Rosario, Lunes 20 Noviembre 2017
Lunes, 20 Octubre 2014

Los tiempos están cambiando

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Por imperio de la necesidad, el gobierno santafesino quiere producir una vuelta de tuerca en su política de seguridad. El kirchnerismo, a nivel nacional, reedita una vieja contradicción dialéctica: "Nosotros o el caos"

Desde lo simbólico y gestual, la decisión del gobernador Antonio Bonfatti de designar a un comandante de Gendarmería retirado al frente de la Secretaría de Seguridad implica un cambio notable de paradigma y un reconocimiento explícito de las dificultades que el gobierno tuvo hasta aquí para hacer abordaje en la crisis por la inseguridad. "Los tiempos están cambiando", escribió Bob Dylan.

Por detrás o por adelante de las maniobras que finalmente produjeron la salida del abogado Matías Drivet y el ingreso del gendarme Gerardo Chaumont —en un backstage que fue reflejado en la edición de ayer de LaCapital—, la decisión se tomó luego de merituar que la inseguridad se estaba llevando puesta cualquier otra acción de gobierno.

Políticamente, en el alfombrado camino hacia el recambio en el poder, el Frente Progresista tiene hasta aquí una única limitante, vinculada siempre a la debacle de la seguridad que arroja una demostración empírica más allá de la almibarada explicación teórica de contextos y declamadas buenas intenciones: desde el 1º de enero hasta hoy se produjeron 195 muertos en Rosario y 120 en la ciudad de Santa Fe.

Nuevo tiempo. ¿Cómo llegar a convencer de que el camino de la solución pasa solamente por un manojo de favoritismos dialécticos progresistas como "articulación de consensos" "construcción de ciudadanía" y frases por el estilo cuando la mayor parte de los rosarinos siente que no sufrir un episodio de inseguridad es más atribuible a la suerte que a la protección institucional? Ese interrogante, al fin, derivó en la llegada de Chaumont, gendarme de currícula extensa y cualitativamente significante.

"Nos pegan por izquierda y nos pegan por derecha, lo peor es no hacer nada. De última tenemos que decidir por qué sendero transitar en materia de seguridad", admitió a este diario en las últimas horas un calificado dirigente del socialismo.

El gobierno encontró además en Chaumont una forma de establecer una conducción bifronte en el área de Seguridad, con Raúl Lamberto sin tanta exposición en la cuestión operativa y más a cargo de la veta política del Ministerio.

"Desde hace más de 20 días teníamos la decisión tomada de introducir esta modificación, no es verdad, como interpretaron algunos, que la medida del gobernador haya sido arrancada por las movidas del intendente de Santa Fe (José Corral) y del vicegobernador (Jorge Henn)", dijo una fuente de la Gobernación.

Chaumont, quien condujo a la policía haitiana tras el devastador terremoto de 2010 en medio de un estado casi lindante a la guerra civil, deberá ahora al menos producir resultados más módicos pero urgentes. Por ejemplo, lograr que se note la presencia policial en las calles de Rosario, donde hoy sólo 33 patrulleros circulan cumpliendo funciones, cifra que podría parecer un chiste si no fuese tan grave. Tenga en cuenta el lector que hay aproximadamente 100 móviles en condiciones teóricas de estar en la calle. "Todas esas cuestiones operativas son las que ahora deberá resolver el nuevo secretario de Seguridad", amplió ayer la fuente oficial.

El candidato socialista a la Gobernación, Miguel Lifschitz, tradujo en las últimas horas la imperiosa necesidad política del oficialismo a la hora de resolver la cuestión de la inseguridad: "La sociedad espera una respuesta efectiva para afrontar este tema".

Camino al 2015. Por afuera de las cuestiones políticas que derraman estas cuestiones poco y nada han progresado por estos días las negociaciones por las candidatur as. En el socialismo, aunque se da por descontada la postulación de Lifschitz a gobernador, aseguran que recién habrá novedades concretas cuando sus cuerpos orgánicos les pongan nombres y apellidos a los candidatos.

En el peronismo santafesino, ayer se vieron las caras Agustín Rossi, Alejandro Ramos, Omar Perotti y el presidente del PJ, José Luis Freyre. Previo a ese encuentro, María Eugenia Bielsa compartió un café con Freyre en el mismo ámbito (un hotel de calle Mitre), pero sin participar de la reunión conjunta como se pretendió hacer filtrar.

Aunque la anunciada síntesis de unidad entre los diversos sectores que componen el amplísimo abanico justicialista sigue en veremos, sorprende que ese tipo de encuentros se realice con tanto secretismo.

Frente a la ausencia de resultados concretos por espacios de unidad, en Rosario Roberto Sukerman largó la candidatura a intendente y, en las próximas horas, el Movimiento Evita anunciará a Fernando Rosúa para competir en la interna con el actual concejal. Para el Palacio Vasallo, los evitistas nominarán al actual diputado provincial Eduardo Toniolli.

Lo que vendrá. En el plano nacional, como cada vez que se acerca el fin de un gobierno, el oficialismo que busca mantenerse en el poder traza una línea imaginaria: "Nosotros o el caos". A la estupidez declarativa del empleado en planta temporaria del Senado Alex Freyre le siguió la instalación de una polémica sobre el mantenimiento en el tiempo de las leyes más icónicas del kirchnerismo.

Con los números en la mano de las encuestas que le provee Jaime Durán Barba, el candidato presidencial del PRO, Mauricio Macri, sorprendió a su núcleo duro de acólitos electorales al prometer que mantendrá las estatizaciones del kirchnerismo. Con esa declaración, el jefe de Gobierno porteño quiere ponerle un límite a la teoría del péndulo pero, además, intenta cosechar votos a futuro que salgan del corralito de la centroderecha.

Aun cuando todas las encuestas marcan un crecimiento de Macri en intención de voto, el gran interrogante, si es que llega al ballottage, es saber cómo podría trepar al 51 por ciento de los votos con un discurso enfocado exclusivamente a su auditorio natural. La necesidad de ir más allá de eso explica la súbita aceptación al mantenimiento de las estatizaciones de YPF y las AFJP.

Al margen de la continuidad o no en el poder, el kirchnerismo ha logrado adhesión mayoritaria en algunas de sus políticas y se aferrará a ellas a la hora de la disputa electoral. Así como para Macri el desafío será extender su masa crítica ideológica, para Daniel Scioli el objetivo de máxima pasará por no espantar de su futura interna a un determinado sector que se muestra refractario al kirchnerismo.

Por afuera de esos ejercicios de poder que sobrevendrán con mayor intensidad en el inicio de 2015, la presidenta de la Nación se aferra al poder de manera cada vez más enfática, como queriendo mandar una señal directa de disciplinamiento interno al corazón del peronismo: no habrá pato rengo aunque no haya reelección, parece querer decir.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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