Rosario, Viernes 24 Noviembre 2017
Lunes, 22 Junio 2015

Gobernador con la brasa en la mano

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A una semana de los comicios, aún no hay mandatario electo. De confirmarse la tendencia, Lifschitz tendrá alivio institucional por una Cámara propia, pero deberá pacificar los ánimos. Aval rosarino al Frente.

El nuevo gobernador de la provincia de Santa Fe ni siquiera habrá ganado por una cabeza, sí por la punta del hocico.

Con la brasa aún en la mano, a una semana de las elecciones, y como si se tratase de una macabra broma de la política, la provincia ofrece al resto del país un escenario multiplicado de desmesuras, voces altisonantes y operaciones políticas al por mayor. El Frente Progresista asegura que ganó Miguel Lifschitz, el PRO luce convencido de que el triunfo será para Miguel Del Sel.

Tal vez, el introito quede viejo cuando el lector se dedique a leer a esta columna y desde el Tribunal Electoral se canten los números. Así de loca es la realidad que, ni siquiera, puede tildarse de "poselectoral" una semana después de los comicios.

Bien vale refrescar los números del escrutinio definitivo para certificar la extraordinaria paridad de las elecciones más reñidas en toda la historia de la provincia de Santa Fe. Entre el 30,69 por ciento de Miguel Lifschitz, el 30,58 por ciento de Miguel Del Sel y el 29,25 por ciento de Omar Perotti no hay ni quiera una luz de diferencia, apenas un intersticio que hace amanecer en la bota un diagrama político de tres tercios.

Aunque resulte como nadar de noche sin luz de Luna por la ausencia de un veredicto final, si se toma como parámetro el resultado que arrojó el escrutinio provisorio, Lifschitz deberá llevar adelante una tarea titánica para encauzar las pasiones políticas cruzadas con una parte de los santafesinos que no terminará de asimilar como natural un conjunto de episodios que, desde el esperpéntico escrutinio provisorio de las primarias hasta el actual en curso, ha mantenido a salto de mata a todos los ciudadanos.

Curiosamente, y a la inversa de lo que pareció ocurrir cuando Antonio Bonfatti ganó en 2011, esta vez tendrá más respaldo institucional que consenso electoral. El Frente Progresista ganó por amplísimo margen las elecciones a diputado provincial, y Bonfatti se irá del poder legitimado no sólo por casi 750 mil votos sino convertido en el dirigente más votado de la provincia. Hoy, como ayer, y como casi siempre, el Senado estará en manos del peronismo.

Curiosamente, pese a la finísima diferencia a gobernador entre el Frente Progresista y el PRO, el macrismo quedará con sólo 10 diputados, muy lejos de los 28 con los que la coalición oficialista impondrá sus mayorías. Lo propio podría decirse desde el peronismo, que también quedó a un "instante" de cantar victoria.

Una situación casi igual, pero a la inversa, se dio hace 4 años cuando el justicialismo logró mayoría en la Cámara pese a haber quedado muy lejos de ganar la Gobernación. Desde entonces y hasta el fin del mandato, Bonfatti pudo salir adelante pese a tener las dos Cámaras en contra. Y vaya si logró gobernabilidad pese a ese disvalor, atento a lo escrito párrafos antes sobre su performance electoral el 14 de junio.

Si se confirma el triunfo del oficialismo, Del Sel y todo el PRO deberán sumergirse en un profundo debate de los porqués de la suma casi nula de voluntades desde las primarias a la general. En los comicios del 19 de abril, el ex Midachi le había sacado casi 160 mil votos de diferencia a Lifschitz, algo que en cualquier otro distrito hubiera tornado inverosímil la posibilidad de una derrota.

El macrismo tuvo en las Paso 536.480, apenas 20 mil menos que en las generales, algo que convirtió en papel mojado todas las elucubraciones sobre los votos radicales de Mario Barletta y cuestiones anexas. "Hicimos todo mal, nos confiamos en el envase armado desde afuera e hicimos la plancha en vez de mostrar a Miguel con técnicos y equipos. Los anunciamos, pero nunca los mostramos", admitió una fuente legislativa del PRO luego de soslayar que el candidato a gobernador fue "víctima de una feroz campaña sucia".

Evidentemente, Del Sel no logró llevar garantías de gobernabilidad a sectores de clase media urbanos. Ganó en 11 departamentos, pero no pudo imponerse en Rosario, Santa Fe, Venado Tuerto, Rafaela y Reconquista.

La notable performance de Perotti no logró escenificar el mismo proceso que se dio en 2011, cuando en la general el postulante macrista vació de votos al Frente para la Victoria y equilibró la suma final con el Frente Progresista.

El Frente Progresista podrá aferrarse con derecho a la cita que indica que "las finales no se explican, se ganan", pero inmediatamente después deberá tomar debida nota de la caída en votos que ha experimentado desde que Hermes Binner sacó al peronismo del poder. Aquel ideario progresista recargado de buenas intenciones tendrá que empezar a saber trabajar con una nueva agenda, dura e inmediata, que hasta puso en riesgo su continuidad en Rosario, su ciudad espejo.

Si se diese una victoria de Del Sel, tendría que afrontar cuatro años de gobierno sin ninguna Cámara a favor y apenas habiendo triunfado en Rufino y Funes, algo también insólito si se tiene en cuenta el caudal de votos del PRO, y que demuestra severos problemas de armados territoriales.

En Rosario, el Frente Progresista logró ganar en la inmensa mayoría de las seccionales merced a que el 30 por ciento de los votantes consideró oportuno darle otra oportunidad a Fein. Saben en el socialismo y en el radicalismo que buena parte de la victoria también se basó en el temor de darle una oportunidad a lo desconocido y a una correcta lectura que hizo la intendenta de los resultados de las primarias.

Pero la diversificación del voto y la caída en caudal de votantes del oficialismo los obliga no sólo a repensar la gestión sino a oxigenar las estructuras. Fein ya sabe que los rosarinos le demandan una voz cantante ante el poder provincial —aunque sea de su mismo signo— y la continuidad en el tiempo del aumento de las fuerzas de seguridad decidida en los últimos meses.

Deberá lidiar la intendenta con un Concejo pletórico en diversidad política, con intereses y objetivos ideológicos contrapuestos, pero se nutrirá desde el 10 de diciembre de ediles frentistas con mayor peso político que los actuales.

Anita Martínez estuvo cerca de convertirse en la sucesora del Frente Progresista, logró una performance muy buena para alguien que hace dos años está en las lides, pero no tuvo al final el plafond político necesario como para convencer a una mayoría relativa de que este tiempo era su tiempo para gobernar una ciudad tan compleja como Rosario.

Al fin, en la provincia y en la ciudad, la concepción frentista volvió a ser el único trébol de cuatro hojas que garantizó las performances electorales de los oficialismos.

Quedará hacia el futuro inmediato el análisis político fino, detallado y minucioso de una realidad que, a siete días de las elecciones provinciales, priva a unos y otros de cantar victoria. Sea quien fuere el ganador, la provincia de Santa Fe demandará gestos de prudencia de la política para volver a ser ese Estado repleto de sentido común.

Del respeto de los de adentro dependerá que vuelva el respeto de los de afuera.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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