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Lunes, 06 Julio 2015

Los dilemas de la fórmula oficial

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Scioli dio un claro ejemplo de su perfil incombustible: en el lapso de 24 horas reivindicó a Menem y a Kirchner sin pagar costos. Escenario de polarización con el PRO y apuesta a ganar en la primera vuelta.

Sólo Daniel Scioli podría haber salido indemne políticamente tras haber reivindicado en La Rioja su pasado junto a Carlos Menem y, 24 horas después, haber señalado con la misma pasión en Río Gallegos que Néstor Kirchner marcó su vida para siempre. Así es Scioli, único en su género político, casi incombustible.

El acuerdo político entre la presidenta de la Nación y el gobernador bonaerense sacó de la cancha la pretendida intención del kirchnerismo paladar negro de jugar en las Paso con un candidato más proclive a los usos y costumbres del "modelo". A cambio de que Scioli sea el único postulante de la Casa Rosada, ahí está Carlos Zannini pegado como una estampilla en la fórmula. Y ahí está y estará el ex motonauta forzando hasta el paroxismo la identificación declarativa con Néstor y Cristina.

En verdad, Scioli confía en la intimidad en sobrevivir al kirchnerismo como ha sobrevivido a todos. ¿Si eso funcionó de maravillas y casi como un calco con Menem, Duhalde y Rodríguez Saá por qué no habría de funcionar con Cristina?, se preguntará el gobernador.

Habrá que esperar un tiempo para saber si Zannini y la profesión de fe cristinista licúa o aleja el voto de una franja que no reporta al kirchnerismo pero que ve a Scioli como un moderado ejecutor de políticas vinculado al peronismo más clásico. Por lo pronto, él no trepidará en caminar por las dos veredas, tal como lo demostró su reivindicación de Menem y Kirchner casi al mismo tiempo. "Es con todos", parece ser el leit motiv con el que buscará ganar en primera vuelta.

Opciones en juego. Y aparece aquí la pregunta: ¿puede la fórmula Scioli-Zannini triunfar el 25 de octubre sin necesidad de esperar el ballottage? La respuesta es que sí, que claramente puede darse esa opción. La segunda vuelta se evitaría si llega a los 40 puntos y le saca una diferencia mayor a 10 al segundo o si acumula más del 45 por ciento de los votos. El rival a vencer es Mauricio Macri, candidato del PRO, quien ha relegado en todos los sondeos a Sergio Massa.

De poco sirven las encuestas a casi cuatro meses de las generales, pero los números envalentonan a los sciolistas, que dicen poseer muestreos de cinco empresas en las que el postulante del Frente para la Victoria araña el 40 por ciento.

En el PRO las opiniones son diferentes. Sostienen que la imposición de Zannini como postulante a vice neutraliza un voto no comprometido con el micromundo K le baja el techo de intención de voto al gobernador. Creen allí que la opción "continuidad o cambio" se verá reforzada y que el 55 por ciento de los argentinos en condiciones de votar se inclina por la segunda variante.

El camino trazado por el macrismo tuvo un contratiempo mayor en la provincia de Santa Fe. Aquí, un triunfo de Miguel Del Sel hubiese generado un inmediato clima de victoria interna y mediática camino a un nuevo escenario de percepciones presidencialistas. Una victoria santafesina del PRO habría enlazado con el triunfo radical en Mendoza (Macri apoyó a la UCR) y con la continuidad de éxitos en la ciudad de Buenos Aires, donde Horacio Rodríguez Larreta será hoy el más votado, al margen de que pueda o no superar el mojón del ballottage.

Una victoria en el capítulo santafesino, más que por los resultados concretos, era imperioso para generar nuevos climas, por ejemplo en Córdoba, donde el acuerdo entre la UCR, el PRO y Luis Juez parece haberse quedado —siempre según las encuestas— sin buena parte de las expectativas que generó. Macri deberá hacer internalizar la idea de la polarización y aspirar a que el eslogan "continuidad o cambio" no se convierta en un boomerang.

Hasta el momento de escribirse esta columna se llevaron adelante 6 elecciones a gobernador.

El FPV triunfó en dos (Salta y Tierra del Fuego), el candidato que apoyó Macri ganó en una (Mendoza) pero estaba integrada por dos radicales y la fórmula fue avalada por toda la oposición. En Santa Fe, Neuquén y Río Negro ganaron fuerzas locales. ¿Qué pasaría con esas tres fuerzas si al ballottage llegaran Scioli y Macri? Están más cerca del votar al peronismo que al PRO. Hoy, el 20 por ciento de los electores jugará un nuevo partido en Capital Federal, Córdoba, La Rioja, La Pampa y Corrientes.

Santa Fe, al margen de la victoria del Frente Progresista, le levantó la estima perdida al peronismo, que cree que puede remontar una partida a la que muchos creían perdida de antemano. La performance de Omar Perotti fue seguida atentamente por Scioli porque, además, el perfil del rafaelino puede resultar atractivo a la hora de la sumatoria. No son casualidad los rumores que circulan sobre un destino mediato de Perotti en un eventual gabinete del bonaerense.

El arquitecto. La decisión de la presidenta de rodear a Scioli con un candidato a vicepresidente de la Nación que es, ni más ni menos, que el arquitecto jurídico del kirchnerismo en el poder se suma a la preponderancia que le dio a La Cámpora en los cargos legislativos más importantes, algo que será un punto a favor para que la oposición juegue con el fantasma de un futuro presidente condicionado por Cristina, desde afuera del gobierno pero no del poder.

Sin embargo, el peronismo siempre fue el poder, y el símbolo y la acción de ese derrotero está en quién maneje la lapicera. El sciolismo, al fin, serán los gobernadores. Y los gobernadores peronistas, históricamente, miran al que está, no al que se fue.

Nada mejor para entender cómo funcionan las cosas en el peronismo que recordar aquella caracterización que se hacía de Néstor Kirchner en 2003 como "un chirolita" de Eduardo Duhalde. Kirchner no sólo terminó con la influencia de Duhalde sino que, como un pacman, atrajo para sí a intendentes y gobernadores que habían jurado fidelidad eterna con el bonaerense. No miraron al que se fue sino que se fueron con el que llegó.

Atento a esa experiencia que la tuvo como protagonista del lado exitoso de la historia, Cristina deberá extremar los cuidados si el que gana es Scioli. Por eso, sobrevoló durante tanto tiempo la idea de que la jefa del Estado no miraba con malos ojos que su sucesor sea Macri. Quedaría instalada como líder de la oposición y del peronismo que, con una derrota del gobernador, alejaba cualquier posibilidad de conducción bifronte.

Todo eso parece haber quedado reducido a papel mojado. Hoy la presidenta muestra sin pudores a Scioli como el continuador de la obra y hasta se da el gusto de no tener estampado su nombre y apellido en ninguna boleta electoral.

Esta historia continuará.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital