Rosario, Miércoles 22 Noviembre 2017
Lunes, 15 Septiembre 2014

Socialismo, bodas de plata y oposición

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El 10 de diciembre próximo el socialismo cumplirá 25 años al frente de la Municipalidad de Rosario, todo un récord de continuidad política en los grandes municipios.

El 10 de diciembre próximo el socialismo cumplirá 25 años al frente de la Municipalidad de Rosario, todo un récord de continuidad política en los grandes municipios.

Pese al cuarto de siglo conduciendo los destinos de la administración, el socialismo no tiene aún estampada la estampilla de "fin de ciclo", como sí ocurrió en la provincia de Santa Fe cuando el PJ se aprestaba a cumplir su último año de gobierno, en 2007, o como ha sucedido con otros partidos a lo largo y ancho de la geografía. La explicación de por qué esto es así tiene una razón: no hay oposición —ni opositor alguno— al que la mayoría de los rosarinos vea hoy en condiciones de gobernar.

Por todo lo demás, en contexto y obra, las dos décadas y media continuadas al frente de una ciudad cada vez conflictiva y conflictuada, con nuevas demandas y nuevos paradigmas, hacen mella en la gestión cotidiana. Siempre, en Rosario, en la Nación y en todas partes, el paso del tiempo se convierte en la principal oposición.

De cara al 2015, el socialismo tiene en Mónica Fein el Plan A para seguir gobernando, adoptando el mismo sino que ensayó con Hermes Binner y continuó con Miguel Lifschitz, quienes hicieron uso de la reelección y gobernaron la ciudad 8 años cada uno. Hoy Fein arrancaría el proceso en busca de su renovación de mandato con índices de imagen e intención de voto mucho más bajos que sus antecesores, pero con un piso al que por ahora no puede igualar ninguno de los opositores.

Luces y sombras. Cerca de la intendenta aseguraron a LaCapital que el principal obstáculo a superar es cierta toma de distancia de sectores medios urbanos que, históricamente, fueron proveedores del voto. "En los barrios la gente se pone contenta cuando nos ve en las recorridas, ahí la intendenta entra bien. Es verdad que notamos toma de distancia en el centro, pero esta situación se va a superar", diagnostican con inveterado optimismo.

La inseguridad (en lo que va de 2014 se han producido 184 muertes por causas violentas, 11 más que en el mismo período de 2013), la caída urbanística en los pequeños grandes detalles en la zona de los bulevares y los trastornos cotidianos en materia de transporte y circulación vehicular son piedras en el zapato que necesitan ser erradicadas. La admisión de estos incordios se refleja mucho más en la práctica que en las declaraciones de los funcionarios: el programa "Rosario más linda" presentado por la intendenta tiene como objetivo reconciliar al poder político y administrativo de la ciudad con lo que fue su razón de ser.

Se ha escrito en esta columna que Fein ha pagado costos políticos por cuestiones que jurisdiccionalmente tal vez exceden el ámbito de la competencia municipal, como seguridad (todo el tiempo) y servicio público de la energía (durante los meses de verano), de atribución provincial, pero también que esa circunstancia se produjo por ausencia de reclamos concretos y enérgicos de parte de la administración municipal al gobierno de Antonio Bonfatti.

Durante los largos años en que el justicialismo gobernaba la provincia y el socialismo el municipio rosarino eran una constante los reclamos socialistas de "mayor seguridad y autonomía para Rosario". Aquí y ahora con los dos gobiernos en sintonía pegar cuatro gritos que sean escuchados en Santa Fe tal vez le ocasionaría un mal trago a Fein. Pero no existe otra forma de intentar recomponer la pésima sensación de inseguridad que flota entre los rosarinos.

De acuerdo a todos los sondeos, aun con el paso del tiempo y los últimos episodios que pegaron cerca del ámbito de referencia del Palacio de los Leones (como el escándalo surgido con el hijo del coordinador de Gabinete municipal), no se observa una caída liminar que ponga en alerta rojo la continuidad socialista. Pero, como sucedió durante una década de kirchnerismo nacional, esto también tiene que ver con la abanicada estrategia de los opositores, que dividen sus votos hasta el paroxismo.

Triunfo pírrico. El registro espejado más empírico se dio durante las últimas elecciones a concejal, instancia en la que Miguel Cappiello triunfó con el 27,2 por ciento de los votos. En una compulsa competitiva contra un opositor dotado de adhesiones transversales ese porcentaje impediría hacia futuro el mantenimiento del poder en manos del oficialismo o, al menos, lo pondría en severo riesgo, pero en las veredas de enfrente nadie asoma potencialmente con más del 20 por ciento. Es verdad que aún la campaña ni siquiera empezó.

Podría asomar por adentro del Frente Progresista una competencia adrenalínica si Rubén Giustiniani se decidiera a competir como variante del espacio, completando un mapa de precandidatos con Pablo Javkin, quien ya ha dicho que se presentará a elecciones contra Fein. Lo curioso del encuadre oficialista es que el radicalismo sigue sin encontrar una figura de recambio a Jorge Boasso, quien en 2011 cosechó 120 mil sufragios en la interna contra Fein. Boasso aún no definió cómo y con quién se presentará.

En el PRO, el mejor candidato es Roy López Molina, pero los macristas siguen sin convencerse de esa opción y basculan entre el concejal, Anita Martínez o alguna referencia que venga extrapolítica. No es lo mismo una elección a concejal, donde la ciudadanía se libera de prejuicios, que una competencia a intendente: el rosarino sólo le dará las llaves de la ciudad a quien pueda garantizar gestión.

En el peronismo la mejor candidata sería María Eugenia Bielsa, pero la ex vicegobernadora y diputada provincial no ha querido hasta aquí aceptar el desafío de ir por el Palacio de los Leones. Las razones de esa curiosa negación las sabe solamente Bielsa. En las próximas semanas largará su postulación Roberto Sukerman, quien intentará sumar posiciones frentistas a su perfil de defensa de los grandes trazos del modelo kirchnerista. Hacia fin de año confirmará Héctor Cavallero si le da una vuelta más a su histórica pretensión de volver a ser intendente.

La mediatizada intención del sciolismo de poner en cancha al humorista José María Pachu Peña es más un deseo de meterle cierto ruido a Miguel Del Sel que una decisión sabia camino a volver a poner sobre rieles al peronismo santafesino. En ese vector sciolista transita Osvaldo Miatello, quien con lógica correcta buscó hasta aquí evitar la dispersión autosuicida de la oposición proponiendo un frente que navegue más allá de las aguas del peronismo.

Al fin de cuentas, los 25 largos años de socialismo se convierten en plus y contra para el oficialismo: el paso del tiempo siempre activa como contraespejo los deseos de renovación pero, a la vez, ese mismo discurrir de los años lo ha dotado de un piso electoral, y de un aparato, que a los opositores se les hace casi imposible remontar por los caminos de la individualidad.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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