Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Lunes, 07 Septiembre 2015

La transición, a salto de mata

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El extenso e inédito período entre las elecciones y la asunción de Lifschitz le mete aún más ruido a la política santafesina. Fein apuesta a dar un giro en la gestión con las incorporaciones de Javkin y Leone.

La transición política en Santa Fe ya se preveía extensa al momento de establecerse el cronograma electoral. Los resultados, sus derivaciones, y la realidad del día a día la han transformado en excesivamente larga, algo que tal vez no les convenga del todo ni a los que se van del gobierno ni a los que vienen.

Generalmente, y aquí no es la excepción, cuando hay un gobernante que no termina de irse, pero tiene fecha de vencimiento (Antonio Bonfatti), y otro, electo, que no termina de llegar (Miguel Lifschitz), lo que flota en la superficie es que esa situación dual perturba el trabajo del día a día sobre la realidad. Y que los factores directamente ajenos a los que se van y a los que vienen tratan de sacar su propia tajada.

Aunque algo de eso podría estar flotando sobre la superficie en materia de inseguridad —cuando en los últimos días parecen haberse disparado a toda hora y en todo lugar robos, arrebatos y hasta muertes violentas— resultaría una ingenuidad perturbadora que unos (los que se van) y otros (los que vienen) crean que el sombrío panorama obedece exclusivamente a un raptus de oportunismo de la delincuencia organizada.

En verdad, en materia de inseguridad, el gobierno actual transcurre sus últimos meses hasta el 10 de diciembre como cuando llegó: a salto de mata.

Cortocircuito. Esa situación de tránsito por la transición también genera que se aflojen algunas cadenas de mando. No debería pasar desapercibida la desautorización verbal que el vicegobernador Jorge Henn le propinó al secretario de Seguridad, Gerardo Chaumont, por sus desafortunadas declaraciones luego del crimen del arquitecto Sandro Procopio. Al margen: tuvo razón Henn en señalar que Chaumont hablaba más como un espectador neutral que como un responsable del área.

Si los dichos del número dos de la estructura del Estado se hubieran producido en un momento ajeno a la transición, la tensión política extrema habría llegado a lo más alto del poder político.

A esta altura de las cosas, además, al gobernador se le debe hacer extremadamente difícil pedir renuncias, mover el gabinete y encontrar nombres propios para sólo dos meses y medio de gestión. Nadie quiere ser un Jesús Rodríguez conjetural en el tema seguridad.

Lifschitz ha tomado debida nota de la traumática situación que se vive en esa órbita, pero la larguísima transición lo obliga a extremar la prudencia declarativa. Cualquier crítica sería tomada como una deslealtad por Bonfatti y cualquier apoyo a las políticas en marcha sería leído por la sociedad que objeta la política de seguridad como una señal de continuidad.

En todo esto sí hay una grieta difícil de saldar. El oficialismo no trepida en defender las políticas que ha llevado adelante con la policía y consigna que han mejorado las estadísticas respecto del delito. Buena parte de la sociedad considera que no hubo avances, que fallan la prevención y la represión.

El resultado del intríngulis no necesita desde el análisis político demasiadas teorizaciones: la principal crítica que se le hacía al Ejecutivo en la campaña era por el tema seguridad y, en las urnas, el 70 por ciento prefirió una opción diferente a la del oficialismo.

Hoy, todas las encuestas poselectorales marcan el mismo resultado. El área más sensible para los rosarinos, y los santafesinos en general, sigue siendo la misma.

Atento a esto, Lifschitz mantuvo reuniones con especialistas, transmitió su prioridad en la materia en la reunión bilateral con los radicales y, se sabe, tiene en mente dos o tres nombres para ocupar el ministerio que hoy conduce Raúl Lamberto y la secretaría a cargo de Chaumont. "Lo que se hizo bien se mantendrá y profundizará, y lo que se hizo mal se cambiará de plano. Es todo lo que se puede decir. Nombres propios no le voy a dar", dijeron a LaCapital cerca del mandatario electo.

El caso rosarino. La transición es diferente en Rosario, donde no habrá un nombre nuevo en lo más alto de la gestión pero, necesariamente, la reelecta intendenta, Mónica Fein, deberá producir un fuerte cimbronazo. Por esto, Fein les ofreció a las cabezas visibles del radicalismo y de la Coalición Cívica (María Eugenia Schmuck, Daniela León, Martín Rosúa y Pablo Javkin) que se integren al gabinete municipal.

De acuerdo a lo que pudo saber este diario, Schmuck, Rosúa y León prefieren continuar en el Concejo. Javkin se hará cargo en algunos días de la Secretaría General, decisión que involucrará su renuncia a la banca de diputado.

Gustavo Leone es el nuevo nombre que comenzará a tallar en la primera línea del socialismo rosarino y la administración.

Desde la Secretaria de Gobierno, cargo político por excelencia en la Municipalidad, Leone intentará buscar una impronta que no sólo dinamice la gestión sino que lo ponga al final del camino en la carrera por la sucesión de Fein.

Al fin, con Javkin y Leone, el Frente Progresista tiene dos potenciales candidatos a intendente para 2019. Si es que superan el test de la gestión y la penetración popular en imagen y conocimiento, algo que demanda el formato de la boleta única.

Ambos dirigentes trabajaron en las últimas semanas sobre un nuevo orden de prioridades, cambios y relocalización en los distritos, en cuyas estructuras superiores habrá numerosos cambios.

Fein aguarda con ansiedad la asunción de Lifschitz —al fin perteneció siempre a su riñón político— atenta a lo que el propio gobernador electo prometió en su campaña: "Mirar a rosario con ojos de intendente". La experiencia de 8 años al frente de la gestión que tiene Lifschitz en Rosario le permitirá trabajar sobre el terreno de otra manera.

Gestión y cambio. Pero, al margen de cambios de nombres EM_DASHque continuarán en otros lugares emblemáticos de la grilla municipalEM_DASH lo que los rosarinos demandan es otra dinámica de gestión. Y aquí, además de las cuestiones puntuales de políticas estrictamente municipales, la prioridad también es la de la seguridad urbana.

Más que nunca el socialismo deberá afinar su relación con el radicalismo para poder galvanizar su permanencia en el poder, puesta en jaque durante el último proceso electoral.

En esa tarea deberá darse una política muy diferente en el Concejo Municipal que, desde el 10 de diciembre, tendrá una composición heterogénea y crítica hacia la gestión.

Barajar y dar de nuevo. Eso es lo que parece estar elucubrándose en la provincia y en Rosario, mientras se transita una extenso e inédito intermezzo hasta el 10 de diciembre.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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