Rosario, Lunes 20 Noviembre 2017
Lunes, 01 Diciembre 2014

El jeroglífico santafesino

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Los candidatos presidenciales necesitan que las elecciones en Santa Fe no los dejen mal parados. Massa no logra consolidar un espacio competitivo en la provincia. Scioli ve con buenos ojos candidaturas nacionales de Bielsa y Reutemann

Las elecciones en Santa Fe se convertirán en una especie de prueba de tanques llenos para los precandidatos presidenciales.

La provincia tendrá a su gobernador electo casi dos meses antes de que se lleven adelante las primarias nacionales. Santa Fe, como Córdoba y ciudad de Buenos Aires, son las niñas bonitas de la política nacional, las que construyen agenda y permiten mirarse en el espejo. No se cita en este ejemplo a la provincia de Buenos Aires —el principal distrito electoral— porque allí las elecciones provinciales y nacionales tendrán lugar los mismos domingos de agosto y octubre.

Los únicos que hoy por hoy pueden tener razones sólidas para soñar con triunfos santafesinos que acicateen sus vocaciones presidenciales son el FAU y el PRO, quienes tienen en sus respectivos postulantes a gobernador local buenas posibilidades de triunfo.

Miguel Del Sel y Miguel Lifschitz son —junto a María Eugenia Bielsa— quienes encabezan las encuestas en la provincia. La pole position cambia de nombre según la empresa que haga el trabajo de campo, pero ningún otro nombre se cuela en esa tríada. Pero, hasta aquí la ex vicegobernadora no ha confirmado sus intenciones, lo que desvela y pone al borde de un ataque de nervios a algunos peronistas.

Sergio Massa, el otro candidato con grandes chances de ser presidente, no logró hasta aquí encontrar en Santa Fe un nombre que le permita ser optimista. Aquella expectativa que alumbró con Carlos Reutemann bajó las luces tras la decisión del Lole de dejar de referenciarse en Massa en la provincia, apostando desde lo dialéctico a "la unidad del PJ santafesino".

De acuerdo al transcurrir de los días, no pocos creen que lo que hizo fue desensillar hasta que aclare presumiendo las pocas chances que podría tener el massismo en los comicios provinciales, y tal vez apostando a una candidatura nacional si es que el horizonte luce despejado.

Un sector del Frente Renovador apuesta a que Eduardo Buzzi sea el candidato a gobernador del sector, Oscar Cachi Martínez sigue recorriendo la provincia con referencias nacionales y Raúl Ponzio intenta surfear una amplísima ola de desconocimiento.

Massa necesita una performance medianamente atractiva de su espacio santafesino para no quedar atrás del resto de los presidenciables en las tapas de los medios nacionales, el día después de las elecciones en Santa Fe. Hasta hoy no tiene mucho para ilusionarse.

Está previsto que el actual titular de la Federación Agraria lance su candidatura durante mediados de diciembre, pero siempre y cuando logre sortear con éxito el congreso y las elecciones de la entidad agropecuaria. Allí el candidato del oficialismo es Omar Príncipe, quien deberá competir con Pablo Orsolini. Si el buzzismo es derrotado, no habrá salida electoral a gobernador para Buzzi, quien no duda en alinear a Orsolini con el kirchnerismo, algo que es rechazado desde la Lista Unidad Federada.

Allí, acusan al actual titular de la Federación Agraria de "fraudes electorales" y aseguran que es momento de cambios. Se sabrá luego del encuentro en el Patio de la Madera si Buzzi sale de la entidad fortalecido como para ingresar al terreno electoral o si el massismo deberá olvidarse de ese nombre.

Massa, por lo pronto, tampoco descartó a Jorge Boasso como referencia rosarina, pero el concejal radical no definió qué rumbo tomará. Por lo pronto, volvió a aparecer junto a Roy López Molina, Osvaldo Miatello y Diego Giuliano, grupo de trabajo en el Concejo que tiene intenciones de bosquejar una salida electoral. Sin embargo, el jefe del PRO, Mauricio Macri, ha dicho que la decisión de su partido es que la candidata a intendenta sea Anita Martínez. Miatello, en tanto, no ocultó sus simpatías por Daniel Scioli y se mostró cerca del gobernador bonaerense cuando éste estuvo en Rosario.

El laberinto de la política santafesina —y del peronismo en particular— quedó demostrado con el frustrado globo de ensayo que pretendió ser la candidatura del cómico Pachu Peña, quien fue candidato a diputado provincial sciolista y dejó de serlo en el mismo día. Peña admitió no tener el cuero duro para ingresar a la política y, tras espantarse por algunos tuits refractarios a su candidatura, cerró la puerta a su postulación.

Scioli observa al peronismo santafesino como quien se enfrenta a un gigantesco jeroglífico. "Suponemos que vamos a apoyar a quien gane las Paso, pero lo verdaderamente importante para nosotros serán los nombres de quienes estén encabezando la boleta a diputado y senador nacional. No estaría mal que fueran Bielsa y Reutemann", dijo como toda novedad una fuente de la Gobernación bonaerense.

Ese revoltijo de kirchneristas duros, sciolistas, massistas, reutemistas y obeidistas (entre tantos campamentos) hizo caer la última sesión de la Cámara de Diputados de la provincia en, apenas, una muestra del estado de las cosas.

El peronismo santafesino ofrece otra curiosidad: los dos dirigentes de los que se habla como potenciales candidatos a gobernador —Bielsa y Omar Perotti— apoyan en la interna nacional la precandidatura presidencial de Julián Domínguez, a priori sin chances de ganarles las primarias a Scioli o Florencio Randazzo.

A nivel nacional, el poder político y la Justicia libran una de las clásicas batallas que aparecen en el escenario institucional cuando se acercan los fines de ciclo. Hacia finales de los 90, era el Frepaso, con Carlos Chacho Alvarez como voz cantante, el que intentaba acorralar al gobierno con denuncias y conferencias de prensa en los pasillos de los Tribunales de Comodoro Py.

A diferencia de aquellos tiempos, los candidatos opositores hoy no reúnen masa crítica suficiente, pero tampoco parecen tener demasiados bríos a la hora de buscar los costados flacos de la presidenta. Sí fue a fondo el juez Claudio Bonadío, quien pareció evitar las responsabilidades y efectos colaterales del vínculo entre los Kirchner y Lázaro Báez y apuntó a las declaraciones juradas de la familia presidencial. Un antecedente que preocupa a todo al gobierno.

La judicialización de la agenda política es, definitivamente, el camino que alfombrará el ingreso a la campaña electoral, hoy serpenteada por muchas más dudas que certezas.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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