Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Lunes, 14 Septiembre 2015

Candidatos en busca del gol de oro

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Claves. Scioli, Macri y Massa aparecen estancados desde las primarias del 9 de agosto. El gobernador bonaerense rasca la olla peronista. El candidato de Cambiemos deberá sumar más para llegar al ballottage.

A seis semanas de las elecciones que pueden consagrar al nuevo presidente de la Nación, Daniel Scioli sigue rascando la olla del peronismo para atraer los votos que le faltan para consagrarse en primera vuelta, Mauricio Macri está a punto de darle un giro un poco más adrenalínico a la campaña y Sergio Massa busca cómo evitar quedar convertido sólo en árbitro de la contienda.

El Frente para la Victoria (FpV)convive hoy con dos realidades, a priori contrapuestas, pero que seguirán hasta el último minuto del mandato de Cristina Fernández. Aunque la necesidad del candidato oficial pase desesperadamente por capturar los votos peronistas clásicos que en las primarias fueron hacia José Manuel de la Sota, Sergio Massa y Adolfo Rodríguez Saá, refractarios a los modus y usos corrientes del discurso cristinista, la presidenta sigue —y seguirá— a Dios rogando y con el mazo dando.

Lo que sucedió el martes pasado es la más directa comprobación: el mismo día en que el gran público se indignaba por la muerte del chico qom en Chaco, ella se quebraba emocionalmente por cadena nacional, escandalizada, y no queriéndose parecer a los países que expulsan inmigrantes y "dejan morir chicos en las playas".

Cristina no dejará los primeros planos de la gran escena nacional ni abandonará la centralidad política aunque la necesidad de su candidato reclame otra cosa. No lo hizo nunca, ni lo hará ahora. Está en su ADN político, en el que también encalla perfectamente la fábula del escorpión y la rana.

Rascando la olla. Scioli tampoco tiene margen para despegarse demasiado de la presidenta, necesita convertirse en un catch all party (atrapalotodo) del peronismo, en un caballo de Troya que lleve en su panza todos los matices, todas las variantes del peronismo. El del relato, el del "vamos por todo", pero también el de la mayoría de los justicialistas que desde hace mucho tiempo se corrió al costado derecho de la ruta kirchnerista.

Todo lo que se voceaba en estricto off the record en el laboratorio de campaña del gobernador bonaerense —y que se escribió en esta columna hace 15 días— terminó dándose en la práctica. El camino de regreso a la "sciolización de Scioli" aparece hoy más en la elección de sus voceros políticos —Juan Urtubey y un par de gobernadores más, Omar Perotti y Karina Rabolini— que en el propio postulante.

Desde las primarias hasta aquí Scioli no ha sumado demasiada masa crítica, pero tampoco asumió costos electorales a la hora de las pérdidas. Y no fueron pocos los traspiés por acción de terceros o errores no forzados que se interpusieron en su camino.

La mejor noticia para Scioli es que Macri también aparece amesetado desde las primarias y con un problema que nadie pensaba que se iba a filtrar en este tramo de campaña: el efecto Fernando Niembro.

Y pegue, Macri pegue. No son pocos por estas horas los que en el propio macrismo están reclamándole a su líder EM_DASHsiempre en voz bajaEM_DASH que endurezca su batería crítica hacia el gobierno nacional. Si el jefe de Gobierno porteño pensaba que desde el campamento rival iban a aceptar no trasponer determinados ejes discursivos, la furibunda ofensiva contra Niembro le dijo "bienvenido a la campaña".

Al margen de que el tenor de la acusación contra el periodista y primer candidato a diputado nacional por Buenos Aires no tiene ni por asomo la misma carnadura que los casos que sacuden al gobierno (Amado Boudou, Lázaro Báez, entre otros) los enjuagues de Niembro con el Gobierno de la Ciudad impactaron de lleno en la geografía de Cambiemos. A diferencia de otros casos en donde se ventilan supuestos episodios de corrupción, la popularidad del protagonista le otorga al episodio un carácter massmediático diferente.

"Salieron contra Niembro porque les jode mucho las cosas que Fernando dice sobre la provincia de Buenos Aires. El es peronista, tiene un discurso peronista y sabe cómo entrarle a Scioli", dijo el viernes a LaCapital una calificada fuente del PRO. Parecía estar convencida de lo que decía.

Macri inicia la cuenta regresiva para intentar arrimarse a Scioli el 25 de octubre, algo para lo que no le sobra demasiado tiempo. Para que ese objetivo pueda tener un final feliz deberá llevar adelante algo que a veces no parece tan claro en su estrategia: hacer política.

La etapa del proselitismo vía Facebook, el coucheo intenso y las fotos individuales en diferentes puntos del país pueden haber servido como fenómeno de instalación, pero lo que ahora Macri necesita es convertirse en el próximo presidente electo. En ese derrotero, en las últimas horas aumentaron los contactos telefónicos con dirigentes de la UCR santafesina para lograr un encuentro conjunto con el postulante presidencial.

El puzzle santafesino. Macri necesita que el apoyo declarativo del intendente de Santa Fe, José Corral, y del presidente de la UCR, Mario Barletta, se canalice en acciones conjuntas que les permitan a Cambiemos ganarle al FpV en Santa Fe. Pero esa intentona no resulta fácil cuando el principal referente del frente opositor es Carlos Reutemann.

"Los radicales no quieren aparecer con él, pero el Lole no se olvida de las cosas que Barletta le dijo sobre las inundaciones. Que se saquen la foto en Buenos Aires, no hay problema", comentaron por estas horas cerca del senador que va por la reelección a la banca.

Más allá de ciertas encuestas que indican un mejoramiento en la imagen positiva de Massa, el próximo presidente (al menos en la foto de hoy) será Scioli o será Macri. Debería ocurrir un episodio muy extremo para que a tan pocas semanas de la primera vuelta, el candidato de UNA pueda provocar el batacazo. Aunque esto es política y no una ciencia exacta.

"Yo sé que me falta un golpe fuerte, como aquella denuncia de (Raúl) Alfonsín en el 83 sobre un pacto militar-sindical. Pero acá va a haber un debate, y ahí me juego todo. Van a tener una sorpresa todos los que lo vean, y Scioli ni te digo", se le escuchó decir a Massa durante su última visita a Rosario.

Habrá que esperar también para saber si la oposición tiene chances de llegar al ballottage con un escenario competitivo de tres tercios, evitando que Scioli alcance el 45 por ciento, o que tenga diez puntos de diferencia traspasando el 40 por ciento.

Todo parece encaminado a que las subas de unos y otros sean por goteo. Y eso es aceptado en la mesa chica del sciolismo, donde admiten que cada voto que se le escapa a De la Sota "vale oro".

Y sacan cuentas, atento a que el objeto del deseo está en esos quince puntos de diferencia respecto de las elecciones presidenciales de 2011, cuando Cristina cosechó el 54 por ciento de los votos. "Esos son electores que ya votaron al FpV, y pueden volver el 25 de octubre. En un porcentaje de ese 15 por ciento que no nos votó el 9 de agosto está nuestra esperanza. No porque nos amen, sino porque nunca votarían a Macri", arguyen, optimistas, desde el sciolismo.

Los ruidos, las denuncias, la configuración de escenarios constituyeron hasta aquí el derrotero de la campaña. A seis semanas de la gran cita, recién ahora empieza lo mejor.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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