Rosario, Domingo 19 Noviembre 2017
Lunes, 18 Mayo 2015

Te amo, te odio, dame más

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El socialismo volvió a mostrar la ambivalente relación que mantiene con el gobierno nacional y el kirchnerismo. En las PASO desdeñó la presencia de Gendarmería en el territorio para tratar de mostrar la "nueva" policía. Tras los resultados electorales, ahora pide que regresen. Bonfatti debió desdecirse de su apoyo al oficialismo en los comicios nacionales.

El socialismo no puede terminar de resolver su relación con la Nación y por ende, con la presencia de Gendarmería en el territorio. Es que si admite que necesita de más fuerzas federales aquí, debe admitir también el fracaso de la reforma de la policía provincial que, en el caso de la Policía de Acción Táctica es más que elocuente si se tiene en cuenta que debutó matando a un inocente y al poco tiempo perdió a uno de sus jefes por un crimen del 2011. En medio de esa incomodidad se mueven el gobernador Antonio Bonfatti y el candidato Miguel Lifschitz. Por eso el adversario interno en las PASO Rubén Giustiniani intentaba lastimar por ahí, diferenciarse al pedir el regreso de Gendarmería, acusando a Bonfatti de haber pactado el retiro de las fuerzas federales. Y por eso también, para quitarle espacio a su contrincante interno, Lifschitz elaboró una frase que ahora lo condena: "La Gendarmería no ayudó a resolver demasiados delitos en la ciudad, es un mito que la presencia de las fuerzas federales haya frenado la inseguridad".

En realidad, más allá de los números finos no interesa demasiado cuántos delitos resolvió o no Gendarmería porque en rigor logró algo más significativo y profundo: Darle a la gente una sensación de mayor seguridad al pacificar los territorios con un despliegue de fuerzas que ninguna policía provincial podría lograr.

Lifschitz y Fein fueron contra la corriente, contra lo que mayoría de los vecinos pensaban y sentían para diferenciarse de Giustiniani y Javkin que hicieron toda su campaña basándose en el regreso a la ciudad de las fuerzas federales. Ahora ambos debieron volver sobre sus pasos y pedir la vuelta de los uniformes verdes concientes del alto costo político que les significó en las urnas el 19 de abril.

El secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, reúne en sí mismo una serie de cualidades. Voz de mando, experiencia militar, experiencia en emergencias y lo que es más difícil de conseguir conociemiento político profundo de cada una de las situaciones.

Lo que Berni le dijo esta semana a los candidatos del Frente Justicialista para la Victoria que fueron a verlo; Omar Perotti, Héctor Cavallero, Roberto Sukerman y Eduardo Toniolli, es exactamente lo mismo que le había dicho en marzo al senador Giustiniani en una reunión en el despacho del Jefe de Gabinete Aníbal Fernández.

El funcionario de alto perfil sigue pidiendo que la policía provincial no desaparezca ante la presencia nutrida de los gendarmes y que se respeten las jurisdicciones para las investigaciones federales relacionadas sobre todo con el narcotráfico. Berni sigue siendo crítico del rol del ex gendarme Chaumont como secretario de Seguridad de la provincia (el "Berni" propio que quiso tener Bonfatti) y de la titular del área de Delitos Complejos, Ana Viglione, a quien considera una entrometida en los asuntos federales.

La comisaria y abogada se encuentra cuestionada también por la oposición provincial que la señala por haber nombrado a cinco policías de su confianza en el área de los cuales la mayor parte terminó procesado o complicado en la megacausa Los Monos.

Con todo, el escenario para que vuelvan los federales parece que comenzó a organizarse. En ese marco entienden se produjo la caída del jefe antidrogas de Villa Constitución Raúl Romero. Como publicó ayer Rosario/12, lo sacaron de su cargo por la "escasa productividad" en el decomiso de estupefacientes en los últimos meses. Muchos se preguntan cuán profunda irá la purga.

El gobernador Bonfatti mantiene la buena relación personal con Berni, no así la intendenta Fein, que admitió que ya no bailaría un chamamé con el secretario de Seguridad nacional como lo hizo en el momento de mayor entendimiento. En realidad, no hay nada personal, el socialismo necesitaba despegarse un poco de la Gendarmería para tratar de mostrar juego propio en materia de seguridad. El tiempo jugó en contra y la gente vio casi nada de la "nueva" policía que se presentó en medio de la coyuntura electoral. La Policía Comunitaria comenzó a tener presencia en los barrios, con sus modernas oficinas vidriadas, y las PAT empezaron a multiplicarse en las principales intersecciones de la ciudad. Pero los delitos violentos y las muertes se sucedieron y sectores representativos como los comerciantes expresaron abiertamente su desconfianza hacia las seccionales tradicionales del centro de la ciudad.

Aunque nadie lo expresó públicamente (apenas Fein se animó a caracterizar la situación) el combo llevó a no pocos dirigentes a creer que un sector de la fuerza alentado por el sindicato no reconocido Apropol tiene entendimientos políticos con candidatos de la oposición, más allá de lo que pueda darse con los sectores policiales conniventes con el delito.

Esta relación de amor odio que se estableció con Berni y la Gendarmería, se puede trasladar a la relación política del socialismo con el gobierno nacional y con el kirchnerismo en general.

De otro modo no se entiende el revuelo político que desató la confesión del gobernador Bonfatti cuando dijo que en un eventual ballotage nacional entre el oficialismo y la derecha, él optaría por el oficialismo. Lifschitz, temeroso de que Miguel Del Sel diga lo que finalmente dijo ("los socialistas y los kirchneristas son la misma cosa") y que eso le haga perder algunos votos; se enojó y obligó a Bonfatti a retractarse.

Pero el paso de comedia no es nuevo y viene acrecentándose desde la época en que Hermes Binner aspiraba a la presidencia de la Nación. Mientras Bonfatti recibía inversiones y funcionarios nacionales en la provincia en el marco de la gestión, Binner se encargaba de demoler al gobierno y a la presidenta en declaraciones a los medios nacionales. Incluso Binner se puso en muchas ocasiones decididamente a la derecha del kirchnerismo como cuando aseguró que votaría por Capriles en contra de Maduro si fuese venezolano.

Por todos estos vaivenes no le fue difícil al candidato Perotti hacerse del inicio de la gestión que posibilite un nuevo entendimiento para el regreso de la Gendarmería a Santa Fe. El candidato del FPV pudo sacar una ventaja en medio del tironeo y eso quizás le signifique algún favor extra de parte de algún sector del electorado que necesariamente debe captar para mantenerse expectante de cara a las generales del 14 de junio.

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Leo Ricciardino

Periodista en LT8 y Canal 5. Columnista del diario Rosario/12.

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