegurar que Scioli acepte ir tan mansamente a chocar opiniones.

En el laboratorio político del gobernador auscultan con encuestas y focus group cuál es el verdadero porcentaje de la sociedad que exige un debate y cuáles serían las consecuencias de no ser de la partida. En la Argentina es tradición que el que lidera las encuestas no concurre.

No lo hicieron Carlos Menem en 1989, Fernando de la Rúa en 1999, ni Cristina Kirchner en sus dos campañas. Aquella alusión a la "silla vacía"de Carlos Menem en el estudio de Bernardo Neustadt para no debatir con el cordobés Eduardo Angeloz tampoco tuvo secuelas a la hora del triunfo presidencial del riojano. Por otra parte, al menos hasta ahora, Macri no se golpea el pecho pidiendo por el debate.

El capítulo santafesino en el camino hacia los comicios del 25 de octubre tampoco ofrece demasiados vaivenes. En Cambiemos confían en el triunfo a partir del explícito apoyo que el radicalismo provincial le dio a la candidatura de Macri, aunque la foto compartida entre el líder del PRO con José Corral y Mario Barletta no le haya caído demasiado bien a Carlos Reutemann.

Sí, en cambio, ese registro, y el aval radical a Macri le sirve a Hermes Binner para intentar sumar más allá de apoyos preestablecidos. A esta altura, y tras el cuarto lugar al que quedó relegado Binner en la categoría a senador, superar a Reutemann se parecería a una hazaña. Por eso, la apuesta de máxima es a una tijera que maximice el corte de boletas.

Para esa hipótesis el histórico jefe socialista deberá atraer votantes de todos los candidatos presidenciales. ¿Cómo lograrlo sin confrontar con Scioli, Macri o Massa para no espantar a esas voluntades? Es un interrogante que aún no tiene respuesta.

A cinco semanas de la primera vuelta, la foto sigue siendo casi la misma que quedó de las primarias. La gran película final todavía no tiene al actor principal.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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