Rosario, Domingo 19 Noviembre 2017
Lunes, 06 Octubre 2014

CFK y Bonfatti, palabras y hechos

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La presidenta blandió un "vamos por todo" pero a la inversa, poniendo en la vereda de enfrente a EEUU, a Alemania y a los banqueros locales. El gobernador debió salir a defenderse de las acusaciones de financiamiento narco a su campaña.

Cristina Fernández tensa la cuerda, procura sacar de escena el irremediable último episodio de su mandato, que llegará en 2015. Antonio Bonfatti también debió ensayar su propia defensa mediática tras una gravísima denuncia de un diario nacional que vinculó su campaña con aportes del narcotráfico, acusando de la provisión informativa a un sector del kirchnerismo santafesino. La campaña, aquí, allá y en todas partes, preanuncia agendas temáticas explosivas.

Queriendo alejar el pato rengo que chapotea siempre a la par de los gobernantes que no tienen más reelección, la presidenta llevó a la práctica una remake del "vamos por todo" pero a la inversa, poniéndose como víctima de una conspiración de triple leading case: el gobierno de Estados Unidos, la administración de Angela Merkel y un mix de banqueros, exportadores y empresarios locales.

La fase final del cristinismo no les trae buenas noticias a quienes auguraban aterrizajes suaves, políticas consensuales y acuerdos de transición hacia un nuevo gobierno. Como en el añejo pac-man de los videojuegos, Axel Kicillof, se llevó puesto del Banco Central a Juan Carlos Fábrega, visto hasta su final como el que intentaba tener una posición levemente diferente a la del ministro de Economía en la previa al estallido del caso de los fondos buitre.

El futuro K. Si Cristina opta por mantener su táctica de tensión permanente, la interna en ciernes entre los precandidatos de la casa no será tampoco una buena noticia para el gobernador Daniel Scioli, quien deberá atraer un voto moderado hacia un espacio liderado discursivamente por el "ni un paso atrás". Y siempre y cuando la jefa del Estado no decida imponerles a su lista nombres y apellidos que expulsarían voluntades extra kirchneristas. Hasta ahora lo mejor que le pasa a Scioli es la sobreoferta de precandidatos en el Frente para la Victoria (FpV) que, a vuelapluma, terminarán dispersando el voto duro.

Pero, al margen de tácticas discursivas, de copamientos ministeriales por los sectores más radicalizados del krichnerismo y de anécdotas traídas de la mano de los ejemplares truchos de Clarín, lo que Cristina deberá lograr es mejorar los índices de una economía que atraviesa el peor momento desde que "el modelo" llegó al poder.

En ese ir y venir de nombres, no sorprendería que en las próximas horas la presidenta decida nuevos cambios en el Gabinete. En Argentina, recurrentemente, casi nadie con intenciones políticas inmediatas tiene buenas chances de crecer electoralmente como ministro en tiempos de finales de ciclo. Jorge Capitanich ingresó a la Jefatura de Gabinete como presidenciable y se irá otra vez como gobernador chaqueño, si es que se cumplen los pronósticos sobre su salida del Ejecutivo.

"Capitanich iba a volver a Chaco hace un mes, pero no es fácil encontrar un reemplazante. La poca información de la que disponemos hace pensar que allí podría haber un recambio", dijo a LaCapital un diputado nacional por Santa Fe del FpV.

Relaciones peligrosas. En Santa Fe, la Casa Gris afrontó una semana pesada tras las repercusiones de un artículo publicado en el diario Página/12 firmado por Horacio Verbitsky, que reproducía dichos de familiares de Luis Medina, un empresario narco cuyo asesinato no fue esclarecido, y escuchas que llegaron a la comisión legislativa que investiga el caso.

El gobierno reaccionó primero con posicionamientos públicos de las segundas líneas pero, al fin, el propio Bonfatti fue el que tomó la delantera acusando a diputados del Movimiento Evita de "llevarle carne podrida" al Perro Verbitsky.

La escalada en torno a la publicación porteña y el tenor de la defensa oficial hizo recordar en parte los episodios surgidos a partir de la acusación de "narcosocialismo" que hizo en la Cámara de Diputados Andrés Cuervo Larroque, estrechamente vinculado a Cristina, y de las circunstancias que surgieron cuando se encontraba prófugo el ex jefe de la policía santafesina Hugo Tognoli.

En aquellas dos oportunidades, el gobierno local resolvió el asunto encorsetándolo en una operación nacional del kirchnerismo contra la administración socialista —lo que siempre deja buenos réditos en una comarca refractaria al poder central— y, en el caso de Tognoli, los dichos del presidente del PJ, José Luis Freyre, hablando de una posible "intervención" nacional a la provincia se convirtieron en un bumerán para los denunciantes de vínculos prohibidos entre el policía y la Casa Gris.

El desgaste de los funcionarios de Seguridad santafesina y, sobre todo, los cambios en la relación entre los gobiernos provincial y nacional obligaron a que sea Bonfatti el que termine dando las explicaciones y sometiéndose a un cuestionario intenso en los estudios de Todo Noticias.

Carne podrida. El gobernador encapsuló la contraofensiva en supuestas conspiraciones políticas ancladas en Santa Fe, habló de "mercenarios" que llevan "carne podrida" a diarios oficialistas nacionales, pero esquivó hablar de responsabilidades políticas a la hora de analizar el voraz crecimiento del narcotráfico y sus trágicos desencadenantes de violencia en la provincia.

Sabe Bonfatti que esa cuestión y el aumento de los hechos de inseguridad comunes estarán estampados en la agenda de campaña como una oblea y que esmerilarán el tramo final de su gobierno.

El Frente Progresista pudo contemplar en los últimos meses respecto al tópico de la seguridad que algunos paradigmas —al menos desde lo verbal— ya no resisten demasiado análisis más allá de la anécdota.

Los rosarinos que viven en las zonas más calientes de la ciudad, y que conviven con las consecuencias de los delitos que giran alrededor del narcotráfico, recibieron con alivio la saturación de gendarmes que llegó de la mano del gobierno nacional.

Esa misma situación es la que demandan los habitantes de toda la ciudad respecto de las fuerzas de seguridad provinciales a la hora de combatir la proliferación de robos, escruches, entraderas y salideras. No se trata de "mano dura" ni de "mano blanda", tampoco de "derechización del discurso". Se trata de demandas urgentes surgidas al imperio de lo que hoy es el principal problema para todos los rosarinos, de norte a sur y de este a oeste.

En materia de seguridad, a las palabras —como a las hojas a las que les cantaba Luis Alberto Spinetta— se las lleva el viento.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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