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Lunes, 31 Agosto 2015

Scioli necesita volver a sciolizarse

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El candidato del FpV se reunió en secreto con Lifschitz tratando de ampliar su esfera de influencia. Para llegar al 45 por ciento necesita captar todo el voto peronista. La inseguridad no deja de golpear a Rosario.

Daniel Scioli busca los intersticios para poder abrazar el número mágico que le evite el ballottage tan temido: 45 por ciento. Hasta hoy, la segunda vuelta es inevitable.

Para saltear el ballottage, la estrategia ha quedado definida: rascar hasta el último voto de la olla del peronismo. Por afuera de ese objeto del deseo, el candidato presidencial del FpV lanzó una táctica de seducción oculta para los grandes ojos de la política nacional pero clave para Santa Fe: seducir al socialismo.

Sin que haya trascendido hasta hoy, la semana pasada Scioli y el gobernador electo santafesino, Miguel Lifschitz, mantuvieron un encuentro secreto en Buenos Aires en el que, además de desearse suerte —uno para la campaña presidencial y el otro para la gestión—, fijaron los trazos gruesos de una eventual convivencia.

Así como se comprometió a trabajar codo a codo con el radical Alfredo Cornejo en Mendoza y con Alberto Weretilneck en Río Negro, Scioli intenta dar señales de previsibilidad a los que no reportan en el peronismo, tratando de establecer un bloque de hielo entre los gobernadores y Mauricio Macri. Pero esto es política y los sciolistas, calculadora en mano, intentarán mejorar las performances en Santa Fe, Córdoba y Mendoza.

La idea que tiene Scioli en relación a la seguridad, siempre apostando a la "saturación" en las grandes ciudades, encuentra oídos atentos y necesidad urgente en Lifschitz, quien sabe que deberá inaugurar su gestión apostando desde lo enunciativo, pero más desde los hechos, a dar vuelta el sombrío panorama actual en la materia.

Laberinto electoral. El secretismo con el que se manejó el encuentro con Scioli y la ausencia posterior de Antonio Bonfatti y de Lifschitz en la reunión de Adira que se realizó en Rosario —en la cual sí estuvo presente el bonaerense— obedece a la crucial e inédita situación que vive el Frente Progresista santafesino en este período de elecciones presidenciales. "Antonio sabía que cualquier foto con Scioli abriría un frente de tormenta. Y sabía también que Scioli buscaba ese voto. Por eso no fue", dicen cerca de Bonfatti.

Así como los socialistas fueron con lista corta para no meterles ruido a los radicales por su acuerdo con Macri, ahora se cuidan de no blanquear la innegable preferencia que tienen por Scioli respecto de Cambiemos y Sergio Massa. Por eso sonó destemplado el rumor que germinó en la ciudad de Santa Fe aludiendo a un intento de acople de las boletas encabezadas por Hermes Binner y Hugo Marcucci a la papeleta presidencial que encabeza Macri.

Aunque desde el sciolismo respondieron con un "sin comentarios" a la inquietud de este diario sobre la reunión con Lifschitz, rápidamente recordaron que se firmaron documentos en la campaña con Omar Perotti sobre una futura acción del eventual gobierno de Scioli en la provincia.

Pero Santa Fe sólo es un mosaico más en la tarea que debe llevar adelante el postulante del FpV en su deseo de ser presidente. El gobernador bonaerense salió chamuscado de los impresentables comicios tucumanos. Llegó demasiado temprano el domingo pasado a la capital norteña, pensando en un contundente triunfo de José Alperovich, que hubiera significado el puntapié inicial hacia una estrategia de hiperperonización, ecualizando el hecho de haberse convertido también en el candidato del kirchnerismo más ortodoxo.

"Lo mató la ansiedad, quiso estar temprano en Tucumán, y después todo se convirtió en un quilombo", admitió una fuente cercana al ex motonauta.

El episodio tucumano mostró el rostro imperecedero de lo peor de la política argentina, aderezado por las absurdas listas sábana, los caudillismos y las colectoras, esta vez bajo el nombre de "acople". Pero también puso en evidencia la larga siesta de las oposiciones que, recién ante la evidencia, decidieron unir fuerzas en serio por el reemplazo del arcaico sistema electoral. También debe decirse que es imposible mutar hacia la boleta única en el lapso de dos meses.

Es de esperar que esta vez la clase política —que casi siempre opera por reacción— mantenga la decisión de ir hacia la boleta única cuando pase el temblor tucumano. A propósito: radicales, peronistas y socialistas santafesinos criticaban la el sistema actual en Santa Fe por "abandonar a su suerte a los partidos políticos". Quedó demostrado —como se indicó aquí hace siete días— que el problema no está encallado en el instrumento. Sí en la política.

Scioli no ha tenido buenas noticias desde las Paso y en su comando de campaña admiten haber "perdido un punto" desde el 9 de agosto, como consecuencia de las derivaciones de las inundaciones bonaerenses, pero confían en lo que viene: "Vamos a estar ajustados, pero llegaremos al 45 por ciento".

Como alternativa a la hora de decir lo que Scioli no puede decir a riesgo de malquistarse con la presidenta de la Nación, apareció en escena un nuevo vocero de la campaña: el gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey. Pero no será el único. Además de algunos otros gobernadores, en el numen del sciolismo filtran que Omar Perotti es otro de los dirigentes habilitados para expresar el "pensamiento verdadero de Daniel".

Pero toda la acción que imagine Scioli también dependerá de los movimientos que realice Macri, algo que será tema para otra columna. Por ahora, es hegemónica la idea de que a Cambiemos le conviene que Sergio Massa retenga los votos peronistas que, sin él en la cancha, podrían dispararse hacia el FpV.

Sin embargo, no es dislocada la visión que también circula en los pasillos del análisis político, haciendo referencia que a esta puja le sobra un candidato. Y que eso facilita las chances del oficialismo.

Inseguridad y muerte. Al margen de los vaivenes de la política nacional, en Rosario la realidad volvió a transitar por otros carriles. El asesinato en ocasión de robo del arquitecto Sandro Procopio, las preocupantes derivaciones de la muerte de Gerardo Escobar y la nueva seguidilla de asaltos —en diversos formatos— centra el foco en el mismo flagelo: la inseguridad.

"Hoy le toca a usted, mañana a mí", fue la frase que eligió el secretario de Seguridad de la provincia, Gerardo Chaumont. Aunque bien intencionado, el concepto deja una peligrosa y flagrante falencia: la admisión de ausencia de autoridad de quien tiene que garantizar seguridad a la hora de la prevención y/o represión del delito.

No es un dato menor que no se haya dado con los asesinos del arquitecto ni con los autores de otros crímenes que tuvieron gran repercusión social en la ciudad.

"No esperes que un hombre muera para saber que todo corre peligro, ni a que te cuenten los libros lo que están tramando ahí fuera", canta Joan Manuel Serrat. Más que una cita oportuna, debería ser un manual de acción política para los que tienen responsabilidades en la seguridad local.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital