Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Lunes, 20 Julio 2015

Bad information

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Batalla cultural. El kirchnerismo ha impuesto sus reglas: no hay más margen para argumentar y pensar con razonamientos y no con prejuicios. Una lógica siniestra para dividir de manera maniquea toda la realidad. El apartamiento de Bonadío es otra demostración.

El nivel de tensión que se palpa en los pasillos de los Tribunales federales de la Capital Federal es impactante. Un fiscal se detiene a saludar a este cronista y no cesa de mirar a un lado y al otro por temor a que lo estén controlando o, vaya a saberse, a que alguien tome una fotografía. Un secretario de uno de los jueces de primera instancia sube el volumen de la radio para explicar que su señoría estaría encantado de recibir a los periodistas pero habría que pactar la entrevista fuera del palacio en algún lugar “seguro”. La música de la radio, explica, sirve para evitar que alguien tome la conversación a través de los celulares. Realidad o exageración de precauciones, el clima es totalmente palpable.

El apartamiento del juez Claudio Bonadío de la causa Hotesur es apenas la punta del iceberg de esa situación. En los mismos Tribunales se da por descontado que en las próximas horas la Cámara de Apelaciones anulará todo lo actuado haciendo que la investigación por el patrimonio presidencial quede, literalmente, en la nada. No sólo se habrá quitado del medio al juez sino que todo lo propuesto por el fiscal Carlos Stornelli volvería a fojas cero. “Magistrado que se acerque al poder pierde: es separado, recusado, enjuiciado o algo peor”, dice un fiscal en estricto off. El “algo peor” se refiere sin dudas a la situación de Alberto Nisman.

A propósito, ayer se cumplieron seis meses de la muerte del ex fiscal y todavía no hay acusación penal sobre su fallecimiento. Al menos, en público. Sin embargo, la doctora Viviana Fein, de prolijo y constante trabajo, está convencida de que no hay un solo indicio de homicidio. “Salvo que el asesino haya volado o levitado en el baño, las periciales no dan presencia en el departamento de otra persona más que Nisman”, les dijo a sus jóvenes y empeñosos colaboradores de la fiscalía. Para ello, se basa en un pormenorizado estudio que recibió hace pocos días que, dicen sus colaboradores, demostraría que las salpicaduras microscópicas de sangre prueban que la puerta del baño estaba cerrada, entre otras cosas. ¿Es entonces suicidio? Los que la conocen creen que tampoco ella cree en ello. Alguien habría jalado intelectualmente del gatillo horas antes. Alguien lo instigó. ¿Por qué? Dos son las presunciones posibles. Se supo emboscado por quien le habría prometido una prueba irrefutable que comprobase su denuncia contra la presidente, su canciller y demás funcionarios y le mintió o no cumplió. Nisman, en esta idea, se sintió desnudo de argumentos a horas de ir al Congreso. Segunda posibilidad: espurios negocios que salpican al entorno familiar (Sara Garfunkel y Sandra Arrroyo Salgado ya ni comparten el patrocinio letrado de la causa) de Nisman. Esto es lo que piensa la fiscalía. Mera información. No opinión de este cronista.

En tres semanas, la representante del ministerio público fiscal considerará concluida su etapa de colecta de pruebas y avanzará con su requerimiento de elevación a juicio.

El viernes, en uno de los tantos actos en recordación de los 85 muertos de Amia (en la Argentina de la división, ni el peor atentado terrorista de la historia permite unirnos en un solo homenaje), su hija Iara pidió con angustia que la ayuden a conocer la verdad. “Mi papá no puede defenderse, Quiero saber la verdad”, escribió la adolescente. Enorme templanza de la joven que se contrapuso a la inexplicable frase del juez federal Bonadío que dijo que si aparece muerto hay que buscar a su asesino. La impunidad verbal es menos grave que la penal, es cierto. Pero un funcionario de la responsabilidad republicana que integra el poder judicial no puede permitirse semejante exabrupto. Claro que su apartamiento de la causa presidencial es grosero y es sencillamente demostrable con la pobreza de fundamentos esgrimida por los camaristas Freiler y Ballestero en la resolución. De ahí a proponer un homicidio preventivo (sic) hay un trecho inmenso.

Ha ganado el kirchnerismo la siniestra batalla cultural de dividir de manera maniquea toda la realidad. No hay más margen para argumentar y pensar con razonamientos y no con perjuicios. Por eso es imposible decir que hay que recordar bien quién es el juez Claudio Bonadío y, a la vez, que su separación del cargo es tristemente irregular. Los rosarinos y santafesinos nos acordamos bien, por ejemplo, de este magistrado cuando actuó en la quiebra del Banco Integrado Departamental (BID) en plena época menemista en donde se estafó, sin sanción judicial para los responsables, a miles y miles de ahorristas, muchos jubilados. Bastaría preguntárselo a la heroica representante de ellos Matilde Sermonetta. Y tanto más. ¿O alguien se olvida de los “jueces de la servilleta?”. Sin embargo, ¿esto amerita tirar por la ventana a un magistrado que investiga a un servidor público?

Ya se dijo en estas crónicas. Ahora el kirchnerismo se espanta de Bonadío. Cuando, como con Oyarbide y otros tantos, los defendió creyendo que le eran “leales”. Este tipo de juez luce como obsecuente y diligente sin razones ante el poder, y traidor, también sin razones, cuando ese poder se va perdiendo. Es la lógica de la irracionalidad inescrupulosa la que ha triunfado en esta dialéctica malsana que dejan 12 años de furia tóxica y no sólo en la Justicia. En casi todo juega la siniestra óptica de amigos, enemigos o “progres” y “opositores”.

Resulta una pena que un periodista brillante como Víctor Hugo Morales se haya sumado esta semana a azuzar este fuego. El uruguayo nunca fue allanado. “Bad information”, para la doctora Cristina Fernández que se solidarizó de manera express cuando todavía se esperan sus opiniones ante los juicios públicos a otros periodistas sentenciados a muerte o escupidos en afiches públicos en un tribunal montado por dirigentes cercanos al oficialismo. Lo que pasó en estos días con el relator de fútbol fue una traba de embargo en sus bienes muebles como les ocurre a cientos de miles de ciudadanos que han perdido un juicio y enfrentan una ejecución de sentencia. Los periodistas no tenemos fueros especiales, habría que recordar.

El origen de la causa judicial, la nobleza de permitir que todos veamos futbol, se discutió con una ilegalidad que él mismo conocía: transmitir un partido sin derecho a hacerlo. Nadie puede alegar su propia torpeza y sorprenderse ahora con que la Justicia aplica la ley. Raro es sí que Víctor Hugo en juicio haya pretendido lavar su responsabilidad diciendo que actuó con obediencia debida a sus productores y a su canal. Perdió un juicio y, en todo caso, su abogado omitió advertirle que le irían a cobrar. ¿Hizo bien Clarín pidiendo embargo con derecho a entrar en la casa del periodista? No transgredió la ley pero sí un símbolo vital que es ser intimidante a cualquier precio. Innecesario.

Bonadío y Morales son apenas dos muestras del oscuro momento que se vive en donde no hay límites a la hora de la voracidad del poder de turno pero tampoco a la hora de denunciar y oponerse esto reclamando el respeto a las instituciones judiciales. Y ya se sabe lo que ocurre cuando no hay ley mínima que se respete y todos nos creemos con derecho a instalar la propia. Hobbes lo explicó hace más de trescientos años.

 

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

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