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Domingo, 29 Diciembre 2013

Luces y sombras de un diciembre cruel

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Salvo por la designación del Papa Francisco, 2013 no ha sido un año de buenas noticias para la Argentina. Como una mancha de humedad que se fue extendiendo a medida que pasaban los meses, la ausencia de políticas de Estado derivaron en una historia conocida y repetida: la necesidad objetiva y primaria de que el mes de diciembre quede sepultado en el calendario.

El gobierno provincial apostaba sus fichas a dejar plantado el primer árbol de una eventual reforma constitucional, con la convocatoria a la oposición con representación parlamentaria, pero la rebelión policial, primero, y el pésimo clima ciudadano por los cortes energéticos, ahora, pospusieron las conversaciones para febrero, como lo admite hoy el gobernador Antonio Bonfatti en LaCapital (ver página 14).

La administración santafesina ha tenido un año a salto de mata que puede leerse en varias direcciones. La inseguridad, traducida en violencia cotidiana en los barrios rosarinos como consecuencia de la escalada del narcotráfico, se convirtió en la gran pesadilla de la Casa Gris. Sin embargo, debe decirse que ha habido una respuesta firme desde el poder político y con algún presagio de compromiso de parte de la Justicia.

El combate. "A ningún gobernador le balean la casa porque sí, ni le amenazan los funcionarios al divino botón. Esto sucedió porque las bandas narco sienten que se les comenzó a mover el piso", sostiene un ministro provincial que también ha debido mutar sus costumbres y pasar sus días entre custodios.

En el gobierno creen que la relación con la Nación comenzó a mejorar a partir del reconocimiento del combate al narcotráfico, un flagelo que también —como otra mancha de humedad— comenzó a extenderse en el resto de las provincias.

Las dificultades que Bonfatti ha tenido en materia de seguridad no impidieron el crecimiento de su imagen entre los santafesinos, al punto de consolidarlo en la tarea del día a día. Habrá que ver cómo influye la crítica situación energética en las mediciones futuras. A su vez, los proyectos y las leyes que la Gobernación ha decidido llevar adelante tuvieron siempre trámite favorable en las Cámaras legislativas.

La curiosa táctica desplegada por el peronismo santafesino, para quien Hermes Binner es el único malo de la historia por no haber consensuado políticas, favorece en este punto las aspiraciones del gobernador. La sanción del presupuesto fue el arándano del postre: todos los peronistas dejaron de lado la diáspora y levantaron la mano al mismo tiempo para satisfacer a Bonfatti.

Crisis opositora. Pese al escenario poco cautivante, el Frente Progresista —y el socialismo en particular— surfea la ola con comodidad. Una encuesta reciente encargada desde el kirchnerismo provincial a un consultor porteño demuestra que la crisis del PJ sigue reflejándose en los números.

Según ese muestreo de Julio Aurelio-Aresco en cualquier estadío y con cualquier candidato (Agustín Rossi, María Eugenia Bielsa u Omar Perotti) el peronismo tiene dificultades para superar el 22 por ciento de los votos. Esa medición —materia opinable como todos los sondeos— también muestra que el ministro de Defensa, aunque sin chances de ganar en una general, triunfaría en una interna abierta a gobernador.

La explicación es sencilla: el PJ santafesino está hoy íntegramente referenciado en la presidenta de la Nación que, a su vez, no tiene buenos números en la bota. El peronismo no kirchnerista ha tomado otros rumbos en la provincia, a tal punto que los dos últimos presidentes del PJ (Norberto Nicotra y Ricardo Spinozzi) son hoy legisladores de Unión PRO.

Al canal de desagüe que el macrismo abrió en el PJ se le agrega ahora el desembarco de Carlos Reutemann en las filas de Sergio Massa. Por primera vez en años, el senador le dispensa apoyos a un candidato nacional a dos años de un recambio presidencial y, a la vez, produce el hecho inédito de ir hacia el pie de otra referencia que no sea él mismo.

Ese escenario de diversificación peronista les permite restregarse las manos a los socialistas. A tal punto llega el optimismo en ese redil que hasta dudan en lo más alto del gobierno en trasladar un apoyo concreto y definitivo a Miguel Lifschitz como sucesor natural de Bonfatti. Pese a que el ex intendente rosarino es la referencia más importante que dejan las encuestas, el mandatario provincial admite que no es el único con pretensiones y que, incluso, podría haber una competencia en las Paso para definir la situación.

Hace más de un año y medio se escribió en esta columna que no había que descartar a Rubén Galassi como potencial aspirante a la sucesión, algo que generó incredulidad en la mayoría de la clase política. Hoy, esa especulación es moneda corriente en los pasillos de las dirigencias, aunque el propio ministro de Gobierno le dice a quien quiera escucharlo: "No soy candidato".

En Rosario, la administración de Mónica Fein espera que enero traiga mejores noticias y que la largada del Dakar modifique una realidad espesa y crítica. La coreografía que se instaló en el Concejo Municipal obligará a la intendenta a consensuar políticas, negociar acuerdos y bosquejar salidas alternativas. A diferencia de Bonfatti, Fein podrá hacer uso en 2015 de la posibilidad de reelección, algo que asomará como razonable atento a los antecedentes de Binner y Lifschitz, pero que necesitará un indudable salto de calidad de la gestión.

A veces la intendenta paga costos altos por cuestiones que exceden a la responsabilidad de la administración, pero que impactan directamente entre los rosarinos: inseguridad y problemas energéticos son dos ejemplos que pueden mencionarse.

Sin alternativa. Curiosamente, pese a la recurrencia de los trastornos estructurales y al mal funcionamiento de la EPE (en una mezcla de ineficiencia y tarifas carísimas) no se escucha ninguna voz opositora en la provincia capaz de trazar una alternativa superadora. Como si no tuviesen coraje para alterar los mitos totémicos.

Cualquier intento de debatir, incluso, la viabilidad de una empresa mixta es acallado por los temores de peronistas, radicales y socialistas de ser encasillados como "poco progresistas". Hasta el PRO prefiere no hacer olas. Al fin, un Estado progresista debería garantizar servicios eficientes con el menor costo posible, aunque se sepa que quien se atreva a bosquejar y a solicitar, al menos, caminos de debate alternativos será acusado de "noventista" y "derechista".

Por ahora, promediando el 2013, la canción y el rezo de todos los gobiernos siguen teniendo el mismo deseo: que diciembre se termine de una buena vez. Es poco, pero es lo que hay.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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