Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Domingo, 10 Junio 2012

Cristina y la primera barrera

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Lo que buena parte de la sociedad le dejaba hacer y le dejaba pasar al gobierno en tiempos de consumo frenético y bonanza económica hoy parece empezar a convertirlo en barrera. Esa mutación del ánimo social le hizo padecer a la presidenta de la Nación la primera derrota política en mucho tiempo, que derivó en el retiro del pliego del inhábil Daniel Reposo a la Procuración.

   Los porqués del cambio —aunque aún leve— del humor social tiene una lógica irreductible para las clases medias: la marcha de la economía. La inflación, las historias e historietas alrededor del dólar y sus controles cuasi ridículos, hicieron que por una vez los sueños de la Casa Rosada queden —al menos con la designación del candidato a la Procuración— en el sueño frustrado.

   El gobierno nacional se envalentonó con las derivaciones del caso Ciccone que involucra al vicepresidente Amado Boudou. La sucesión de episodios había dejado un tendal de víctimas y victimarios, con un dato sorprendente: todos los investigadores del ex ministro de Economía quedaron investigados en un par de semanas. A saber: el juez Daniel Rafecas fue separado del proceso tras la impresentable seguidilla de chateos con un abogado cercano al vice; el procurador Esteban Righi debió presentar la renuncia avergonzado por las acusaciones en su contra y el fiscal Carlos Rívolo tuvo que ceder su lugar. La coronación de Reposo como jefe de los fiscales era el arándano de un postre demasiado espeso.

Buena performance. Así como se pone el acento desde hace largo tiempo en las deficiencias extremas de la oposición a la hora de hacerle cosquillas al gobierno nacional, esta vez debe reconocerse el eficiente papel que cumplió el bloque de senadores radicales a la hora de ponerse al hombro toda la tarea de auditar en audiencia pública los antecedentes de Reposo, quien demostró no estar a la altura del cargo que pretendía.

   La debacle del pliego de Reposo, en verdad, comenzó a dar señales desde varias horas antes del anuncio de medianoche en la Casa Rosada. La senadora oficialista Roxana Latorre había adelantado su abstención dejando en claro la flojera de papeles que tenía el postulante, pero también marcando a las claras que había un límite que los legisladores que no son de paladar negro kirchnerista evitarían traspasar. Los cacerolazos que se hicieron escuchar la noche del jueves en algunos barrios porteños, con movilización incluida, derivaron en el retiro del pliego. Eso sí, con el habitual relato épico que el kirchnerismo le ofrenda a sus batallas, culpando a los grupos mediáticos y, esta vez, al radicalismo.

La teoría del círculo. No son pocos los que creen en el interior mismo del oficialismo que los malos momentos de las últimas semanas tienen más que ver con complicaciones endógenas del círculo presidencial que con situaciones extraordinarias de la economía. “Me preocupa el aislamiento de Cristina a la hora de las grandes decisiones, a veces se toman medidas importantes sin consultar a nadie. Y esas decisiones tendrían mejor efecto si se buscara, al menos, el consenso con los propios”, dijo el viernes a La Capital una diputada nacional del Frente para la Victoria.

   La misma fuente dijo estar convencida de que la presidenta anunció el traspaso de la Secretaría de Transporte desde el Ministerio de Planificación al del Interior, sin que Julio De Vido y Florencio Randazzo lo supieran desde mucho tiempo antes. El uso de la concentración de las decisiones y el secreto no es nuevo _ni mucho menos_ en el estilo de Cristina, lo que parece haber cambiado ahora son algunas circunstancias.

   La jefa del Estado divide la cancha, marca el territorio, parte el mundo entre buenos y malos, siempre rodeada de una claque de aplaudidores. El estilo de conducción le ha dado réditos a Cristina pero también le ha generado una oposición popular más cercana al odio que al rechazo político. Esa característica es inédita desde el regreso de la democracia. Tampoco es menor la influencia del paso del tiempo: el kirchnerismo gobierna desde hace 9 años llevando adelante un relato tenso y discursivamente ofensivo, algo que satura a los no convencidos.

   La presidenta sigue gozando del centro de la escena y no parece que pueda ser eclipsada en lo inmediato, aunque tal vez eso empiece a convertirse en el problema para el oficialismo. Si en un momento parecía claro que Boudou era el delfín para que el cristinismo tenga sucesor, hoy esa foto quedó ajada, convertida en otro deseo frustrado como consecuencia de los vaivenes judiciales del caso Ciccone.

Liga de gobernadores. A ritmo cada vez más acelerado se posará sobre el peronismo la inquietud de querer adivinar qué es lo que sigue, qué es lo que viene. Esa es la cuestión que empieza ataladrar los pensamientos de los gobernadores justicialistas que esta vez se encuentran limitados en sus acciones políticas por el ojo atento y vigilante de las usinas de Balcarce 50. El director de la consultora Poliarquía, Sergio Berensztein, se lo dijo a este diario: “Los gobernadores empiezan a hablar entre ellos, están preocupados. ¿Hasta cuándo soportarán cargar sobre sus hombros con el ajuste y la «sintonía fina»? Esa es la verdadera pregunta que hay que hacerse”.

Mirando hacia Santa Fe. Si ese interrogante se traslada a Santa Fe, se notará también que el costo del ajuste empieza a emitir señales de alerta en la relación de los propios integrantes del Frente Progresista, que deben empezar a gobernar una provincia poco acostumbrada a déficits, deudas y bonos. El gobierno de Antonio Bonfatti deberá lograr sí o sí el aval de kirchnerismo santafesino en la Legislatura para aprobar la reforma tributaria.

“Tal como está, nosotros no votamos la reforma”, dijo a La Capital una fuente legislativa de Unión-PRO. El rechazo, que sería anunciado públicamente por Miguel Del Sel, obliga a la Casa Gris y expone a los legisladores peronistas santafesinos.

   El gobierno anunció que Raúl Lamberto será su ministro de Seguridad, dejando atrás el paso de comedia por un partido de fútbol con resultado gravoso: debió irse su funcionario estrella, Leandro Corti. Una vez que pase el temblor, Bonfatti deberá enderezar la nave más difícil. La que transita el oleaje cada vez más agitado de la economía.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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