Rosario, Miércoles 22 Noviembre 2017
Martes, 25 Noviembre 2014

Los laberintos de la oposición

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Falta bastante tiempo para las elecciones provinciales. Falta mucho tiempo para las elecciones nacionales. En ambos casos sobran días y encuestas, dudas y especulaciones.

Falta bastante tiempo para las elecciones provinciales. Falta mucho tiempo para las elecciones nacionales. En ambos casos sobran días y encuestas, dudas y especulaciones.

Entre tantos globos de ensayo, la ruidosa salida de Elisa Carrió del Frente Amplio Progresista (FAU) les podría servir a radicales y socialistas para ordenar la casa, mirarse a la cara y ordenarla. Sólo la UCR y el PS están en condiciones de convertir a ese imaginario colectivo en una opción de poder. Las agrupaciones menores suman pero no definen.

El problema mayor del FAU no era Carrió sino el desorden del radicalismo. Es lo que dicen en el socialismo y lo que, en verdad, aparece flotando en la superficie tras un análisis de los barquinazos que ha dado el centenario partido en las últimas décadas. Es demasiado importante la estructura de la UCR en el campo del no peronismo como para que —aún diezmada— alguien piense en ganar sin los gajos más grandes de esa pieza.

Hay radicales que seguirán en conversaciones con Sergio Massa y otros que continuarán sus juegos de seducción con Mauricio Macri. Y será así más allá de la interminable reunión de San Fernando que, al fin, intentó canalizar la adrenalina hacia el exclusivo puerto del FAU. Como alguien escribió: sería ilusorio o propio de principiantes creer que meses de desbordes verbales, lucubraciones cruzadas y álbumes de fotos con los jefes de PRO y del Frente Renovador terminarán siendo dejados de lado por una gacetilla de prensa.

Terapia de grupo. La terapia grupal que hicieron los dirigentes radicales les permitió cosas no poco trascendentes, atento a que la escalada de conversaciones con dirigentes extra UCR iba camino a implosionar al partido. Aunque se trate sólo de ganar tiempo hasta marzo, la opción tranquiliza a los hombres y mujeres de boina blanca que, al fin, deberán definir entonces entre dos realidades: tal vez perder con uno propio o jugar sus fichas a una opción de triunfo en un frente con Massa o Macri.

"El problema con la UCR es que no sabés con quién hablar. (Ernesto) Sanz piensa una cosa, pero (Julio) Cobos cree que es para joderlo a él. Y los que no pueden ganar gobernaciones e intendencias no le dan pelota a nadie", fue la cruda e ilustrativa descripción del inabordable GPS radical que hizo a LaCapital un calificado dirigente socialista. "En Santa Fe es distinto, porque conducimos nosotros, y esa división, al fin, termina favoreciéndonos", concluyó la fuente pidiendo juramentos sobre reserva de identidad.

La actual división nacional, en verdad, tuvo un antecedente santafesino: coexistieron durante muchos años blancos, amarillos y celestes que parcelaron hasta el paroxismo las internas santafesinas hasta impedirles ganar la Gobernación más de una vez. Aquella pavorosa pelea doméstica entre Luis Changui Cáceres y Horacio Usandizaga hizo que el PJ encontrara en el usandizaguismo una veta indispensable para hacer alumbrar la ley de lemas. Pero esas son historias viejas.

Se sabrá en poco tiempo más si Sanz y Cobos les dejarán vía libre a Hermes Binner para que gane las Paso o si, al final del camino, el ex vicepresidente de Cristina Kirchner preferirá intentar convertirse en gobernador de Mendoza. En ese mismo sprint que alfombrará el tiempo de cerrar listas levantará el telón definitivo para conocer si una fórmula Macri-Sanz — voceada hasta por los canillitas — encarna en la realidad o si el senador mendocino seguirá navegando en las aguas del FAU.

El radicalismo es el esqueleto de la coalición y, como se escribió en esta columna hace siete días, el partido que tiene su mayor hándicap en el peso territorial a lo largo y ancho del país. Pero deberá convencer a sus capillas de que existe un sólo dogma para evitar seguir siendo carancheado por Macri y Massa.

El ex intendente de Tigre, a diferencia de Macri, interpretó desde el principio que su falta de estructura nacional podría ser compensada con el radicalismo del interior. El líder del PRO tardó un poco más en convencerse de esa opción, aferrándose a una "tercera vía" que resulta placentera a los oídos pero poco eficaz a la hora de contar los votos. El PRO sigue siendo, por sobre todo, Macri y carece de una estructura de gobierno por afuera de la ciudad de Buenos Aires.

Es probable que la captación de famosos del espectáculo y del deporte haya servido para elecciones legislativas y para popularizar aún más al jefe de Gobierno porteño, pero ahora el desafío es gobernar ciudades, provincias y Nación. Y para eso se necesita prestigio, además de popularidad. Atento a las nuevas necesidades y al crecimiento de Macri en intención de voto se produjo su primera declaración pública de aceptación de una potencial interna contra Sanz y Carrió.

La previa santafesina. Esa mezcla de intereses compartidos pero desde lugares diferentes que se produce a nivel nacional confunde a algunos observadores porteños. Se ha escrito en algunos diarios nacionales que el radicalismo santafesino podría terminar haciendo causa común con el PRO santafesino y hasta se llegó a especular con Mario Barletta como competidor en primarias de su tocayo Miguel del Sel. Hasta aquí, un dislate.

Otro mito urbano que recorrió las páginas de esta columna hace mucho tiempo aludía a la posibilidad de que Binner regrese a la campaña santafesina como candidato a gobernador. Las palabras y los hechos —al menos hasta aquí— han transformado esas especulaciones en papel mojado y viejo. Casi todo el socialismo (con excepción del sector que abreva en Rubén Giustiniani) le ha levantado la mano a Miguel Lifschitz.

La preocupación socialista hoy por hoy es otra. Del Sel puntea en algunas encuestas merced a su mayor grado de conocimiento territorial, pero cuando se consulta a nivel partido es el Frente Progresista el que toma la delantera. Por eso, el llamado de Lifschitz a los radicales para consensuar una fórmula conjunta, incluso para las primarias.

La situación es parecida a la del comienzo de 2011 pero, de haber una interna entre Lifschitz y Barletta, los socialistas apuestan a repetir el esquema de entonces, con todo el aparato y sus dirigentes más importantes caminando la provincia para pedir el voto por Lifschitz. Recuérdese el eslogan: Binner Bonfatti. Esta vez, no habría que descartar otra fórmula de marketing: Binner Bonfatti Lifschitz.

Aunque para entender las prevenciones de Lifschitz reclamando consenso hay que entender que nunca los escenarios son calcados. Y que el paso del tiempo en la gestión no siempre convierten en oro las propuestas de sucesión. Como plan de tormenta algunos (algo alocados) hasta susurran a Bonfatti encabezando una lista a diputado provincial.

Por eso, y para mayor tranquilidad, los socialistas ruegan que el PJ salga del laberinto y ponga en cancha un candidato a gobernador que divida en dos porciones la torta de la oposición. Confían y le rezan al cielo. Y les dicen cosas al oído a los peronistas santafesinos para levantarles la autoestima.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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