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Lunes, 03 Agosto 2015

Las Paso, indefinición e indiferencia

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Claves. Buena parte de los electores todavía no decidió a quién votar. La polarización o no de las Paso será una cuestión clave para Scioli, Macri y Massa. La caída de la credibilidad de las encuestas acelera interrogantes.

A siete días de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso), que deberán definir quiénes serán los candidatos presidenciales, buena parte de los electores aún no definió su voto. Ese dato y la indiferencia popular ante la inminencia de los comicios no son menores si se tiene en cuenta todo lo que se juega.

La caída en desgracia de la credibilidad de las empresas encuestadoras agrega interrogantes a este último tramo de campaña. Frente a la crisis de los partidos políticos como ejes nutrientes y convocantes de voluntades clave a la hora de marcar tendencia, y con la desaparición de los actos públicos, la política preelectoral se quedó sin indicadores que, en otros tiempos, servían para configurar escenarios y arriesgar tendencias.

Aquellas pinturas han sido reemplazadas por el imperio del marketing. Lo que sí se mantiene en algunas provincias y/o enclaves es el valor empírico de los aparatos territoriales, en las que talla la ya dinosáurica boleta sabana, que llega a medir, por ejemplo en Catamarca, casi un metro y medio de longitud.

A una semana de las Paso, las percepciones van camino a una disputa entre el Frente Para la victoria y Cambiemos. Esos dos frentes han experimentado subas y bajas, sentimientos de euforia y decepción, pero desde buen tiempo a esta parte se han mantenido como alternativas a la hora de golpear las puertas del poder.

Daniel Scioli dejó definitivamente atrás, al menos para las Paso, cierto velo de distanciamiento con el gobierno que algunos querían advertir con su candidatura: sin ambages ni flirteos se convirtió en el delfín de todo el "relato", el "modelo" o como se quiera llamar al espacio político que gobierna la Argentina desde 2003.

Hipótesis de voto peronista. El peronismo que no se subió al tren del PRO tampoco tiene demasiadas alternativas, aunque ahí podría tallar la candidatura de Sergio Massa. Casi la única chance que tiene el tigrense es subir a su voiture los flecos del PJ que pueden haber quedado desperdigados por la geografía argentina. Nadie podría decir cuántos son, ni siquiera dilucidar si tal cosa existe.

Pero sigamos con Scioli. La campaña del gobernador bonaerense no sorprende a nadie en su derrotero de maximizar la iconografía peronista, abrazándose sin hacer beneficio de inventario ni control de calidad a todos los sindicalistas y gobernadores afines, haciendo las veces de un caballo de Troya que en su panza lleva lo mejor y lo peor de cada casa.

Lo que Scioli debe evitar es que se muevan las aguas de la economía, hoy encorsetada y con algunos números preocupantes hacia futuro, pero sin dar esos movimientos espasmódicos que de vez en vez condenan a la Argentina a temporadas de crisis absolutas.

Por eso preocupan tanto al entorno del ex motonauta las boutades del ministro de Economía, Axel Kicillof, quien había pedido un impuesto a la vivienda ociosa y ofreció divulgar la lista de los trabajadores que pagan Ganancias pero luego tuvo que desdecirse, sosteniendo que no había dicho lo que dijo.

Por otro lado, el candidato a vicepresidente del FpV, Carlos Zannini, cruzó el viernes la línea de la moderación discursiva que venían ensayando Scioli y Macri (al punto que no pocos macristas reprochan por lo bajo a su jefe esa estrategia) reivindicando a los gobierno kirchneristas como los mejores de la historia y acusando al líder del PRO de tener pocas "neuronas".

¿Fueron los dichos del secretario Legal y Técnico de la Presidencia una muestra de debilidad por el resultado de alguna última encuesta o un intento de volver a subir al ring a Macri porque hay alguna tendencia ascendente de Sergio Massa, como vocean los massistas? No habrá manera de saberlo hasta que se abran las urnas.

En el redil de Cambiemos aún hay sorpresa por el giro populista que pontificó Macri la noche del ballottage porteño, elogiando determinadas políticas oficiales y prometiendo mantener bajo la tutela estatal YPF y Aerolíneas. Nadie en el PRO supo explicar por qué Macri cambió de ideas en el medio del río y más aún luego de un triunfo con sabor amargo como el de Horacio Rodríguez Larreta.

Se escribió en esta columna hace 7 días que el discurso de Macri había sido craneado pensando en una victoria segura y amplia, y como señuelo de ir en busca de votos de indecisos que, sin embargo, respaldan algunas políticas del gobierno nacional. La performance de Martín Lousteau difuminó y le quitó sentido al cambio dialéctico-discursivo del jefe de Gobierno porteño.

El resultado del ballottage —al fin la única encuesta no sólo creíble sino también empírica— definirá el futuro teórico del PRO hasta la primera vuelta de octubre. Ya no sólo son muchos los que ponen en duda la estrategia de campaña sino que algunos se animar a vocear los reparos con el gurú ecuatoriano, Jaime Durán Barba.

Por ejemplo, alguna cuerda se desafinó en la relación entre el macrismo y Carlos Reutemann. El Lole descargó munición hiriente contra Durán Barba, quien lo había acusado de estar "pasado de moda" y de no mover el amperímetro electoral en Santa Fe. Como se anticipó aquí, Reutemann se rodeó en la campaña de viejos compañeros de ruta de extracción peronista, como Ricardo Spinozzi, Alejandra Vucasovich y el concejal Carlos Cardozo.

Macri necesita en las Paso no quedar individualmente más de 10 puntos abajo de Scioli y lograr que Cambiemos en su conjunto (con los votos de Ernesto Sanz y Elisa Carrió) consiga que no se extienda a más de 5 puntos la diferencia con el Frente para la Victoria.

A su vez, toda la batería posterior a las Paso y camino a las generales dependerá de la aparición de un escenario marcado de polarización. Para que eso se produzca, Macri tendrá que lograr una cosecha que aleje a Massa del radar de la competitividad. El consultor Rosendo Fraga lo escribe con números: "Para que la estrategia de la dupla Massa-De la Sota resulte creíble y pueda desplazar a Macri del segundo lugar, la diferencia entre los dos espacios no debería ser mayor a 5 ó 6 puntos el 9 de agosto, lo que hoy no parece fácil. Cuanto mayor sea la diferencia, más difícil será resistir la polarización; cuando menor sea, más fácil le resultará".

A esta altura de las acciones, el gran enigma es la potencialidad que pueda adquirir Margarita Stolbizer, con pronóstico sombrío según las encuestas. Si la candidata de Progresistas no logra una performance mínimamente aceptable muchos de sus votantes podrían dispararse hacia un voto útil no ya en ballottage sino en la primera vuelta.

Pero ese riesgo será para todos los candidatos que queden abajo de los dos primeros lugares. En Argentina no hay cultura de ballottage —de hecho a nivel presidencial nunca se dio esa instancia— y el 25 de octubre puede operar como la gran final anticipada entre Scioli y Macri.

Por ahora, las certidumbres —como las respuestas en la canción de Bob Dylan— están en el viento.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital