Rosario, Viernes 17 Noviembre 2017
Lunes, 22 Diciembre 2014

La larga marcha hacia el poder

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Scioli estudia las formas para ganar en primera vuelta y afina estrategias para evitar fugas en el voto peronista. Macri define su política de alianzas. Massa construye de manera aluvional. El gambito del gobernador Bonfatti

¿Hasta cuándo podrá evitar Cristina esa máxima peronista que dice que en los finales de ciclo "todos ponen los ojos en el que puede venir y dejan de mirar al que se va"? Para que esa cita no llegue nunca, o lo más tarde posible, la presidenta centraliza las decisiones, la comunicación y todo lo demás.

Daniel Scioli sabe que el tiempo es el gran ordenador de la política. Ha sobrevivido a todos con la paciencia de un orfebre, con estómago blindado y cobertura política de amianto.

"Scioli va a quedar aislado en un placard", dijo Miguel Bonasso el 18 de agosto de 2003, cuando arreciaban las críticas del nestorkirchnerismo hacia el entonces vicepresidente. Hoy Bonasso es un hipercrítico del kirchnerismo y Scioli es el que le puede garantizar cierto halo de continuidad al espacio político que gobierna el país desde hace más de una década. El recuerdo de aquellas declaraciones pone en foco la rareza del personaje pero también ilustra sobre los riesgos de juzgar en política y confundirla con una ciencia exacta.

A menos de un año del recambio en el poder, Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa han quedado como los compositores principales de una partitura a la que le falta el solista exclusivo que la interprete. Pero será uno de los tres.

En el macrismo difunden una encuesta de la consultora Management & Fit como si fuese maná del cielo: 24.7 Scioli, 23.7 Macri, 17.5% Massa y 8% Binner, dice el sondeo de una de las empresas que ha acertado en los últimos tiempos. "Ya nos olvidamos de Massa, la preocupación es Scioli", se golpeó el pecho el jueves un dirigente macrista nacional que acompañó al candidato en la cena de Fundación Libertad.

El voto peronista útil. Aunque se trata sólo de un sondeo que no garantiza más que una rápida foto del momento, ese estado de situación era el que desde hace mucho tiempo soñaba un histórico operador peronista que sigue con despacho en Balcarce 50. "Las chances nuestras de ganar en primera vuelta se van a consolidar si Massa queda tercero. Ahí tenemos que llamar a los peronistas al voto útil. Solitos los dirigentes que se fueron a otro lado van a volver", le explicó Juan Carlos Mazzón a un justicialista santafesino que lo visitó.

Sin embargo, el posicionamiento en la grilla aún no está definido. Massa ha aumentado sus recorridas por el interior del país y —por necesidad o vocación— utiliza un método de construcción aluvional que podría no tener techo a la hora de las sumas. No es un dato menor el antecedente inmediato de haber derrotado al gobierno nacional y al bonaerense en las elecciones de 2013.

Es en el principal distrito del país donde se libran las madres de todas las batallas electorales. De otro modo no se explicaría el porqué de la alta cotización que massistas y sciolistas le otorgan a Martín Insaurralde, cuyo único handicap parece ser la alta exposición mediática.

Scioli espera que el tiempo, el ordenador, decante el apoyo explícito de los gobernadores peronistas pero, además, rezará al cielo para que Cristina no le digite los candidatos desde Ushuaia a La Quiaca. El núcleo duro del kirchnerismo, que en buena manera se refleja en los números de la imagen positiva de la presidenta, le servirán a Scioli para fortalecer su piso electoral pero nadie sabe cómo operará a la hora de formatear el techo. Hay casi un 60% de ciudadanos que lejos está siquiera de aprobar la gestión de la jefa del Estado.

Scioli contará con una ventaja que, al menos hasta hora, no po- drán gozar Macri ni Massa: salir revalidado de una interna populosa. Todo indica que su rival será el ministro del Interior, Florencio Randazzo, quien también se convierte en un buen candidato para los adherentes al modelo K.

Randazzo, en su mix de actividades de gestión y campaña se permitió una floritura: llevar a la práctica la muy buena sintonía que ha logrado con el socialismo santafesino y ofrecerle a Antonio Bonfatti la candidatura a vicepresidente de la Nación.

El gambito de Randazzo es una marea de intentar atraer un voto progre que no se siente representado por Scioli, Massa o Macri, y que intenta dar crédito a la ya ajada marea de versiones sobre un regreso de Hermes Binner a la política santafesina.

El gambito del gobernador. Y hablando de gambitos, vale aquí un apartado sobre las conjeturas que se tejieron y se tejen sobre el gobernador santafesino. Al tiempo que el ministro del Interior lo tienta con un lugar en su fórmula presidencial, el mandatario dijo en las últimas horas al diario El Ciudadano que será precandidato a diputado provincial. La tan temprana decisión de pasar de Papa a monaguillo no es tan sorpresiva como riesgosa.

Bonfatti adelantó los movimientos para intentar cerrar la interna entre socialistas y radicales, mandando una señal a los que por estas horas negocian una nómina de contrafrente encabezada por Rubén Giustiniani y, si la postulación se concreta, asegurar la mayoría en la Cámara baja.

El lanzamiento de la candidatura a gobernador de Miguel Lifschitz, mañana en Santa Fe, anunciará otro tiempo para el socialismo. Deberán instalar con tiempo módico al postulante en el centro-norte y centro-sur provincial pero, sobre todo, apostarán a darle dinamismo a la gestión y profundizar acciones en lo que es el gran déficit de la administración santafesina: la seguridad.

El rival a vencer sigue siendo Miguel Del Sel, quien presentó sus equipos de campaña tratando de borrar una cuestión negativa que suele rodear al candidato respecto de sus programas a futuro. "Hasta el 2013 era la popularidad de Miguel la que permitía que Mauricio penetrara en Santa Fe. Hoy es al revés, es Macri el que lo potencia. Y para nosotros es fundamental ganar Santa Fe. Pocos días después ganaremos en Capital Federal y estaremos instalados para las Paso presidenciales", diagnosticó a La Capital un funcionario de la Jefatura de Gobierno porteña.

Por estas horas en el PRO debaten si ha llegado la hora de buscar un entendimiento más concreto con la UCR que, incluso, pueda reflejarse en una fórmula presidencial. "Todas las mediciones indican que (Gabriela) Michetti atrae más votos que (Ernesto) Sanz, aunque es verdad que tener a Sanz en la fórmula nos da más gobernabilidad", reveló la fuente.

Sanz ya ha blanqueado que jamás podría aceptar como titular de la UCR una candidatura a vicepresidente de otra fuerza pero, además de renunciar en marzo a su cargo partidario, sí se muestra proclive a participar de una competencia en internas. Esa opción, sin embargo, debería darse sin la estructura del Frente Amplio Unen luego de que los socialistas dijeran que se romperá la alianza con la UCR si los de boina blanca fuerzan un acuerdo con el PRO o con el Frente Renovador.

Así de imbricada —y fascinante— está la política en tiempos de posicionamientos kirchneristas sobre el mantenimiento del poder y espera opositora del "canto del cisne", esa expresión levemente melodiosa que anticipa el final de una vida, de un ciclo vital.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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