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Martes, 18 Agosto 2015

Scioli juega todo a primera vuelta

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Claves. Al candidato del FpV no le sobra demasiado, pero podría superar el umbral del 45 por ciento si uno de cada tres sufragantes de Massa lo vota en la general. El laberinto del Frente Progresista santafesino.

Daniel Scioli deberá ganar en primera vuelta para evitar que en un ballottage la mayoría impulse su deseo de cambio al que lo forzaría la polarización obligada. Mauricio Macri deberá nutrirse de casi todo el voto de Sergio Massa para forzar esa segunda vuelta que es su única garantía de victoria. Con esas dos opciones se cierra casi todo el círculo desde aquí hasta el 25 de octubre. Lo demás son fantasías.

Lo concreto es que Scioli, aunque no le sobra nada, está cerca de ganar la Presidencia atento a que la historia indica que quien gana las primarias aumenta diferencias en la general y no reduce el caudal, salvo algún episodio impensado que altera el curso de lo habitual. Sin embargo, el candidato del Frente para la Victoria (FpV) deberá ir en busca de nuevos votos como única manera de consagrarse el último domingo de octubre.

Si el gobernador bonaerense conquista uno de cada tres votos que fueron al Frente Renovador habrá logrado sortear el 45 por ciento, número mágico que le permitirá ganar con la misma ecuación que Cristina en 2007, cuando cosechó el 45,3 por ciento. Scioli deberá extremar su cintura para seducir también a votantes peronistas que fueron en dirección de Adolfo Rodríguez Saá.

Al fin, pese a los cantos de sirena y la catilinaria que refiere al hartazgo con el peronismo, el 60 por ciento de los votantes sufragó en las Paso por una opción peronista.

Llorando en el espejo. Si Macri tiene deseo irrefrenable y vocación de ser presidente, habrá estado insultándose frente al espejo durante la madrugada del lunes por no haber aceptado el ingreso de Massa a la coalición. Aunque con el diario del lunes todos sean pitonisos, la mayor parte del análisis político que se publicó en la Argentina reflejó, previo a las Paso, que sin un acuerdo se esfumaban las chances de los dos y se agigantaba hasta el paroxismo la posibilidad de un triunfo amplio de Scioli. Y eso fue lo que pasó.

El fantasmal escenario climático que se posó para el oficialismo en la provincia de Buenos Aires (donde convive más del 38 por ciento del padrón nacional) retroalimenta la jugada suicida de dividir votos entre massistas y macristas. Las inundaciones que convirtieron otra vez a varias zonas geográficas en postales del subdesarrollo más acuciante se mixturaron con las denuncias contra Aníbal Fernández por presuntos vínculos con el narcotráfico.

El triunfo del jefe de Gabinete en la interna contra Julián Domínguez volverá a convertir más que nunca a Scioli en el caballo de Troya: deberá llevarlo en su panza pese al alto índice de imagen negativa que trasluce Fernández.

Salvo un traspaso masivo de votantes de Felipe Solá a María Eugenia Vidal, Fernández podrá gozar de la victoria realizando una elección módica. La división de los sufragios opositores podría ser la mayor ofrenda de macristas y massistas para que el jefe de ministros se convierta en gobernador.

Así como Scioli deberá galvanizar el voto peronista, Macri tendrá que retener en Cambiemos a toda la estructura radical, imprescindible en esta etapa para llegar a cada lugar del país. La carencia de armado competitivo que tiene el PRO bien podría compensarse por esa cita de la política argentina que alude a que "en cada pueblo hay una capilla radical".

Las primeras buenas noticias para Macri en ese sentido provinieron desde la provincia de Santa Fe. La decisión del intendente de la capital, José Corral, y del titular de la UCR, Mario Barletta, de apoyar la candidatura presidencial del jefe de Gobierno porteño no es un dato menor.

Corral gobierna un distrito importante del que salió revalidado en las elecciones provinciales y siempre se ubicó en el campus del "progresismo". Corral y Barletta decidieron respetar las reglas de juego —habían votado a Ernesto Sanz en primarias— pero, además, el intendente hizo una lectura detallada de lo que sucedió en su ciudad.

Tijera santafesina. En todas las seccionales de clase media donde se impuso el Frente Progresista en los comicios provinciales hizo una gran elección Cambiemos, algo similar a lo que sucedió en Rosario. La decisión de cortar la boleta de Cambiemos manteniendo a Macri como candidato a presidente y respaldando toda la boleta corta del Frente Progresista vendrá acompañada de una gran distribución de tijeritas.

Aunque nadie jamás lo dirá en público, varios dirigentes socialistas están de acuerdo en que los radicales repartan la boleta Macri-Frente progresista.

"La única manera que tiene Hermes Binner de revertir el cuarto lugar es sumar votos de electores que opten también por Macri presidente. No nos gusta, pero es así", dijo a este diario una espada provincial de la coalición de gobierno santafesina. La necesidad tiene cara de hereje.

La pésima performance del Frente Progresista obedece a varias razones, además de la tracción presidencial de la boleta sábana que hace que decenas de miles de ciudadanos no sepan ni siquiera a quiénes votan para diputado y senador. Seguramente, el 80 por ciento de los sufragantes de Eduardo Romagnoli no conocía de quién se trataba. Y el precandidato del Frente Renovador a senador le sacó 86 mil votos de diferencia a Binner, dos veces intendente de Rosario, ex gobernador y el gran elector provincial de los últimos años.

Pero, más allá de ese voto ciego, el socialismo perdió la exclusividad del discurso opositor al kirchnerismo nacional que tantísimas veces le permitió excelentes performances. La aparición en escena del PRO (ahora bajo el sello de Cambiemos, en alianza con el radicalismo) le habilita al santafesino antikirchnerista beneficiarse también de esa opción. A la hora del voto nacional aquellas declaraciones de Antonio Bonfatti diciendo que en un ballottage "no votaría a la derecha" desperfiló aún más la cuestión.

Y el último elemento es la muy mala performance de Margarita Stolbizer, a quien Binner, aun haciendo una pobre elección, duplicó en votos. No les queda otra opción a los socialistas que maldecir por lo bajo y seguir respaldando públicamente a la candidata de Progresistas, a sabiendas de que no les deparará beneficio de inventario.

La necesidad. Muchos criticaron la decisión de no concurrir con candidato presidencial en la boleta, pero esa opción es la más entendible de todas: al momento de cerrarse las listas nacionales, en el intermezzo de las Paso provinciales a la general, el Frente Progresista estaba a punto de perder la provincia y Rosario. No les quedaba otra a socialistas y radicales que ir con boleta corta como una manera de privilegiar lo trascendente por sobre lo urgente.

La presidencialización de los comicios se hizo notar de manera extraordinaria y golpeó a los principales protagonistas en sus tierras, donde nadie fue profeta: Binner perdió en Rosario, Omar Perotti en Rafaela y Carlos Reutemann en Santa Fe. La elección a presidente fue un huracán que arrasó todo lo demás.

Se inicia ahora otra larga y extenuante campaña, camino a las generales. La que más cansada está es la sociedad santafesina que, el 25 de octubre, deberá ir a votar por cuarta vez en seis meses.

El turno que falta es el que define todo el tablero del poder.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital