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Lunes, 20 Julio 2015

Señales de polarización anticipada

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El Frente Para la Victoria y el PRO hegemonizan los escenarios previos en la disputa por la Presidencia. Scioli sigue adelante con su plan de seducción al kirchnerismo "duro". Macri busca todo el voto opositor

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El escenario de polarización voluntario que hace un tiempo se preveía para la primera vuelta, o el obligado que se daría con seguridad en el ballottage adelantó los tiempos. La disputa presidencial ya quedó encapsulada hacia las primarias entre Daniel Scioli y Mauricio Macri.

Hay una decena de encuestas, ninguna demasiado confiable. La caída en picada libre de la credibilidad de las empresas encargadas de los sondeos es un nuevo registro de época, que venía asomando sus rasgos desde comicios anteriores pero que ahora llegó a su pico máximo de desconfianza tras los increíbles yerros de la numerología política en las elecciones provinciales.

Como nunca antes, la verdadera encuesta encriptada saldrá a la luz con los resultados de las Paso. Y allí van unos y otros precandidatos.

"Estamos en una etapa hermosa del noviazgo", describió con formato prístino un dirigente del sciolismo la relación entre el gobernador bonaerense y el kirchnerismo que se cuece con los vapores de la Casa Rosada.

La estrategia de Scioli sigue siendo la misma: buscar el acercamiento con los sectores más ortodoxos del oficialismo, los mismos que regaron con críticas y desplantes la figura del mandatario provincial hasta minutos antes de que la presidenta de la Nación ordenara extenderle la alfombra roja.

Durante la semana, Scioli compartió un acto con el espacio de Agustín Rossi (La Corriente) al que concurrieron los otrora feroces críticos del ex motonauta nucleados en Carta Abierta. Hasta Hebe de Bonafini, quien había, incluso, insultado al gobernador en un par de oportunidades comenzó la etapa de ablandamiento.

La mujer pasó de "es muy peligroso", "no lo puedo ni ver", "voto a cualquiera menos a él" a "menos casarme con él, algunas cosas podemos conversar". La conversión al pragmatismo de Bonafini es una escena inédita de peronización que en otros años nadie hubiera esperado de ella. Scioli lo hizo.

Scioli seguirá adelante por este camino hasta las Paso, primer mojón tras el cual necesitará ir en busca de mayor masa crítica o, cuanto menos, compensarla. La búsqueda quedará diseñada por el escarpado sendero de los partidos provinciales que no fueron cooptados por el macrismo ni por la UCR.

Y en ese derrotero uno de los objetivos del bonaerense es el socialismo santafesino. La primera exploración del terreno la hizo con una llamada a Miguel Lifschitz apenas se conoció el resultado del escrutinio definitivo que lo consagró gobernador electo. "Pensé que me estaban haciendo una broma de alguna radio y que el que me hablaba era el imitador de Scioli. Pero no, era él", confió Lifschitz.

Pese a que todas las espadas socialistas jugarán con voz y voto alentando la postulación presidencial de Margarita Stolbizer, un escenario de polarización marcado en las Paso entre Macri y el bonaerense cambiaría de eje la preferencia. Aquella declaración de Antonio Bonfatti blanqueando que votaría por un candidato kirchnerista en el ballottage podría, incluso, anticiparse si es que la candidata del GEN no mueve el amperímetro.

Como para sumar un elemento más a favor de ese voto socialista que pretende Scioli aparece la relación postraumática entre el oficialismo santafesino y el PRO como consecuencia del durísimo pase de facturas que originaron los vaivenes del proceso electoral en la provincia.

Pero, enmarcando lo que se viene a nivel nacional, la decisión del Frente Progresista de concurrir a los comicios sin candidato presidencial en la boleta los libera de compromisos, más allá de las declamaciones y lo políticamente correcto. De hecho, la presencia de Stolbizer en Rosario gozó del acompañamiento de toda la plana mayor socialista, incluida la recepción que le hizo el gobernador.

Macri gozará hoy de la victoria demorada, pero victoria al fin, de su espacio en la ciudad de Buenos Aires, la última parada electoral camino a las Paso. El PRO confía en que la polarización deje los elementos grises de lado y que detrás de su candidatura se encolumne la inmensa mayoría de voluntades que no quiere saber más nada con el kirchnerismo y que, incluso, muestra saturación con la extensión en el tiempo del peronismo en el poder.

Si Scioli observa con fruición el marco comparativo de las elecciones de 2007, cuando Cristina ganó con el 45, 29 por ciento evitando la primera vuelta, Macri se aferra al antecedente de 1999 cuando la Alianza destronó al peronismo. Aunque suene como música conocida, el eslogan "cambio o continuidad" sellará a fuego todo el tránsito preelectoral.

Así como Scioli utiliza a fondo sus condiciones de flexibilidad política para acordar aun con el kirchnerismo más lejano a su modus político, el jefe de Gobierno porteño intenta que el radicalismo en su totalidad termine por entender la viabilidad de un acuerdo político que le permitirá tallar fuerte en el Congreso.

Hasta aquí se derrumbaron todas las hipótesis que aludían a un escenario previo a las Paso pletórico de tendencias.

Como sostiene un trabajo de la consultora Nueva Mayoría, el balance de las cinco elecciones "ha sido malo para el FPV y con logros limitados para el PRO y la alianza entre Sergio Massa y José De la Sota".

De las 9 elecciones de 22, en provincias que eligen gobernador, el balance muestra que en 8 de las 9 ha ganado quien estaba gobernando. En paralelo, el Frente Para la Victoria triunfó en tres provincias chicas (La Rioja, Salta y Tierra del Fuego). Sobre 9 candidatos, los que apoyó Macri ganaron en 2 (si se permite el atrevimiento de darle por ganada la elección a Horacio Rodríguez Larreta antes de contar los votos). El otro distrito es Mendoza, pero por el aval que el PRO le dio al candidato radical.

Los resultados en el resto de los Estados marcan triunfos de fuerzas locales, dándole entidad a la importancia que tendrán a la hora del voto a presidente. Pero, como síntesis de todas las previas, puede sostenerse sin temor al error que esas elecciones no han logrado marcar tendencia respecto de quienes van camino a la polarización nacional.

Desde aquí al 25 de octubre difícilmente aparezca una película ganadora, lo que sobrevendrá serán fotografías, instantáneas, de momentos determinados que inclinarán preventivamente la balanza hacia el oficialismo o la oposición según la marcha del gobierno, las condiciones de la economía o los hechos impensados a los que acostumbra la política argentina.

A esta altura de los acontecimientos, nadie puede cantar victoria.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital