Rosario, Martes 21 Noviembre 2017
Lunes, 26 Enero 2015

Nisman, con la brasa en la mano

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La muerte del fiscal disparó la desmesura argentina: las irreductibles pasiones políticas se trasladan a la hora de intepretar una muerte violenta. Pese a su secundarización mediática, la temporada proselitista santafesina tuvo novedades.

La muerte de Alberto Nisman no ha paralizado la política: en algún punto, y por tratarse de un país zarandeado por la desmesura, las consecuencias de la tragedia del fiscal se convierten en la continuidad de la política pero por otros medios.

Nisman muerto complica mucho más al gobierno que Nisman vivo, algo que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner comenzó a mensurar un lapso antes de girar abruptamente en su diagnóstico sobre las causas del deceso.

Las irreductibles posiciones tomadas de antemano en el caso por la sociedad —acicateadas por las incongruencias de las investigaciones— coinciden con las valoraciones políticas que cada uno tiene respecto del gobierno.

Pero lo peor es que esas respuestas del por qué de la muerte —más propias del juego on line Preguntados que de uno de los episodios más graves de la posdictadura— también llegaron desde quienes tienen la tarea de conducir el país con pulso firme pero equilibrado.

El hecho objetivo y al alcance de la mano respecto de que el desenlace perjudica al gobierno también aleja definitivamente alguna teoría del antikirchnerismo ciego sobre la culpabilidad oficial en la muerte violenta. Pero, a la vez, las explicaciones posteadas por la presidenta en Facebook merecen un análisis más profundo que la aceptación o la crítica.

Durmiendo con el enemigo. Cristina, al atribuir una responsabilidad mayúscula a la pelea entre servicios de inteligencia, está admitiendo sin decirlo que el gobierno cohabitó durante estos 12 años con un reservorio de personajes más cercanos a los sumideros de la política que a una central de inteligencia de un país republicano.

Así como aún no hay una prueba pulimentada de que Nisman se suicidó tampoco hay alguna que asertivamente conduzca al homicidio. Sin embargo —políticos y ciudadanos comunes— fueron/son peritos criminalísticos, morgueros, psiquiatras, fiscales y jueces. Debe decirse que los profesionales encargados de esclarecer la muerte en el décimo tercer piso de la torre Le Parc han resultado más un aporte a la confusión general que un bálsamo capaz de apaciguar los dislates.

La falta de respuestas en las primeras horas (se ha dicho hasta convertirlo en lugar común que "el tiempo que pasa es la verdad que huye") ha ido convirtiendo al caso en otra pieza de caza para los despropósitos mediáticos.

Se advierte la tentación de jarronizar la muerte de Nisman como si se tratara de un espectáculo massmediático. A falta del jarrón de aquella historia bizarra en el departamento de un agente de futbolistas las últimas horas se columpiaron al borde del ridículo con las historias de llaves y pasadizos. Con cerrajero incluido. Nadie debería asombrarse ante esta posibilidad, sólo recordar que las gravísimas denuncias contra Lázaro Báez tuvieron sus capítulos en el living de Intrusos. Pero lo de Nisman es diferente. Difícil apagar el rescaldo por el contexto institucional que rodea su muerte.

El estado casi vegetativo de la causa Amia estaba afuera de todas las agendas de todos los candidatos de toda la política argentina. Seguramente, la gravísima acusación contra la presidenta, el canciller Héctor Timerman, el piquetero Luis D'Elía y el cabecilla de Quebracho Fernando Esteche —entre otros— hubiese tenido un relativo protagonismo bien entrada la campaña.

Al fin, de la lectura de sus casi 300 páginas no aparecen elementos contundentes que lleven a puerto visible la conexión entre el atentado, la supuesta cobertura de Cristina a Irán y la existencia de una "diplomacia paralela" con personajes más propios del Yeneral González que de un gobierno que pretende hacerles un gambito a las potencias occidentales.

De ahí, y haciendo abstracción de lo que hubiese pasado con Nisman y los diputados kirchneristas en la reunión de comisión que no pudo ser, la creencia de que el fiscal muerto es una brasa encendida que no hubiera tenido semejante intensidad con el fiscal vivo.

La Justicia y sus auxiliares —el Estado, al fin— tienen una obligación ineludible: esclarecer lo que ocurrió en alguna hora, en algún momento del antepenúltimo domingo de enero. Aunque con el tiempo transcurrido exista el riesgo de que nadie crea en nada de lo que arrojen las pericias.

Novedades en Santa Fe. Las derivaciones de la impactante muerte de Nisman congelaron el andar mediático de la política santafesina en una semana en la que pasaron cosas. Se confirmó el adelanto publicado en esta columna hace 7 días: el ministro de la producción, Carlos Fascendini, será el compañero de fórmula de Miguel Lifschitz camino a la Gobernación.

El aporte del radicalismo para que otro socialista gobierne la provincia de santa Fe vuelve a ser clave. La mayoría de los legisladores ya se mostraron a favor de hacer campaña por Lifschitz, pese a que el actual presidente de la Unión Cívica Radical, Mario Barletta, encabeza la fórmula que pujará en las Paso contra el actual senador socialista. Una rareza para cualquier politólogo, siempre y cuando no esté al tanto de lo que viene ocurriendo en los turnos electorales santafesinos.

De no ocurrir un cataclismo interno, Lifschitz tendrá una lista de diputados encabezada por el gobernador Antonio Bonfatti y el ministro de Gobierno, Rubén Galassi. Junto a Eduardo Di Pollina constituirán la tríada que intentará respaldar —y controlar— las acciones políticas del Ejecutivo si es que Lifschitz se calza la banda el 10 de diciembre de 2015.

La otra novedad relativa es que luego de un proceso de dudas de parte de Miguel Del Sel, el PRO decidió que el radical Jorge Boasso sea su candidato a vicegobernador. Mauricio Macri y el ex Midachi acordaron que el jefe de Gobierno porteño venga a bendecir la postulación de Boasso y la del periodista deportivo Miguel Tessandori, éste último a diputado provincial.

La bendición se extenderá a Anita Martínez como candidata a intendenta de Rosario, a quienes los macristas posicionan en las encuestas cerca de Mónica Fein.

La confirmación de Boasso como vice de Del Sel representa una buena noticia para el PJ, que postergó su congreso hasta el jueves próximo. Pero deberán ingeniarse ahora para evitar fugas, atento a que el PRO no tendrá a un peronista como número dos de Del Sel actuando como anzuelo. Los que deberán intentar redirigir los votos peronistas rebeldes para tener alguna chance de terciar en la puja serán Oscar Cachi Martínez y Eduardo Buzzi, declamados protagonistas de las paso del Frente Renovador.

Si a la campaña electoral santafesina le costaba remontar vuelo entre el gran público antes de la muerte de Nisman, la conmoción social por las derivaciones de la tragedia del fiscal la mantiene ahora en la inercia casi absoluta. Eso sí, en el microclima político provincial y sus círculos de fuego, la rosca y sus derivados amenazan con ser infinitos

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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