Rosario, Domingo 19 Noviembre 2017
Lunes, 06 Abril 2015

Todos los escenarios están abiertos

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Lo único seguro en la política nacional, camino a las elecciones, es que por primera vez en 12 años el apellido Kirchner no estará encabezando la boleta a presidente. Santa Fe, en la mira de todos.

A 260 días de los 4.582 que, el 10 de diciembre, cumplirá el apellido Kirchner en el poder, sólo dos cosas son seguras: que no estará por primera vez en más de una década ese apellido en una boleta presidencial y que a tan poco tiempo del fin del mandato de Cristina no hay lame duck (pato rengo). Todo lo demás está en veremos.

Nadie debería dar por muerto al kirchnerismo hasta que un triunfo opositor en las urnas le cierre los ojos. Desde 2009 hasta aquí han sido varios los que han pronosticado el fin de un proceso que con sus altas y bajas, sus excesos y sus caídas ha marcado a la sociedad y ha logrado congeniar con alguna parte de ella.

A la par de la observación de los movimientos de los dos nombres con más chances que quieren heredar la marca de fábrica (Daniel Scioli y Florencio Randazzo) hay que seguir de cerca los movimientos de su jefa, la presidenta de la Nación.

¿Preferirá Cristina por primera vez ceder su capital político sin beneficio de inventario a Daniel Scioli, le levantará la mano a Randazzo o dejará que el gobierno se escurra hacia Mauricio Macri prefiriendo retener el poder eventual de la oposición y el control del peronismo? Si esa respuesta estuviese ahora mismo al alcance de la mano el futuro inmediato sería más previsible a la hora de bosquejar respuestas teóricas pero también repletas de empirismo.

La kirchnerización. Scioli, el mejor candidato que tiene el peronismo oficialista para retener el poder en los próximos comicios, ha renunciado en los últimos días a cualquier aventura rupturista con la casa madre. No sólo salió rápidamente a expresar su "solidaridad" con Máximo Kirchner ante las denuncias sobre cuentas en el exterior sino que muestra en el afiche que promociona su figura un guiño estentóreo al Frente para la Victoria. "Scioli para la victoria" es el nuevo guiño para los muchachos kirchneristas.

La larga estrategia de la supervivencia, de la cual el gobernador bonaerense ha hecho su zona de confort, torna de efecto neutro las andanadas que, de vez en vez, le proporciona el kirchnerismo gutural alla Kunkel. "Habrá una lista más ortodoxa, la nuestra, y otra peronista, con matices liberados moderados", dijo el diputado nacional, que viene acertando con sus pronósticos desde el inicio mismo del "modelo". Hebe de Bonafini fue más allá y regó su verba de insultos hacia Scioli. De cuero duro, y temple de faquir, el ex motonauta sólo respondió: "Ya tendremos oportunidad de tener una charla y que me conozca de verdad".

Randazzo, quien también es un candidato potable para el oficialismo, juega su mayor carta de triunfo —que hoy es sólo un sueño imposible según todas las encuestas— en un apoyo explícito de Cristina que dé vuelta todas las tablaturas. Sin ese aval de la presidenta al ministro del Interior, Scioli no estaría en problemas.

Curiosa paradoja de la modernidad política: Mauricio Macri tuvo el Metrobus como plataforma de lanzamiento; Randazzo lleva como ícono el regreso del tren a algunas zonas geográficas.

En otros tiempos, esas dos módicas conquistas hubieran resultado inverosímiles para intentar operar como piedras basales de aspiraciones tan significativas. Pero, lo que ve el lector, es lo que hay.

Al margen de potenciales ganadores o perdedores, las Paso del kirchnerismo potenciarán al espacio que, casi con seguridad, podría transformarse en el frente más votado. Scioli, de ganar, buscará ampliar el espacio de cara a las generales buscando arañar un triunfo en primera vuelta o quedar con amplias chances de cara al ballottage.

La caída en los sondeos de Sergio Massa le permite a Cristina estar a un tris de conseguir lo que todo gobierno sueña: la construcción de su adversario. Siempre se dijo en los pasillos de la política —y apareció ratificado en las últimas apariciones políticas de la jefa del Estado— que en el plan del kirchnerismo aparecía Macri como rival preferido.

Le permitirá al gobierno contrastar "modelos" y ubicar al líder del PRO en el redil de "las corporaciones y el "poder concentrado", esas palabras difusas pero que tallan en el espíritu de la presidenta. En caso de perder, el peronismo quedaría con mayorías legislativas, la mayoría de las provincias y la jefatura del Banco Central, entre otros cargos relevantes.

El temor kirchnerista a Massa germina en razones parecidas a la poca aceptación que le genera Scioli. El gen peronista de ambos haría que rápidamente vayan en busca de la absoluta centralidad del poder y a coptar desde allí a los que hayan tomado distancia inicial. Léase: Cristina teme que Scioli o Massa puedan hacerle el mismo daño que Néstor Kirchner y ella les provocaron a Eduardo Duhalde. Así es el peronismo, así es la política.

En ese juego de subas y bajas, de fortalezas y debilidades, las elecciones en Santa Fe se convierten en objeto del deseo para Macri, Massa y el peronismo. Si Miguel Del Sel se convierte en gobernador, el episodio se transformará en una pésima noticia para el ex intendente de Tigre, que quiere seguir peleando por convertirse en la referencia opositora. En esa vereda hay lugar para Macri o para él, se trata de una cuestión excluyente.

La nacionalización de la campaña santafesina leerá un eventual triunfo del ex Midachi como el primer eslabón de una cadena que continuará con las Paso en la ciudad de Buenos Aires, donde el macrismo es amplio favorito.

En ese mismo derrotero se ubican Scioli y Randazzo que, necesariamente, deberán pujar por un escenario competitivo para la fórmula Omar Perotti-Alejandro Ramos.

En cambio, la salida de escena nacional de Hermes Binner tras la implosión del FAU provincializa al extremo las necesidades del Frente Progresista, aunque un triunfo de Miguel Lifschitz caería como maná del cielo para forjar un mínimo optimismo en Margarita Stolbizer.

Un dato cronológico empieza a inquietar al radicalismo: las listas nacionales a presidente, diputado y senador deben ser presentadas el 20 de junio, apenas seis días después de las elecciones en Santa Fe. ¿Cómo se dividirán las almas y las voluntades radicales que en Santa Fe son parte del Frente Progresista pero a nivel nacional cerraron un acuerdo orgánico e institucional con el PRO? Los chispazos recientes entre el presidente del partido a nivel provincial, Mario Barletta, y el vicegobernador Jorge Henn fueron el ejercicio bautismal del nuevo entuerto radical.

Al tiempo que miles de candidatos recorren barrios y parques, saturan la radio y la TV y suben spots por doquier a Twitter y Facebook, el ciudadano medio santafesino recién empieza a meditar su voto. Para los adrenalínicos postulantes, cada día que falta es una obsesión. Para el elector, apenas es un día más.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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