Rosario, Martes 21 Noviembre 2017
Miércoles, 27 Mayo 2015

Hacia la recta final sin pato rengo

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La presidenta ordenó la interna del FpV con un chasquido de dedos: todos aceptaron rápidamente el "baño de humildad". La interna Scioli-Randazzo, al rojo vivo. Las novedades de la campaña santafesina.

El kirchnerismo cumple mañana 12 años en el poder. Con Cristina Fernández sin pato rengo, controlando el Parlamento a voluntad y dominando la mayoría de las provincias. El mayor déficit del espacio que conduce el país desde el 25 de mayo de 2003 es que no puede garantizar con un puro, de paladar negro, la sucesión en el poder.

La presidenta ordenó la casa con un chasquido de dedos: no bastaron más que unas horas para que todos se vayan a pegar ese "baño de humildad" que le pidió a la multitud de candidatos que jugaba a subirse el precio a la hora de negociar luego algún cargo secundario a la hora del reparto.

Ninguno de los presupuestos que bajaban como maná del cielo en el análisis político —pronosticando garrochazos, fugas masivas y peronizaciones paralelas— se cumplió en la práctica. Con pulso firme y riendas cortas, Cristina mantuvo en el corralito a los gobernadores, a los legisladores de kirchnerismo módico y a un enjambre de intendentes.

En esa cohesión interna radica el alto piso que tendrá el oficialismo a la hora de salir de su Paso. Todo indica que el colchón de votos propios le será suficiente al Frente para la Victoria (FpV) para resultar el más votado el 8 de agosto próximo, pero que necesariamente deberá luego sumar masa crítica en votantes que jamás sufragarían por un candidato ultra K, pero sí por Daniel Scioli.

Juego de palabras K. Y es ahí donde está enquistado el dilema de la presidenta. Aunque Florencio Randazzo no encarne de cabo a rabo el prototipo del kirchnerista puro y duro, es lo más kirchnerista que el kirchnerismo tiene a mano. Al margen del juego de palabras, esa situación quedó explícita con los avales que el ministro del Interior se llevó de la reunión de Carta Abierta, la expresión más emblemática de los pliegues intelectuales del "modelo".

Randazzo tuvo que abrevar hasta en los límites del grotesco para llevarse las simpatías del auditorio en la Biblioteca Nacional, imitando las formas dialécticas de paz y amor que habitualmente regala Scioli, y hasta bromeando con la discapacidad de su competidor. Después pidió disculpas, pero en política —como en el tango— qué importa el después cuando las campañas son el paradigma del aquí y ahora.

Aquella teoría que zumbaba en los pasillos de la política dando por segura una derrota del kirchnerismo en las presidenciales, y presumiendo un intento de la mesa chica de la Casa Rosada de acomodar la estrategia a una futura oposición de un gobierno de Mauricio Macri, hoy no tiene razón de ser. El oficialismo —salvo una voluntad políticamente suicida— tiene serias chances de seguir siendo tal si es que Scioli gana las primarias.

Tampoco parece darse en la práctica aquella teoría que decía que el ex motonauta iría endureciendo su discurso con el cristinismo a medida que se acercaran las instancias de votación. Hoy, Scioli no ofrecería resistencia a nóminas comunes en las listas de candidatos a diputado y tampoco a la posibilidad de un dedazo de Cristina respecto del candidato a vicepresidente.

A merced. "Aspiramos a tener un candidato a vicepresidente que no sea piantavotos, todo lo demás es negociable", se escuchó decir en cercanías del mandatario bonaerense, que sigue y seguirá firme en su leit motiv de ver el futuro "con fe, con esperanza, siempre para adelante".

Ante cada crítica o ataque que traspase la raya de lo tolerable (a veces disfrazado como fuego amigo), utilizará la misma estrategia de siempre. "Cuando lo critican, manda siempre a alguien de menor rango a contestar por él. De modo que, además de responder, devalúa a su crítico", se lee en el libro "Scioli secreto", de Walter Schmidt y Pablo Ibáñez, trabajo imprescindible para entender las formas del incombustible gobernador bonaerense.

Sin adrenalina. A la par del envión que tomó la campaña nacional, a diez días del cierre para la formalización de las alianzas y a 20 de la presentación de listas, el derrotero santafesino parece no mover el amperímetro en cuanto a la vinculación del ciudadano con la tarea proselitista.

Siempre, desde el 2007 hasta aquí, las primarias parecen consumir toda la energía de los votantes y de buena parte de los candidatos. Miguel Del Sel y Miguel Lifschitz intentan poner a resguardo los votos que cosecharon el 19 de abril y aprehender la mayoría de los 300 mil sufragios que saldrán de la piñata generada por quienes no fueron a votar, los que votaron a frentes que no superaron el 1,5 por ciento del umbral y los que sufragaron en blanco. Omar Perotti lucha denodadamente para evitar una polarización que termine estrujándolo, como le pasó a Agustín Rossi en el 2011.

En la estrategia de Lifschitz se advierte el intento de apostar a la estructura frentista como maquinaria electoral como primera línea de acción y de sembrar dudas sobre la capacidad de Del Sel para darle gobernabilidad a la Casa Gris. No pareció darles demasiado rédito a los estrategas socialistas de campaña en primarias esa ligazón entre el ex Midachi y "los 90", o la confrontación entre "progresismo y neoliberalismo".

En la provincia de Santa Fe, además del éxito del PRO en las Paso, Mauricio Macri encabeza la intención de voto a presidente, por lo que el discurso debería ajustar su sintonía. Cuando se repiquetea como un mantra sobre el supuesto plan de Del Sel de gobernar con viejos cuadros del "peronismo noventista" le están dando, sin quererlo, escenarios de gobernabilidad a quien nunca gobernó.

Del Sel hizo después de las primarias un giro de campaña, evitando las expresiones altisonantes que, recurrentemente, lo llevaron a caer en delseleadas. La abulia y los modus del coacheo —tan fácilmente perceptibles en el PRO— no corrieron para Jorge Boasso, el siempre extrovertido concejal radical, hoy candidato a vicegobernador macrista, quien terminó ofreciéndole a Mario Barletta el Ministerio de Educación en caso de un triunfo macrista.

Boasso fue a la médula de la cuestión: sabe que los 156 mil votos que fueron al ex intendente de Santa Fe en primarias son el objeto del deseo. Y no lo oculta.

En Rosario, Mónica Fein intenta romper esa imagen de campaña en soledad a la que pareció quedar expuesta, pagando el 19 de abril facturas propias y ajenas respecto de la inseguridad. Su futuro de campaña dependerá de la cohesión que logre con referencias del Frente Progresista (Pablo Javkin, María Eugenia Schmuck, entre otras). Las fotos saben a poco si la coalición no se involucra como tal en las últimas semanas.

Sin levantar demasiadas olas, Anita Martínez se sienta en los 127 mil votos cosechados en el primer turno electoral, intenta mostrar que no se trata sólo de un batacazo y busca perfil equipos que contrarresten las críticas del oficialismo.

Entre esa pelea de mujeres, pretende meterse Roberto Sukerman, quien al igual que Perotti en la carrera a la Gobernación, puja por evitar el escenario de polarización. Con notable esfuerzo y predisposición, Alejandro Grandinetti también quiere que la historia grande no lo deje afuera y enhebra un discurso articulado destinado a sumar más votos que los 52 mil que cosechó en abril.

La larguísima novela electoral empieza a escribir sus últimos capítulos.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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