Rosario, Viernes 17 Noviembre 2017
Lunes, 08 Junio 2015

Intendente, ¿con perfume de mujer?

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En 7 días se sabrá cómo queda radiografiado el poder político en Rosario y la provincia de Santa Fe. El Frente Progresista se juega su futuro con el PRO, aunque el peronismo santafesino busca terciar en la disputa

Quedan apenas días para saber si el Frente Progresista seguirá gobernando la provincia y la ciudad de Rosario, si seguirá administrando alguno de los Estados o si —por primera vez en 25 años— se quedará sin ninguno de los dos gobiernos.

En Rosario, la futura intendenta parece venir con perfume de mujer: entre Mónica Fein y Anita Martínez se dirime el nombre de la futura jefa del Palacio Vasallo. A menos que en transcurso de la semana entrante se registre un batacazo de Roberto Sukerman, quien creció en las consideraciones tras el debate televisado del domingo pasado, algo que, por supuesto, los kirchneristas no descartan.

El Frente Progresista ha puesto su campaña patas para arriba desde las primarias y ha reconfigurado su discurso y su método. Con la directa presencia de Hermes Binner y Pablo Javkin en el comando diario de las acciones y la estrategia, el oficialismo rosarino envía el mensaje diciendo que escuchó el contenido del voto castigo y promete un refresh hacia futuro, algo en que la propia intendenta abunda en su entrevista de hoy en LaCapital, anticipando, incluso, un cambio de nombres y de formas en su gabinete si es que le toca ganar, apostando a una concepción más frentista que socialista.

Voto mixto. Fein no sólo necesitará de una buena tajada del voto que en primarias fue a Javkin sino que deberá atraer a rosarinos que, aunque enojados con su gestión, se resistan a votar al PRO. De ahí que el discurso en estos últimos días, y en los que vendrán, apuesten fuertemente a trazar una barrera entre el espíritu rosarino de continuidad y la vinculación entre el PRO local y el macrismo porteño.

Pero al margen de discursos y mapas de arena a la hora de teorizar escenarios, el Frente progresista necesita que el paso del tiempo entre las primarias y las generales disminuya el desencanto con Fein y les lleve a los rosarinos mayores sensaciones de tranquilidad tras las primeras dos semanas conviviendo nuevamente con gendarmes y policías federales.

El voto al PRO en primarias logró escaldar al oficialismo en toda la ciudad, con una presencia en los barrios muy intensa que sacó de la escena al peronismo, el adversario histórico que tenía en las barriadas más populosas.

Pero hay un dato que refuerza los porqués del voto al macrismo rosarino, pese a que muchos politólogos no encuentran explicación: el PRO le sacó al Frente Progresista la exclusividad del voto antikirchnerista de la que obtuvo provecho en comicios anteriores.

Al no tener la coalición rosarina una referencia nacional instalada —seguramente se presentará a las elecciones nacionales con una boleta corta en Santa Fe, sin respaldar a ningún candidato a presidente— tanto Fein como Miguel Lifschitz necesitan de la concurrencia de un voto cruzado que esté pensando, incluso, en votar a Mauricio Macri, Daniel Scioli o Florencio Randazzo.

Hoy, el efecto Macri y la apuesta discursiva al cambio tal vez pese más —o no— que la constante recurrencia de los oficialistas apuntando a la falta de experiencia de Anita a la hora de gobernar. Es algo que sólo se sabrá cuando hablen las urnas.

El PRO, además de los votos obtenidos en primarias, o como consecuencia de ellos, le disputa al Frente Progresista la presencia mediática, el espacio callejero y la presencia en las redes sociales, algo impensado hasta hace poco tiempo atrás.

Sukerman le ha dado un envión notable a su campaña sin demasiados apoyos nacionales y con un discurso de extrema dureza hacia Fein y Anita, que no ahorró denuncias mediáticas aprovechando el sugerente escenario que siempre ofrece un debate televisivo.

En el redil de Alejandro Grandinetti también se golpean el pecho por el efecto posdebate, apelando a la buena performance del candidato del Frente Renovador, conocedor de los usos y costumbres del formato de debate televisivo como todo periodista que se precie. Si es verdad, como dicen Sukerman y Grandinetti, que los dos se han fortalecido en votos, la pregunta a responder en breve será: ¿a quiénes se les escapan esos sufragios?

Si las encuestas rosarinas que se manejan por estas horas aluden a que el poder en Rosario tendrá perfume de mujer, a nivel provincial el cargo de gobernador santafesino quedará en manos de un Miguel. Pero, Omar Perotti, apuesta a refritar —tal vez sin conocerla— la canción Dos Romeos, del extraordinario Andrés Calamaro: "Una tercera cabeza que había sumaban tres".

En el campamento de Del Sel capea un optimismo desbordante, aunque en política nunca nadie debe comer la cena antes que el almuerzo. El postulante a gobernador macrista parece haber surfeado la sucesión de epítetos y denuncias contra su figura y hasta se animó a mostrar una veta más humana cuando rompió en llanto en el set televisivo de TN.

Perspicaz, Del Sel se subió desde 2011 hasta hoy a las sucesivas olas que piden cambios en las formas de hacer política, algo que según los opositores lo hace bordear más de una vez un discurso rayano a la anti-política. El formato discursivo del ex Midachi contiene, sin embargo, tres ases a la hora de enhebrarlo con la realidad: sus niveles de conocimiento, las permanentes recorridas a la provincia desde 2011 y su renuncia a la banca de diputado para ser candidato, en un país en el que ningún político nunca renuncia a nada.

Lifschitz es un candidato solvente que deberá aprovechar al máximo las condiciones beneficiosas que le ofrece ser oficialista y poder contar con la anuencia territorial de intendencias y comunas del Frente progresista.

Pero, la principal carta del dos veces intendente se juega en Rosario: es aquí donde deberá ampliar la diferencia apostando, como Fein, a voluntades que vayan más allá del voto convencido. Como se escribió en esta columna el domingo pasado, el Frente Progresista gastó tiempo, saliva y tinta en apostrofar contra Del Sel vinculándolo a los 90, algo que en el imaginario colectivo ya no repercute como en el comienzo del posmenemismo.

Lifschitz, como Fein, deberán apelar al voto útil de quienes aún mascullan broncas relativamente nuevas contra el Frente Progresista pero que no se terminan de convencer con las alternativas que se presentan.

Perotti remontó en las consideraciones con un discurso sólido, conocedor de los pliegues de la provincia. Juran en cercanías del rafaelino que están en condiciones de asomarse a un final de tres tercios y pegar el batacazo en el último tramo. Apoyos no faltaron: Daniel Scioli y Sergio Berni no ahorraron presencia ni fotos a su lado.

Al fin, la campaña que comenzó a mostrar su rostro cuando despuntaba el 2015 está llegando a su fin. Sin embargo, los 7 días que faltan son más trascendentes que todos los meses que pasaron. El voto útil, el voto por el cambio, el voto vergonzante, el voto escondido y el voto convencido mostrarán su verdadero rostro el 14 de junio. La cuenta regresiva ha comenzado. Y parece fascinante.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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