Rosario, Martes 12 Diciembre 2017
Domingo, 02 Febrero 2014

Candidatos, seguridad y política

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Si la consigna de los gobiernos hacia fines de 2013 era "pasar diciembre", casi todo se circunscribe hoy a "pasar marzo", nueva alerta roja en el derrotero de una realidad cargada de malas señales.

2014 es el año de víspera electoral antes del recambio en lo más alto del poder santafesino y, como tal, la preocupante situación económica y la inseguridad pública seguirán siendo desafíos urgentes para el gobierno de Antonio Bonfatti, quien tiene la obligación política de etregarle el poder a otro socialista.

Como consecuencia del recambio en el poder que llegará en 2015, y, a diferencia de otros años no electorales, la política jugará un papel importante en la coyuntura. Atentos a esa realidad, el socialismo decidió postergar cualquier discusión pública sobre su interna (menos visible para el gran público pero igual de enrevesada que la del resto de los partidos políticos) y concentrar sus esfuerzos en la tarea de gobernar.

Se explica ahora desde la realidad por qué Miguel Lifschitz quedó de momento consagrado como candidato natural a la Gobernación tras el rechazo público del ministro de Gobierno, Rubén Galassi, quien no sólo descartó que vaya a ser candidato sino que maximizó las chances del ex intendente rosarino al considerarlo como "el mejor postulante que tiene el socialismo".

Sin embargo, la política no es una instantánea que congela la foto en determinada estación. No son pocos los dirigentes que siguen de cerca los pasos del ministro político de Bonfatti, habitual interlocutor de intendentes y presidentes de comuna. "Nunca se le confiere la atribución de entregar subsidios a quien no tiene futuro inmediato en la política", es una de las consignas históricas del poder y de las gestiones antes de un recambio.

El debe y el haber. El socialismo tiene hoy lo que los demás partidos de la oposición (o el radicalismo adentro del Frente Progresista) carecen: un candidato instalado con antecedentes en la gestión y altos índices de imagen positiva en la principal ciudad de la provincia. El déficit de Lifschitz es lograr conocimiento fuera de Rosario, para lo que —necesariamente— deberá seguir caminando la provincia sin solución de continuidad, como dicen los relatores de fútbol.

Los obstáculos que tiene hoy por hoy el Frente Progresista están más vinculados a la gestión que al recambio, a diferencia de la oposición santafesina que lejos está de plantearse como alternativa y que carece de candidato instalado.

Los 33 muertos como consecuencia de la violencia en Rosario son mucho más que una cifra que genera escalofríos. Es la prueba palmaria y pulimentada de que en materia de inseguridad siempre se puede estar peor, pero a la vez, interpela como nunca antes a la clase política y a quienes quieran ser gobernantes en el próximo período.

La complejidad de los déficits más preocupantes en Santa Fe (seguridad e infraestructura) obliga a mejorar la oferta electoral. Los santafesinos exigirán propuestas y respuestas sobre cuestiones específicas y demandarán saberes técnicos como nunca antes, y el elevamiento de esa vara se traducirá (o debería traducirse) en una mejor oferta.

El radicalismo provincial inició el año intentado modificar su estrategia, la que le permita alguna vez facturar para beneficio propio la suma de municipios y presidencias comunales que tiene en su poder, superiores cuantitativamente a las del socialismo. Pese a ese handicap, una y otra vez los radicales han debido secundarizar a los socialistas en las fórmulas a la Gobernación, sea porque les coptan dirigentes o porque pierden elecciones.

Las declaraciones de Mario Barletta a LaCapital bosquejando un escenario diferente para 2015 y convocando a la unidad del partido se complementó con una seguidilla de reuniones entre dirigentes, que se completó en las últimas horas con el encuentro que mantuvieron en la ciudad capital el propio Barletta y el intendente José Corral con militantes de Franja Morada.

En los primeros días de marzo se lanzará en Rosario un nuevo espacio interno del radicalismo que intentará hacer converger liderazgos del sur y del norte de la provincia de cara a las internas del Frente Progresista en 2015. Habrá que esperar para saber si esas conformaciones internas servirán para que la UCR abandone su sesgo divisionista o si, apenas, constituirá un nuevo color de la policromía que se extiende en su estructura.

Un ejemplo claro de esa situación se ofrece en el Concejo Municipal rosarino. De no ser por la bifurcación interna, la UCR sería el partido en condiciones de liderar el Palacio Vasallo. Hay radicales con el radicalismo (Jorge Boasso, María Eugenia Schmuck y Sebastián Chale), con el oficialismo socialista (Daniela León), con Miguel Zamarini (Martín Rosúa) e incluso Carlos Comi, hoy en la Coalición Cívica y afín al oficialismo, tiene pertenencia radical.

Indicadores en baja. Al tiempo que la política provincial comienza a desperezarse, el gobierno nacional atraviesa un momento crítico en el plano más sensible para los argentinos: la economía doméstica. Como nunca antes en estos diez años de kirchnerismo, un Ejecutivo de esa extracción debe lidiar con todos los indicadores hacia abajo y con una demanda creciente en la sociedad.

Desde la asunción de Néstor Kirchner en 2003 hasta el 54 por ciento que logró Cristina en 2011, el kirchnerismo transitó por un andarivel económico favorable sólo bloqueado parcialmente en 2009 por la crisis con el campo. Fue esa algarabia de consumo —y no a la inversa— la que facilitó la instalación del relato y de todos los eslóganes exitosos.

Hoy la presidenta debe resolver la inflación creciente, la caída de reservas y "deslizamiento" alla Kicillof del dólar paralelo para empezar a poner en caja la temeraria potencialidad de las paritarias. Entre un océano de rumores sobre un paquete de medidas en ciernes con el que la presidenta podría dejar inaugurada en marzo una nueva Asamblea Legislativa y respecto de cambios en el gabinete, la jefa del Estado parece querer volver paulatinamente al discurso de barricada que ensayó cotidianamente hasta el momento en que sus problemas de salud la recluyeron. Al menos así lo intenta desde su cuenta de Twitter.

Para unos y otros, en Santa Fe y en la Nación, la canción y el ruego siguen siendo los mismos: hay que pasar marzo.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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